Liturgia Viva del Jueves de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

MISIONEROS Y POBRES (Año II. Job 19, 21-27; Lc 10,1-12)

Introducción
Año II. Nada puede destruir la fe de Job en Dios. A pesar de todo su sufrimiento, sabe que Dios vive y es su Redentor. Job sigue convencido de que Dios no quiere aplastar a la gente.
Evangelio. Poca gente se impresiona por el hecho de que un obispo viva una vida de pobreza en un gran palacio o de que los sacerdotes, religiosos y religiosas son sobrios y comedidos en su vida personal cuando utilizan ricos y poderosos medios e instituciones para llevar a Dios al pueblo. Los misioneros, por muy entregados y serviciales que puedan ser, no son muy convincentes, y encuentran gran dificultad en edificar comunidad, si importan desde el extranjero poderosos medios, utilizados para el ministerio pastoral. --- Cuando Jesús envía a sus misioneros a evangelizar a los pobres, él quiere que sean, como él, pobres entre los pobres. La verdadera y evangélica pobreza es un ideal difícil de conseguir. Pero ¿nos mueve todavía ese ideal?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú no posees nada, porque lo eres todo.
Tu propio Hijo nació, vivió y murió en pobreza.
Señor, primeramente haznos conscientes
de la pobreza de nuestro propio corazón,
para que estemos dispuestos
a escuchar, a esperar y a recibir
con la misma actitud de los pobres,
y para que aprendamos a dar generosamente
lo que tenemos y lo que somos,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que vive contigo y también con nosotros
por los siglos de los siglos.

Intenciones
- Por los misioneros, para que vayan al pueblo al que son enviados con humildad y con pobreza de medios, roguemos al Señor.
- Por los evangelizadores, para que descubran con respeto todo lo bueno que hay en las mentes y corazones del pueblo y su cultura a los que son enviados, roguemos al Señor.
- Por las Iglesias jóvenes, para que arraiguen con profundidad en el alma de su propio pueblo como comunidades de fe y amor, y que así enriquezcan a toda la Iglesia Universal, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesucristo va a venir a nosotros,
aquí ahora sobre el altar,
para entregarse a nosotros
en la pobreza de un trozo ordinario de pan
y de un sencillo sorbo de vino.
Haznos disponibles, junto con él,
para vivir con la única seguridad
de saber que estamos en tus manos
y de que tú dispones a la gente en su corazón
para aceptar la Buena Nueva de salvación
por medio de nosotros,
si nos volvemos pobres y disponibles para el reino
junto con Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo envió a sus discípulos
a predicar la Buena Nueva de salvación
con una pobreza de medios que desarma.
Libra a tu Iglesia
de la permanente tentación
de intentar impresionar a la gente
con riqueza, poder y prestigio.
Hazla una Iglesia humilde y servidora
que no solo conozca lo que es la pobreza
sino que también tenga el difícil valor de vivirla
con la fuerza de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Hay una abundante cosecha esperando. La paz del reino de Dios hay que llevarla a muchos. ¡Iglesia: Adelante por el camino del evangelio!
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes.