Liturgia Viva del Domingo 11º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

UNDÉCIMO DOMINGO 
(CICLO C)

Un  Banquete de Perdón

Saludo (Ver Segunda Lectura)
No deberíamos vivir nuestra vida sino la vida de Cristo que vive en nosotros.
Cristo nos ama y se inmoló a sí mismo por nosotros.
Que su paz y su perdón estén siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Sabemos por experiencia que una comida es una gran oportunidad para la reconciliación y el perdón. Compartir la misma mesa significa aceptarse unos a otros, formando comunidad, y dejar que lo pasado negativo pasado esté. La comida de la eucaristía es un encuentro con el Cristo que perdona y con los hermanos que conviven en paz. Por eso tenemos en la eucaristía diversos momentos y gestos de perdón y paz: el acto penitencial, el Padre Nuestro, la aclamación  al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el saludo de paz…
En el corazón mismo de la celebración recordamos cómo Cristo derramó su sangre para que los pecados fueran perdonados. Celebremos esta eucaristía con espíritu de perdón y reconciliación.

Acto Penitencial
Pidamos al Señor que perdone nuestros pecados
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
    (Pausa)
Señor, tú nos amas tanto
que te entregaste a la muerte
para traernos perdón y vida.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tu dijiste a la mujer pecadora
-y nos lo repites también a nosotros-:
“Tus pecados quedan perdonados; vete en paz”:
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, tú nos ha perdonado mucho;
danos la gracia de que te amemos cada vez más:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor.
Ayúdanos a perdonarnos unos a otros
como tú nos perdonas ahora
y llévanos a todos, en paz y alegría,
a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos a nuestro Padre misericordioso
para que esta eucaristía nos traiga su perdón y su paz.
    (Pausa)
Oh Padre, rico en paciencia y amor:
Tú enviaste a tu Hijo Jesús entre nosotros
para sanar lo que está quebrado y herido.
Él nos tocó con su bondad
y no aplastó la caña quebrada.
Perdona nuestros pecados;
que el Espíritu Santo continúe en nosotros
el trabajo de conversión
y que nos haga pacientes y comprensivos
tanto con los que nos aman
como con los que no nos aprecian.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Primera Lectura (2 Sm 12,7-10.13): El Señor Te Ha Perdonado
    El rey David acepta humildemente la acusación de adulterio y asesinato, de parte del profeta Natán, y se arrepiente. Dios le perdona.

Segunda Lectura (Gal 2,16.19-21): Cristo Jesús Me Ama y Me Ha Salvado
    San Pablo nos dice que no son las obras, en obediencia a la ley, las que nos salvan, sino nuestra fe en Jesucristo. El Hijo de Dios me amó y me salvó. Ahora vivo su vida.

Evangelio (Lc 7,36 – 8,3  ó bien 7,36-50): Al Que Se Le Perdona Poco, Poco Amor Demuestra
    La persona que no necesita de nadie no tiene necesidad de gracia y no puede amar. Quien necesita perdón puede crecer en el amor.

Oración de los Fieles
    Oremos con toda confianza a Dios nuestro Padre, porque en Jesucristo nos ha mostrado que es paciente y rico en misericordia. Y digamos: R/ Ten misericordia de tu pueblo, Señor.
  • Para que la comunidad del pueblo de Dios sea una fuente de paz, de perdón y reconciliación, de nuevas oportunidades para el mañana, roguemos al Señor.
  • Para que los sacerdotes sean pacientes y humildes en el ministerio del sacramento del perdón encomendado a su cuidado; para que puedan llevar a su pueblo a la conversión y a la transformación del corazón, roguemos al Señor.
  • Para que nosotros seamos cautos y amables al juzgar a  los otros, conscientes de que cada día, de nuevo, nosotros también necesitamos perdón, roguemos al Señor.
  • Para que en nuestras familias y comunidades estemos siempre atentos y apoyemos el bien que se hace, y no nos desalentemos por los defectos de los demás, roguemos al Señor.
  • Para que nosotros, que venimos juntos a orar y a celebrar la nueva Alianza en la eucaristía, nos reconciliemos unos con otros  y vivamos juntos en paz y amistad, roguemos al Señor.
Oh Dios y Padre nuestro, que tu palabra que hemos escuchado juntos y la eucaristía en que participamos nos fortalezcan en un clima y espíritu de perdón, paz y unidad, en Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has invitado a encontrarnos con tu Hijo
y a ofrecer con él el sacrificio
que perdona nuestros pecados.
Danos la disposición interior
para perdonar a los otros
como tú nos perdonas
y para compartir,
en torno a la mesa de tu Hijo,
el pan de la unidad y de la reconciliación.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
    Con alegría damos gracias al Padre del cielo por perdonarnos nuestros pecados por medio del sacrificio de Jesús, quien derramó su sangre para nuestro perdón y redención.

Introducción al Padre Nuestro
Pidamos con Jesús al Padre
que perdone nuestros pecados
como nosotros perdonamos a los hermanos.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de la dureza de corazón
que rechaza todo perdón.
Que la paz y la  alegría
que tu perdón nos brinda
se desborde sobre nuestros hermanos cercanos
con sentimientos de compasión y misericordia,
de aceptación y comprensión mutuas,
y de perdón sin condiciones.
Llévanos adelante, a todos juntos,
en esperanza y alegría
mientras nos preparamos
para la plena venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…  

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
cuya muerte y resurrección
nos trajo perdón y vida.
Dichosos nosotros de recibir este pan
de reconciliación y unidad.
R/ Señor, no soy digno…
    
Oración después de la Comunión
Padre misericordioso:
En esta eucaristía Jesús nos ha dicho
a nosotros también:
“Tus pecados quedan perdonados”,
y ha compartido con nosotros el banquete
que nos trae reconciliación.
Que todo esto, Señor,
haga más profundo nuestro amor a ti
y nos disponga a extender una mano de paz
a todos los que nos hayan ofendido
y a todos a los que nosotros hayamos herido.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Bendición
Hermanos:
Como comunidad de hermanos y hermanas
hemos compartido la palabra de Dios
y el pan de vida de Cristo.
Que permanezcamos como  tal comunidad
en los días venideros,
viviendo con actitudes de perdón, confianza y compresión
Que el Señor nos acompañe en nuestro caminar.
Y para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.