Liturgia Viva del Domingo 23º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

1.Señor, Abre Nuestros Oídos y Nuestros Labios
2.¡Effetá! ¡Ábrete!

Saludo (Ver el Evangelio)
Bendito sea el Señor Jesucristo,
quien “todo lo hizo bien”.
A los sordos les hizo oír
y a los mudos hablar.
Que él abra nuestros oídos a tu Palabra
y que esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante   (Dos Opciones)

1.   ¡Señor, Abre Nuestros Oídos y Nuestros Labios!
Vivimos en una era de explosión en  comunicaciones:  fax, E-mail, Internet o web, y así sucesivamente. Y al mismo tiempo vivimos en una edad de aislamiento y de soledad de tanta gente. Lo que la gente tiene de sobra es información, y lo que va perdiendo progresivamente son relaciones personales. En esta eucaristía le pedimos al Señor que abra nuestros oídos, para que de nuevo sepamos escucharnos unos a otros y también a Dios, que constantemente nos están hablando. Y que también aprendamos a hablarnos unos a otros, de persona a persona, cordialmente, de corazón a corazón.

2.    ¡Effetá! ¡Ábrete!
La señal de que Jesús es el Salvador prometido es que se acerca con preferencia a los pobres, a los enfermos, a los marginados, porque le necesitan más que nadie. No solamente nos referimos a la pobreza material. Nosotros somos los sordos y los mudos, los tartamudos y los que tenemos oído duro, porque nos encerramos en nosotros mismos, cerrados con frecuencia a Dios y a los otros. Jesús viene a abrir nuestros oídos y nuestros corazones a las palabras y acciones de Dios, para que escuchemos su mensaje y respondamos a su amor, y para que también oigamos a los pobres y les hablemos por medio de  nuestro servicio y ayuda. --- Que Jesús en la eucaristía nos cure y nos dé la gracia de entregarnos generosamente a él y a su pueblo.

Acto Penitencial
Le pedimos a Dios, y a cada uno de nosotros,
que nos perdonen, por haber sido sordos
al Señor quien nos ha hablado en su Palabra
y en el clamor de los pobres.
    (Pausa)
Señor Jesús, toca nuestros oídos
y ábrelos a tu mensaje
y a las súplicas y solicitudes de los necesitados:
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús: Toca nuestra lengua,
para que hablemos siempre palabras de cariño
a todos los que amamos.
Cristo, ten piedad de  nosotros.

Señor Jesús, toca también nuestros ojos
para que veamos y sintamos las necesidades
de los que viven solos y abandonados.
Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, tócanos con tu mano clemente y poderosa
y ábrenos a tu amor
y a las necesidades de los que nos rodean.
Y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta  (Dos Opciones)
   
1.    Señor, Abre nuestros Oídos y nuestros Corazones
Oremos para que el Espíritu de Dios
nos abra a todo lo bueno, justo y bello.
    (Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú estás esperando que nos abramos a ti, a la gente,
y a todo lo que es recto, bello y bueno.
Que el Espíritu Santo abra nuestros oídos
a la Palabra liberadora de tu Hijo Jesucristo.
Que abra nuestros corazones y nuestras manos
a todos los que nos necesiten.
Que abra nuestros labios
para que sepamos proclamar en todas partes
las maravillas que tú haces por nosotros.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

2.    ¡Effetá! ¡Ábrete!
Oremos a Dios con corazón receptivo.
    (Pausa)
Oh Dios, salvador nuestro:
Jesús, tu Hijo, hizo oír a los sordos
y hablar a los mudos.
Haznos percibir que con frecuencia
somos nosotros tartamudos y de duro oído.
Abre nuestros oídos al mensaje de tu Hijo,
para que  sacuda nuestros corazones
y cambie nuestras vidas.
Suelta nuestras lenguas para que podamos proclamar
las maravillas que haces por nosotros
Por medio de Jesucristo tu Hijo,
Señor y Salvador nuestro,
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura (Is 35:4-7a): Los Oídos del Sordo se Abrirán
A un pueblo sordo y ciego para con Dios, el profeta anuncia la alegría de la salvación: verán y oirán,  y así llegarán a ser nuevos.

Segunda Lectura (Stgo 2:1-5): ¡No doble Estándar! Dios Ama a los Pobres
Es una traición al sentido cristiano de comunidad honrar a los ricos y humillar a los pobres, dice Santiago. Dios ama a los pobres y los hace ricos en la fe.

Evangelio (Mc 7:31-37): ¡Ábrete!
El sordomudo representa a los que se cierran a Dios. Jesús vino a hacer que la gente se abra a Dios, de forma que puedan alabarle por sus grandes obras. Su atención a los pobres es la señal de que el reino ha llegado ya.

Oración de los Fieles
Oremos con la máxima confianza al Padre en el cielo, quien siempre escucha lo que le pedimos en nombre de Jesús, y digamos: R| ¡Escucha a tu pueblo, Señor!
Por la Iglesia, que somos nosotros, para que no solamente amemos a los pobres y les cuidemos, sino que tengamos valor para denunciar la injusticia cuando los mismos pobres son injustamente pisoteados y oprimidos, roguemos al Señor.
Por los educadores en la fe  –sacerdotes, religiosas, padres, catequistas, maestros-   para que ellos mismos escuchen primero la Palabra de Dios y después la pasen a los hermanos con convicción y amor, roguemos al Señor.
Por los pobres, los enfermos y discapacitados, para que en ellos reconozcamos y acojamos al mismo Jesús como Señor sufriente, roguemos al Señor.
Por los que se muestran sordos y ciegos hacia los hermanos necesitados, sobre todo de amor, para que sus ojos y oídos se abran para amar y compartir, como su mejor tesoro, roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que nuestros corazones vacíos se vuelvan espaciosos y generosos, como puertas abiertas a todos y a todas sus necesidades, roguemos al Señor.
Dios, Padre nuestro, escúchanos con bondad, ya que te pedimos todo esto en nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración de las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre misericordioso:
Tú preparas la mesa de tu Hijo
para ricos y para pobres, sin discriminación.
Por la fuerza de este pan de vida,
no permitas que permanezcamos sordos
a tu voz que nos grita
desde las necesidades de los pobres y oprimidos.
Enséñanos y ayúdanos a hablarles
no solamente verbalizando palabras de compasión,
sino realizando obras reales
de justicia, dignidad y amor.
Y que éste sea el signo
de que tu Hijo está vivo entre nosotros,
él que es nuestro Señor y Salvador
ahora y por los siglos de los siglos.

Introducción  a la Plegaria Eucarística
Con un solo corazón y una sola voz demos gracias y alabanza a Dios nuestro Salvador. Él mostró el poder de su amor en Jesús, su Hijo, quien “todo lo hizo bien”. Él nos ha abierto nuestros oídos a su Buena Noticia de salvación y nos ha capacitado  para alabar a Dios en nombre de todo lo que vive.

Invitación al Padre Nuestro
Agradecidos por las grandes obras de amor de Dios
no podemos permanecer sordos o silenciosos.
Por eso  nuestras lenguas se dirigen ahora a nuestro Padre
con las palabras de Jesús, nuestro Señor,
R|  Padre Nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todas nuestras debilidades:
De permanecer sordos a tu palabra
y ciegos a las necesidades de nuestros hermanos.
Danos la gracia de ser sensibles a tu amor
y ayúdanos a llevar tu alegría
a todos los que nos rodean,
mientras aguardamos con gozosa esperanza
la venida gloriosa entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R| Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Señor,
que vino a curarnos de la ceguera del pecado
y a abrir nuestros oídos y corazones
a su Buena Nueva del amor de Dios.
Dichosos nosotros que podemos oír su voz
mientras comemos y participamos
en éste su banquete de salvación.
R| Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios, salvador nuestro:
En tu Hijo Jesucristo has escogido
lo  débil y pobre en este mundo
para ser ricos en fe y amor
y para ser herederos de tu reino.
Tu Hijo Jesús todo lo hizo bien.
Aunque antes éramos débiles y mudos,
habla por medio de nosotros
con obras de compasión y esperanza,
porque tú nos has curado y liberado a todos
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús ha estado con nosotros en esta celebración eucarística para sacarnos de nuestro aislamiento y para abrirnos, con respeto y amor, a Dios y a nuestro prójimo, es decir a todos. --  Que, como Jesús, estemos siempre disponibles, especialmente hacia los más pobres entre nosotros. Y que ellos sientan que, junto con Dios, también nosotros nos preocupamos.
Que el Señor nos dé a todos esta apertura en el amor.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca siempre.

Vayamos en paz a proclamar con nuestra vida las maravillas que Dios ha hecho por nosotros. R| Demos gracias a Dios.