Liturgia Viva del Viernes de la 3ª semana de Pascua

CRISTO VIVE EN MÍ
(Hch 9,1-20; Jn 6,51-58)

Introducción
    “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Ésta es la pregunta de Cristo, el Señor, cuando se hace el encontradizo con Saulo, el perseguidor de los cristianos, en el camino de Damasco.  Jesús se identifica a sí mismo con sus discípulos perseguidos. Desde aquel momento, en adelante, Saulo servirá al Señor, cuya vida vivirá plenamente: “Ya no soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí”... El del camino de Damasco fue un encuentro que cambió radicalmente a Saulo en Pablo.  
El Señor nos dice hoy en el evangelio: “Los que comen  mi carne y beben mi sangre viven en mí y yo en ellos”. Éste va a ser nuestro encuentro con el Señor en esta eucaristía. Que ojalá sea un encuentro tan profundo que  nos transforme.

Oración Colecta
Oh Dios, fuente de vida y de amor:
¿Cómo podríamos comprender la profundidad de tu amor,
si tu Hijo no se hubiera hecho hombre,
carne de nuestra carne, y sangre de nuestra sangre?
¿Cómo hubiéramos podido tener el valor
de vivir, e incluso morir  -si necesario-,
los unos por los otros,
si Jesús no hubiera entregado su cuerpo
y derramado su sangre por nosotros?
Te damos gracias, Padre,
porque él permanece con nosotros en la eucaristía
y se hace a sí mismo nuestro pan espiritual de cada día.
Que este pan sea el alimento que nos habilite
para vivir y morir, como él,
los unos para los otros y para ti,
nuestro Dios de vida,
por los siglos de los siglos.

Intenciones
  • Por la Iglesia de Dios, para que la eucaristía siga siendo la fuente de su vitalidad y de su habilidad para dar testimonio de la presencia del Señor en su comunidad, roguemos al Señor.
  • Por los cristianos de todo el mundo, para que tengan hambre y sed de justicia en el mundo, roguemos al Señor.
  • Por nosotros y por todos los cristianos que nos reunimos juntos en torno a la mesa del Señor, para que Cristo nos una  -mente y corazón-  y nos haga como mesas bien provistas, abiertas y preparadas para los hermanos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios nuestro amoroso:
Como un Padre que se preocupa profundamente,
nos invitas al banquete de tu Hijo.
Él transformará nuestro pan en su carne,
nuestro vino en bebida de vida.
Haz que seamos uno con él;
calma nuestra hambre con su pan
y rejuvenécenos con su bebida,
para que vivamos su vida de valentía y entrega
y para que vivamos con él en tu amor,
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Gracias, oh Dios, Padre nuestro,
por sustentarnos en el camino hacia ti
con el verdadero pan y bebida de vida,
tu Hijo Jesucristo.
Que en ésta, y en cada eucaristía,
se encarne él en nosotros
y nos haga encontrarnos con él tan profundamente
que seamos capaces de hacer los unos por los otros
lo que él hizo por todos.
Que Cristo viva en nosotros
ahora y  por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Pablo encontró al Señor y se transformó en una persona totalmente nueva, completamente cambiada. Nuestro encuentro con el Señor en la eucaristía debería producir en nosotros la misma transformación, ya que Jesús nos dijo hoy: “Los que comen mi carne y beben mi sangre viven en mí y yo en ellos”. Que él viva plenamente en nosotros.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.