Liturgia Viva del Jueves de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

TÚ ERES EL MESÍAS, EL CRISTO

Introducción

Jesús dirige abiertamene a los apóstoles esta pregunta: “¿Quién soy yo?”  Pedro, en nombre de todos, profesa que Jesús es el Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios vivo, aun cuando probablemente no hay aquí todavía reconocimiento directo de su divinidad, sino más bien de su origen divino. Después de esta “confesión”, el Señor encomienda a Pedro su misión como cabeza del colegio apostólico y de la Iglesia. Ahora que ya saben quién es él, les puede informar también de su pasión, muerte y resurrección. Sin embargo, eso parece demasiado duro en este preciso momento: Pedro protesta. Su fe no es todavía suficientemente fuerte. Pedro piensa todavía en términos humanos.  --- Nosotros profesamos conocer quién es Jesús. Pero ¿no pensamos nosotros también, con demasiada frecuencia,  de forma simplemente humana?  
         
Colecta     
Oh Dios, fuente de vida:
También nosotros profesamos
que Jesús es tu Hijo,
que vino de ti y regresó a ti.
Te damos gracias por nuestra fe,
que hemos recibido
como incomparable regalo tuyo.
Pero perdónanos cuando nos resulta difícil
seguir siempre a Jesús
en su camino de sufrimiento y de muerte,
aun cuando creemos que ése precisamente es
el camino hacia la felicidad y la gloria.
Ayúdanos a pensar y a vivir según tu voluntad,
siguiendo fielmente a nuestro único modelo,
Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Intenciones
  • Para que nuestro Señor Jesucristo sea y permanezca siempre nuestra piedra angular sobre la que se construyan nuestras vidas, y para que nosotros construyamos la Iglesia con nuestro servicio, lleno de afecto y entusiasmo, roguemos al Señor.
  • Para que aprendamos de Jesús a entregarnos al servicio de Dios y de los hermanos, totalmente y sin reservas ni condiciones, roguemos al Señor.
  • Para que los que le ven poco sentido a la vida descubran en el Señor Jesús  y en su Evangelio qué ricas y llenas de sentido pueden ser sus vidas, roguemos al Señor

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Con profunda fe profesamos
que Jesús, tu Hijo viviente,
se hará presente entre nosotros
en estos signos de pan y vino.
Que él nos fortalezca con su Espíritu
para seguirle a donde quiera llevarnos,
aun a través de dolor y de muerte,
para que podamos compartir  con él
tu gloria y tu alegría eternas,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de poder y majestad:
Tu Hijo Jesucristo
se ha hecho presente  aquí entre nosotros
sin ningún  despliegue de poder,
sino más bien como el siervo humilde
de sus hermanos y hermanas.
Que los que llevan en la Iglesia
el peso de la autoridad
lleguen a ser, cada vez más, como tu Hijo Jesús.
Que, indiferentes al prestigio y al poder,
reflejen en sus vidas y en su ministerio
la misma actitud de tu Hijo,
que vino no a ser servido sino a servir.
Y que sea ése su camino para ser grandes
a los ojos de Dios,
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos oído a Pedro proclamar: “Tú eres el Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Esta es también nuestra profesión de fe, y ella cambia toda nuestra vida. A Cristo pertenecemos, somos sus discípulos. Ojalá seamos buenos discípulos suyos, con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.