Liturgia Viva del Sábado de la 30ª semana del Tiempo Ordinario

CONOCE TU LUGAR: EL DEL SERVICIO

Introducción
Lectura. El encarcelamiento y las dificultades de Pablo son de muy poca importancia, con tal de poder  proclamar a Cristo. Cristo constituye la vida de Pablo en sus sufrimientos y en sus alegrías, en la vida y en la muerte.
Evangelio. Nuestro Señor nos invita a su mesa. Él sabe que tenemos defectos, que le hemos ofendido a él mismo y a otros, por el mal que hemos hecho y el bien que hemos omitido. Aun sabiendo quiénes y cómo somos, Dios todavía nos ama y nos invita como a amigos a sentarnos con él a su mesa. Participemos humildemente en su banquete eucarístico y pidámosle que nos haga más acogedores de los humildes, de los que cometen errores, y de los pobres.

Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro, que alzas a los humildes:
Tu Hijo Jesús vino a nuestro mundo
como el siervo de todos
y tuvo especial cariño por los desvalidos y desamparados.
Con él, haz que sepamos respetar y apreciar
a los débiles, los indefensos y los humildes,
y aceptar ser contados entre ellos.
Disponnos para ayudarles
y para buscar la ayuda que ellos puedan darnos,
pues tú también has derramado
tu misericordia sobre nosotros,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones

  • Señor, en nuestro mundo los poderosos son respetados y los humildes son despreciados. Recuerda y bendice a los humildes. Por eso te decimos: R/ Escúchanos, Señor.
  • Señor, en muchos de nuestros hogares, hay enfermos, ancianos, débiles, personas solas, que son desatendidos y abandonados. Recuerda y bendice a todos ellos y a todos los que sufren. Por eso te decimos:  R/ Escúchanos, Señor.
  • Señor, muchos niños y muchos ancianos sin hogar tienen solamente la calle donde vivir y dormir. Recuérdalos a todos, bendícelos y alivia sus penas con la solidaridad de sus hermanos. Por eso te decimos:  R/ Escúchanos, Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú no tienes en cuenta la pobreza de nuestros corazones
y nos has dado un puesto de honor
a la mesa de tu Hijo.
Junto a él vamos a participar del pan de vida
y del vino de salvación.
Que aprendamos de él a vivir al servicio de todos,
para que un día puedas reservarnos un puesto,
por humilde que sea,
en el banquete de la fiesta eterna,
junto al mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Aquí estamos ante ti como huéspedes,
invitados a tu mesa por tu Hijo Jesucristo.
Te damos gracias porque él nos ha aceptado
sin juzgarnos ni condenarnos,
a pesar de que nuestra fe es de ojos turbios
y frecuentemente cojeamos y caemos
cuando intentamos seguirle.
Disponnos también a aceptar en nuestra vida,
como amigos y huéspedes, a los pobres y a los débiles,
justamente como tú nos has aceptado a nosotros
en Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Si queremos que Jesús el Señor viva entre nosotros, solamente hay un lugar que nos cuadra bien: el último lugar, el puesto de la gente que sabe cómo servir. No hay lugar para pretender vanidosamente lo que en realidad no somos.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre ustedes.