Liturgia Viva del Lunes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

COMO NIÑOS (Año I. Zac 8,1-8; Lc 9,46-50)

Introducción
    Año I. El capítulo de hoy de Zacarías es una añadidura a su profecía, escrita posteriormente por sus discípulos. Nos describe la restauración del “Resto”, con gente fiel, jóvenes y ancianos, en las calles de Jerusalén, y Dios viviendo en medio de ellos.
   Evangelio. Tenemos que ser como niños, pero no pueriles... Somos hijos de Dios, pero no bebés inconscientes. Tenemos que ir creciendo constantemente hasta la madurez de Cristo, para ir rehaciendo nuestra unidad, nuestro centro,  con la ayuda del Espíritu.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesucristo se convirtió en hijo del pueblo.
Él hizo de los niños el símbolo privilegiado
del verdadero discípulo adulto.
Danos la gracia de tener
la apertura y receptividad de un niño:
humilde, auténtico,
y abierto a tu amor y a tus dones,
ya que solo así llenarás nuestro vacío
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
  • Por los que consideramos los “más grandes” en la Iglesia (el papa, los obispos, los sacerdotes) para que sepan servir con gran entrega y sin despreciar o menospreciar a los más débiles, pobres y heridos en la vida, roguemos al Señor. 
    R/ Señor, en ti confiamos.
  • Por los poderosos de este mundo, para que se preocupen de los derechos humanos y de la dignidad y el bienestar de sus encomendados, especialmente de los más débiles, pequeños y destituidos, roguemos al Señor.
    R/ Señor, en ti confiamos.
  • Por los que trabajan en oficios bajos y rehuídos por la sociedad; por los que trabajan en oficios peligrosos para la salud o para la vida; por los que trabajan cuidando a ancianos o a discapacitados, para que nosotros les apreciemos a ellos y a sus trabajos,  y que el Señor les proteja y ayude, roguemos al Señor.
    R/ Señor, en ti confiamos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios:
Venimos ante ti con nuestra humana sabiduría:
seguros de nosotros mismos, sofisticados, mundanos.
Danos la gracia de percatarnos, Señor,
de que tenemos que aceptar tu sabiduría,
la sabiduría de confianza y sencillez,
la sabiduría que nos es difícil de aceptar plenamente,
la sabiduría de Jesús crucificado.
Solamente así estaremos listos para aceptar
a un Dios que se hizo hombre y habita entre nosotros,
Jesucristo, nuestro Salvador y nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Somos tus hijos y tú eres nuestro Padre.
Que todos nosotros crezcamos
hasta la plena madurez de Jesucristo,
pues éste es, Padre, tu deseo:
que mantengamos hacia ti la apertura del niño,
pero que alcancemos la adultez plena
de Cristo Jesús, Dios como tú,
sin embargo Hijo fiel y totalmente humano.
Él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Recordemos lo que nos ha dicho el Señor: “Quien acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí”. Amemos a los niños y aprendamos de ellos; olvidemos la competición ridícula para llegar a ser el más grande y el mejor.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.