Liturgia Viva del Santa Teresa de Jesús

SANTA TERESA DE JESÚS, Virgen, Doctora de la Iglesia

Introducción
    Santa Teresa de Jesús (de Ávila) tuvo que crecer y progresar: de ser una monja carmelita tibia y mediocre, a convertirse en una realmente excelente y fervorosa. En su obra “El Castillo Interior”  describe su experiencia mística de unión profunda con el Señor. Dios es percibido y sentido con un sentimiento sereno y místico, como viviendo en la más profunda celda del castillo de uno mismo. A pesar de fuerte oposición,  Teresa reformó su convento del Carmelo y muchos otros de la Orden Carmelitana, sobre la base  de una vida de profunda oración y un profundo sentido de comunidad. Por sus escritos sobre mística llegó a ser la primera mujer declarada oficialmente Doctora de la Iglesia.

Oración Colecta
Oh Dios de vida y amor:
Santa Teresa de Jesús
fue profundamente consciente
de qué manera tan especial tú vives
en lo más profundo de nosotros mismos.
Que ella nos ayude a vivir la vida de Jesús
como sarmientos vivos unidos a la vid,
que den fruto ubérrimo
de justicia, bondad y amor.
Que nuestra unión con Jesús se haga visible
en nuestra apertura a los otros
y en un profundo sentido de oración.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, centro de nuestras vidas:
Tú plantaste a tu Hijo entre nosotros
como la verdadera vid que da vida.
Que él se nos dé  a nosotros
como pan divino que da fuerza
y se derrame a sí mismo a nosotros
como vino vigorizante y unificador,
para que él viva en nosotros y nosotros en él
y para que podamos hacer todas las cosas por él y con él,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después la Comunión
Oh Dios, centro de nuestra vida:
Te damos gracias por llenarnos
con la savia de la vida de Jesús,
que es nuestra verdadera vid.
Siguiendo el ejemplo de Teresa de Ávila,
que sigamos viviendo en profunda unión
con él y con los hermanos
para que en las incertidumbres de la vida
sigamos creyendo, esperando
y construyendo juntos un reino de amor.
Y, si de nuevo nos desviemos
por caminos de pecado y de egoísmo,
usa tú con fuerza tu podadera
para purificar nuestra fe y nuestro amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.