Liturgia Viva del Miércoles de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

LA CASA DEL DIOS VIVIENTE

Introducción
Oiremos hoy el punto céntrico de la primera  carta de San Pablo a Timoteo.  La Iglesia es la comunidad del Dios Viviente, que hace visible a Cristo en el mundo. En un tiempo en que los cristianos no tenían templos o iglesias, Pablo habla de la Iglesia viva, el cuerpo de los fieles, que deben dar testimonio de la verdad. Entonces cita un himno en honor de Cristo, quien está en el corazón mismo de nuestra fe, ya que la verdad es que Cristo está presente en la comunidad. ---  ¿Es Cristo ahora visible en la Iglesia? ¿Es él creíble en nosotros como comunidad? O más claro: ¿Lo hacemos nosotros visible y creíble en nuestra comunidad?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú llamas a la Iglesia a ser
como una casa abierta, una comunidad de acogida
en la que la gente puede encontrar a Jesús, tu Hijo.
Que este tu mismo Hijo continúe en nosotros
su lucha a muerte contra todo mal
y cambie el sufrimiento y la muerte
en manantiales de vida y alegría.
Y que así el mundo crea que él vive entre nosotros
y que él es el Señor que vive y reina
por los siglos de los siglos.

Intenciones
  • Por todos nosotros, Pueblo de Dios, para que seamos más conscientes de que todos y cada uno de nosotros constituimos la Iglesia viva de Cristo, roguemos al Señor.
  • Por nuestras comunidades cristianas, aun conscientes de que no somos perfectos, para que nos apoyemos unos a otros con mutua comprensión y con el mismo y único amor de Cristo, roguemos al Señor.
  • Por nosotros mismos, para que seamos en este mundo el signo del constante amor, cuidado, santidad y bondad de Dios sobre nosotros, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Muéstranos lo que tú puedes hacer con nosotros,
aun siendo débiles y limitados.
Por medio del cuerpo y sangre de tu Hijo,
únenos y llévanos a la vida
como una comunidad de fe y amor.
Danos hambre y sed de tu reino de justicia y paz,
para que podamos revelar claramente al mundo
el rostro de tu propio Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú nos has invitado a venir a tu templo
y a sentirnos a gusto como en nuestra propia casa.
Por medio del cuerpo eucarístico de tu Hijo,
construye tú mismo nuestra casa familiar,
hecha no de madera o de cemento
sino de piedras vivas y humanas,
en la que todos sean bienvenidos
y en la que more definitivamente por el amor
 Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Ojalá lleguemos a ser la comunidad del Dios Viviente, que hace visible a Cristo en el mundo. ¿Estamos lejos todavía de ese ideal?  Que nos acerquemos lo más posible a él, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.