Liturgia Viva del Miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

¡DICHOSOS VOSOTROS… O  AY DE VOSOTROS!

Introducción

Año I.  El cristiano bautizado ha recibido una nueva vida procedente de Dios,  y es una persona nueva, re-creada en Cristo.  Lo que somos ahora lo hemos recibido como don. De ahora en adelante tenemos que vivir no en nuestro mundo de pensamiento y acción meramente humano, sino en el nuevo mundo de Cristo. Hacer esto no es fácil. Esta nueva vida en Cristo hay que reconstruírla constantemente. Es una tarea que nunca acaba.

Evangelio. Lucas es el único evangelista que procede del paganismo – un mundo de esclavitud, miedo y opresión, y de libertad moral licenciosa. Él está tan impresionado por el hecho de que Jesús hizo en su vida un lugar especial para los pobres y marginados, a quienes nadie cuidaba en su entorno, que esta preocupación de Cristo viene a ser uno de los mayores énfasis en su evangelio, particularmente en sus aspectos sociales. Por ejemplo, dice él, a diferencia de Mateo, “Bienaventurados ustedes, los pobres. ¡Ay de ustedes, lo ricos!”

Oración Colecta
Señor, Dios de ricos y pobres:
Te pedimos que el mensaje de Jesús, tu Hijo,
nos impresione y nos sacuda
de nuestras certezas y seguridades.
Que sepamos usar realmente nuestras riquezas:
bienes materiales, fe, cualidades de mente y corazón,
en servicio de los pobres.
Que el poder que podamos poseer
sea para beneficio de los demás;
que nuestra abundancia sirva para compartirla con los otros
y para liberarnos de nuestra auto-satisfacción;
que nuestra felicidad proporcione consuelo a los hermanos
y les lleve tu alegría, no la nuestra simplemente humana.
Señor, haznos pobres de soberbia, hambrientos de justicia,
llorosos por el mal que hemos causado a otros.
Y aceptamos que la gente se meta con nosotros y nos insulte
cuando no vivamos de acuerdo con el evangelio.
Todo esto te lo pedimos
en nombre de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por los pobres y destituídos , para que Dios colme sus expectaciones; y también por los satisfechos de sí mismos, para que Dios cambie sus corazones y les haga capaces de compartir con generosidad, roguemos al Señor.
Por los que padecen hambre, para que el Señor mismo les dé el pan de vida y nos inspire a nosotros a ayudarles eficazmente a ganarse su propio pan de cada día, roguemos al Señor.
Por los que ahora lloran, para que el Señor les consuele con su amor; y también  por los que ahora ríen inmersos en riquezas y placer, para que el Señor les recuerde la seriedad de la vida y les haga capaces de reflexión y de conversión de su egoísmo, y les lleve a compartir generosamente sus bienes con los hermanos más necesitados, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh  Dios, Padre de bondad:
Con este pan y este vino
celebramos el sufrimiento y muerte
de tu Hijo Jesucristo.
Enséñanos aquí, con su ejemplo, a comprender
que el sufrimiento y el dolor tienen sentido,
y que incluso la muerte  es una semilla de vida.
Con humildad y con vergüenza
aceptamos, Señor, este pensamiento luminoso,
y te pedimos que él nos inspire en la vida;
que sepamos aceptarlo también
como una realidad difícil pero salvadora,
a la luz de la cual intentamos vivir,
en Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
La palabra de tu Hijo nos ha impresionado,
pero esta eucaristía nos da la fuerza
para aceptar esa palabra con mente y corazón abiertos.
Que nuestras riquezas, en cualquier forma que se presenten,
no nos hagan felices solo a nosotros,  sino también a los demás,
para que haya espacio para la esperanza.
Que experimentemos el peso de nuestras limitaciones,
para  que sigamos sintiendo hambre
de amor, de justicia y libertad.
Danos lágrimas para llorar
porque no nos hemos a trevido a ser
signo tuyo de contradicción en este mundo.
Bendícenos, Señor, para que te alabemos y  bendigamos
a ti y a tu Hijo Jesucristo
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos:  Hoy hemos oído: “Bienaventurados y felices son ustedes…”    Lo que Dios quiere es que seamos verdaderamente felices. Él nos deja libres: Somos nosotros quienes tenemos que elegir qué vamos a hacer de nuestras vidas. Que el Señor nos dé el pensamiento recto y la actitud sabia para conseguirlo.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos nosotros y permanezca para siempre.