Liturgia Viva del Miércoles de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

UN DIOS GENEROSO
(Ez 34:1-11; Mt 20:1-16)

Introducción

Después de la caída de Jerusalén, Ezequiel critica a los reyes que, como pésimos pastores, han conducido a su pueblo a la ruina y la miseria. Deberían haber pastoreado y apacentado al pueblo en el nombre del Señor, y no jugar a la sucia política.
Evangelio. La parábola de los trabajadores en la viña nos dice, en contra de lo que frecuentemente se oye, que Dios no es como un contador de libros. Naturalmente, él ama a los que llevan una vida ejemplar cristiana. Pero en su corazón hay también espacio para los que luchan, y para los que llegan tarde, lo mismo que para los pioneros. Dios nos ama y es generoso con nosotros, no porque nosotros seamos buenos, sino porque él es bueno.

Oración Colecta

Oh Dios, tú te elevas por encima de nosotros:
y sin embargo, estás más cercano a nosotros
de lo que estamos a nosotros mismos.
Tú odias el mal, y, sin embargo,
das una oportunidad al que cae.
Tú nos conoces como somos
y aun así todavía nos amas.
Enséñanos tus sorprendentes maneras,
para que tus pensamientos lleguen a ser nuestros
y para que compartamos generosamente
con los que nos rodean
todos los buenos dones y la vida que nos has dado
por la generosidad de tu corazón,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

 

Intenciones
  • Para que los cristianos contribuyan y beneficien a nuestro mundo egoísta fomentando un sentido de donación de sí mismos, por pura generosidad y bondad, e impulsando también un sentido de celebración, roguemos al Señor.
  • Para que en nuestras comunidades cada uno sea aceptado como es; para que no excluyamos de nuestro amor a nadie, para que aprendamos a perdonar a todos y cada uno, roguemos al Señor.
  • Por los que no tienen trabajo, tristes o amargados porque piensan que son ya inútiles y nadie los necesita, para que nosotros encontremos caminos para darles oportunidades para contribuir al bien de la sociedad, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Generoso Padre:
En estos signos de pan y vino tú nos das,
aunque a veces nos sintamos débiles y cansados,
a tu Hijo como nuestro compañero.
Queremos abrirnos a su fuerza y a su amor.
Que ojalá él nos ayude en el calor sofocante del día
a portar las cargas de nuestras luchas
y a buscar tu voluntad en todo lo que hacemos.
Concédenoslo por Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Generoso Padre:
En esta eucaristía hemos experimentado de nuevo
que la vida y todo lo que somos
no son más que un regalo tuyo.
Que la exigente5alabra de tu Hijo
nos mueva a aceptar y a servir a nuestro prójimo
como tú nos has aceptado y amado a nosotros
sin ningún mérito de nuestra parte.
Y que el cuerpo de tu Hijo nos sustente
para poner en práctica tu palabra.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.

 

Bendición
Hermanos: Hemos visto hoy a Dios como un Dios increíblemente bueno. Para Dios cada persona es valiosa, también los débiles y los que consideramos inútiles. Cada uno cuenta.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.
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