Liturgia Viva del Domingo 1º de Adviento - Ciclo B

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo B
  1. Señor, que Veamos Tu Rostro.
  2. Esperamos un Mundo Mejor
Saludo
Hermanos: Les doy la bienvenida
con el saludo de San Pablo:
La gracia y la paz con  ustedes
de parte de Dios nuestro Padre
y de Jesucristo el Señor.

Introducción por el Celebrante (Dos opciones)

  1. Señor, que Veamos Tu Rostro
           Durante este nuevo tiempo de Adviento nos sentimos confrontados por una   pregunta muy vital para nosotros, cristianos: ¿Qué espacio estás dejando a Cristo en tu vida? ¿Te sientes cercano a él? Una cosa es cierta: Él está cerca de nosotros.  ¿Intentamos verle, reconocerle en las muchas formas como él se hace presente entre nosotros: en nuestro prójimo, en la naturaleza, en los acontecimientos de la vida, incluso en nuestros problemas, y hasta en su propio silencio? Tenemos que volvernos vigilantes para captar su presencia, no sólo en nuestro pequeño mundo, sino también en la Iglesia y en el ancho mundo. Hoy clamamos en la eucaristía: ¡Ven, Señor, muéstrate a nosotros; hazte visible entre nosotros!
  2. Esperamos un Mundo Mejor
           La gente sueña con frecuencia en un mundo bello y hermoso, sin problemas, preocupaciones y sufrimiento. Aunque sabemos que nuestro mundo nunca llegará a ser tal paraíso. La imperfección es la marca de nuestro mundo y de cada ser humano.
    Pero el Adviento nos recuerda esto: Que ojalá Dios venga a nuestro mundo y entre en nuestras vidas; entonces todo será mejor. Y Dios vino ya: Está aquí con nosotros en Jesús. Con él podemos hacer de este mundo no un paraíso todavía, pero al menos podemos hacerlo mucho mejor si con Jesús aprendemos a soportar el dolor del mal en este mundo y luchar contra él con todas nuestras fuerzas. Entonces nuestro mundo podrá llegar a ser un signo del paraíso del cielo. Dejemos que Cristo nos colme con esa fuerza y esperanza.

Acto Penitencial
¿Buscamos al Señor?
Y cuando lo encontramos, lo mostramos a otros?
Examinémonos ante el Señor.
    (Pausa)
  • Señor Jesús, despierta tu poder y ven en nuestra ayuda:
    R/. Señor, ten piedad de nosotros.    
  • Cristo Jesús, recupéranos para ti; que tu rostro brille sobre nosotros y así seremos salvos.
    R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
  • Señor Jesús, nunca te abandonaremos de nuevo; danos vida, para que invoquemos tu nombre.
    R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor, y quita todos nuestros pecados. Muéstranos tu rostro y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que seamos vigilantes y percibamos la presencia de Jesucristo en medio de nosotros.
    (Pausa)
Oh Dios, Salvador nuestro:
Hace mucho tiempo,
tú enviaste a tu Hijo Jesús a vivir entre nosotros;
pero nosotros hemos sido poco conscientes de su presencia
e incluso lo ocultamos a los otros.
Despiértanos, haz que le reconozcamos;
que él sea la luz de  nuestras vidas,
y que con entusiasmo llevemos a nuestros hermanos a él.
Que él construya entre nosotros y con nosotros
un mundo y un reino de paz y amor
en el que te sirvamos en los hermanos,
mientras avanzamos  en esperanza
a tu casa de eterno descanso y alegría.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Is 63,16b-17; 64,1.3-8): ¡Desgarra los Cielos y Desciende a Nosotros!
    En nombre de su pueblo sufriente y desalentado, el profeta proclama su confianza en Dios: El pueblo merece su suerte, pero no hay situación desesperada cuando podemos contar con un Dios salvador.

Segunda Lectura (1 Cor 1,3-9): Esperando la Segunda Venida de Cristo
Pablo ve la vida de un cristiano como la de alguien unido ya con Cristo y, sin embargo, anhelando su venida gloriosa hasta el retorno final del Señor.

Evangelio (Mc 13,33-37): ¡Estén Atentos a la Venida del Señor!
    Los cristianos habrían de estar siempre listos para lo inesperado, pues pueden encontrar al Señor  en cualquier momento: en la gente, en los acontecimientos de la vida y hasta en la muerte. ¿Estamos despiertos y dispuestos para responder  a su venida?

Oración de los Fieles
    Pidamos  a  nuestro  Señor  Jesucristo  que  nos   dé  la gracia de estar atentos a su presencia y que su salvación venga a todo nuestro mundo.  Y digámosle:                                                 R/. ¡Señor, ven a salvarnos!
  • Enriquece a tu Iglesia con mucha ternura, Señor, para que muestre tu camino a todos los que buscan, acoja con compasión a los pecadores y sea refugio y defensora de los pobres, y así te decimos:
  • Enriquece con tu sabiduría a los líderes de nuestro mundo, Señor, para que trabajen eficazmente por la paz y la justicia en sus respectivas naciones y a nivel internacional, y así te decimos:
  • Enriquece a los que sufren, fuertemente esperanzados en ti, Señor, para que perciban cuánto les amas, y para que puedan encontrar a hermanos que te siguen en tu compasión y comprensión, y así te decimos.
  • Enriquece con tu espíritu de fidelidad, Señor, a esposos y esposas que se estén distanciando, a sacerdotes y religiosos que hayan perdido el sentido de dirección en su vida, a amigos frustrados en su confianza y mutuo apoyo, y así te decimos:
  • Enriquece nuestras comunidades con tu amor, Señor, para que nos respetemos y apreciemos unos a otros, estemos unidos en toda nuestra diversidad, y estemos atentos a las necesidades y expectativas de  los demás, y así  te decimos:  
     Señor Jesucristo, tú eres quien va a venir a renovarnos a nosotros y a nuestro  mundo. Sé nuestra alegría, nuestra paz, toda nuestra esperanza, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración de Ofertorio
(basada en  la encíclica del Papa Pablo VI "80 Años Después" – "Octogessimo Anno")

Oh Dios, Padre nuestro,
te pedimos Jesucristo tu Hijo
venga a este altar bajo las especies de pan y vino.
Inspíranos con el poder de tu Espíritu
y mantén nuestra esperanza,
para que nos comprometamos a construir entre nuestros hermanos
una ciudad que sea humana, pacífica, justa y fraternal
como una ofrenda que te agrade a ti
Dios y Padre nuestro,
por los siglos de los siglos. Amén.

Introducción a la Plegaria Eucarística
    En el prefacio y en toda la Plegaria Eucarística expresamos nuestro anhelo por la venida del Señor a su pueblo y al mundo.

Introducción al Padrenuestro
Pidamos a nuestro Dios siempre fiel, con las palabras de Jesús su Hijo, para que su reino venga a todos.
R/. Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, del mal del pecado
que no nos permite ver que tu Hijo está ya entre nosotros.
Ayúdanos a descubrir su presencia
en nuestros hermanos y hermanas.
En este tiempo de prueba e incertidumbre
guárdanos vigilantes
y asegúranos que, aun con nuestros oscuros esfuerzos,
estamos ya preparando el nuevo mundo
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
el que era, el que es y el que vendrá,
esperanza y salvación de todos.
Dichosos nosotros de recibirle
como nuestro Emanuel, nuestro  Dios-con- nosotros.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
¡Qué bueno estar aquí con tu Hijo
y recibir de él el pan de la esperanza!
Ayúdanos en nuestros torpes intentos 
de llevar a nuestro mundo frío
el calor de su amor y su amistad,
de su compasión e integridad,
para que la gente vea el día
en el que puedan reconocer entre nosotros
a tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición:
Hermanos: Adviento es el tiempo en que esperamos la venida de Jesús, nuestro Señor.
Pero hace ya mucho tiempo que él vino.
Entonces,  ¿qué es lo que estamos esperando?
Estamos esperando su venida real a mí, a ustedes, a nuestro mundo.
¿Dónde está su reino entre nosotros?
¿Cómo puede la gente percibir si él ésta aquí?
¿Pueden nuestros hermanos verlo en nosotros, en nuestras comunidades?
Esto es lo que estamos esperando, o mejor, lo que el Señor está esperando  de nosotros.
El Señor está esperando nuestra preparación activa de su amor y justicia entre nosotros.
Pero él no quiere hacerlo solo; el lo hará con nosotros.
Que el Señor venga y nos active.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.