Liturgia Viva del SAN JUSTINO, Mártir

Introducción
San Justino, un filósofo que vivió en el siglo II, fue un honesto indagador de la verdad. Decepcionado por las filosofías paganas, llegó a reconocer el camino de Cristo como la filosofía verdadera y la verdad total. Después de su conversión sirvió a la Iglesia como apologista (defensor de la fe) y fundó en Roma la primera escuela de filosofía cristiana, una especie de catecumenado para los interesados en el cristianismo. En esta escuela y en sus escritos Justino presenta al cristianismo como el completo y sobrado cumplimiento del pensamiento y cultura paganos. Cuando el juez lo condenó, afirmó, como justificando su propia condena: “Nadie renuncia a la verdad por el error.” Fue decapitado por su fe.

Colecta
Señor Dios nuestro,
celebramos hoy la memoria
del filósofo y mártir San Justino.
Él no cesó de buscar la verdad
hasta que encontró a tu Hijo Jesucristo.
Que, como él, estemos también nosotros inquietos
hasta que hayamos descubierto
toda la profundidad del amor de tu Hijo;
él que es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, fuente de la verdad y de toda vida,
venimos con pan y vino
a unirnos a Jesús tu Hijo
en su alabanza y acción de gracias a ti.
Acepta nuestra gratitud por nuestra fe,
que nos vino como un regalo gratuito tuyo.
Que el Espíritu Santo suscite en nosotros la actitud
de que somos felices por haber encontrado a tu Hijo
y por ser sus discípulos.
Te damos gracias también
porque, a través de Jesús,
hemos visto cumplida
nuestra búsqueda de vida y amor.
Toda nuestra gratitud
por medio del mismo Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro,
nos sentimos felices en la vida
porque tenemos a tu Hijo como nuestro guía.

Ojalá que nosotros, en nuestra Iglesia,
como San Justino en la suya,
sintamos un fuerte deseo de ayudar a otros
a conocer y a amar a Jesús.
Que la loca sabiduría de la cruz
no nos disuada de ser siempre fieles a él
y de proclamarle como el Dios viviente
que entiende nuestros sufrimientos
y que nos hace comprender
que incluso las dificultades de la vida
tienen hondo sentido para nosotros.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.