Liturgia Viva del Viernes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO TESORO
(Año I. 2 Cor 11:18,21b-30; Mt 6:19-23)

Introducción
Año I: Para defender su ministerio, San Pablo se jacta de todo lo que ha hecho y sufrido en el servicio al evangelio, en las jóvenes comunidades cristianas. Estos sufrimientos le afectan y le hieren, porque sacan a relucir su debilidad humana. Pero él sigue resueltamente adelante, porque Dios es su fuerza y su tesoro, la luz que ilumina todo su ser.
Evangelio: ¿Cuáles son las cosas que nos preocupan, que dan vueltas constantemente en nuestra mente? La respuesta a esa pregunta nos indicará cuáles son nuestros valores, “dónde está nuestro corazón.” Para muchos generosos y comprometidos cristianos, estos valores (o mejor, contravalores) raramente serán tan rastreros y groseros, como la búsqueda loca del mero placer y el hambre insaciable por riquezas materiales y bienestar mundano, aunque éstas actitudes no siempre estén descartadas completamente. Pero ¿ qué decir acerca de la ambición por la promoción y el poder, la tendencia a dominar a otros, y modelar a los demás a nuestra imagen y semejanza, más que a la semejanza de Dios? ¿Qué pensar acerca de esa actitud que tiende a colocarnos a nosotros mismos como centro del universo?
¿Dónde, cuando y cómo buscamos lo que el Señor llama la “única cosa necesaria?”

Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú eres el origen y el fin de todo,
el auténtico sentido de nuestra existencia
y la meta de todo lo que hacemos.
Te pedimos hoy:
sácanos de nuestros pequeños mundos,
creados por nosotros a nuestra medida,
y ábrenos a ti y a tu Reino.
Sé tú mismo para nosotros
la perla preciosa de nuestras vidas;
y que cada persona a nuestro alrededor
sea como el caparazón en el que encontramos esa perla
que es Cristo y eres tú,
que viven y reinan con el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.

Intenciones
  • Por todos aquellos que se preocupan excesivamente por el dinero y las riquezas, para que aprendan a ser sensibles y a preocuparse sinceramente por los que no pueden gozar ni de lo más esencial en la vida, roguemos.
  • Por los que han sido víctimas de la codicia e intolerancia, para que muchas personas bondadosas les restauren su fe en Dios y en sus hermanos los hombres.
  • Por todos nosotros, para que seamos agradecidos a Dios por habernos dado fe en él, y en su amor y misericordia, oremos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
tú nos reúnes alrededor de la mesa
de tu Hijo Jesucristo.
La eucaristía es para nosotros
el mejor y más precioso tesoro.
Haznos apreciar en todo su valor
la presencia de Jesús entre nosotros.
Que nos enriquezca siempre
con el profundo sentido de su cercanía.
Y que aprendamos de él
a estar presentes los unos a los otros
con generosidad y afecto.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
De las palabras y de la presencia misteriosa de Jesús
aprendemos que no hay nada más precioso
que tu amor hacia nosotros
y el Reino que tú quieres construir con nosotros.
Queremos que seas nuestra alegría y nuestro tesoro.
Te damos gracias, porque nos has encontrado.
Que nosotros también
sigamos siempre encontrándote a ti
en las diferentes formas en las que te manifiestas,
en la bondad de la gente,
y en los tesoros de nuestra fe.
Nuestras sinceras gracias a ti, Padre,
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos Nuestra oración y todo nuestro culto
es servicio a Dios y a nuestro prójimo,
no servicio egoísta a sí mismo
en el sentido de presumir y alardear
por lo que hacemos para Dios
y para nuestros prójimos.
Lo primero es adoración en espíritu y en verdad.
Que Dios les bendiga, el Padre, y el Hijo,
y el Espíritu Santo.