Liturgia Viva del Viernes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario.

VIERNES

¿SON BIENVENIDOS LOS PROFETAS? (Año II.Jer 25:1-9; Mt 13:54-58)

Introducción

Primera Lectura.-  Hoy el profeta Jeremías advierte al pueblo que su confianza en el templo, como presencia de Dios entre ellos, no tiene ningún valor, a no ser que ellos hagan presente a Dios en sus vidas viviendo su religión, y que el templo será destruido como cuando una vez los filisteos destruyeron el santuario de Shiloh. Los sacerdotes y el pueblo amenazan con asesinar a Jeremías. Evangelio. Jesús tampoco es bienvenido ni entre sus paisanos, en su pueblo, en su país, porque está perturbando las conciencias de la gente. Él los confronta con la retadora realidad de Dios y sus caminos. Cristo estremece a su pueblo de su seguridad en las leyes y en las prácticas exteriores. ¿Cómo se atreve él, uno de su mismo pueblo y de su misma calle? ¿Quién se cree que es él? Por nuestra parte ¿nos atrevemos a ser la voz del profeta que hoy necesitamos? ¿Nos atreveremos a superar la rutina, el miedo, el convencionalismo?

Colecta Señor Dios nuestro: No somos más que gente tímida, y, sin embargo, tú esperas que proclamemos la palabra de tu Hijo con el testimonio de nuestras vidas. Te pedimos el coraje de vivir la forma de vida que vivió tu Hijo Jesús y de seguirle a donde él quiera llevarnos sin el equipaje de nuestras seguridades. Danos esta convicción por el mismo Jesucristo nuestro Señor que vive y reina por los siglos de los siglos.

Intenciones
  1. Para que el Espíritu de Cristo inspire y otorgue a los líderes de la Iglesia celo profético para conducir a la gente hacia una verdadera libertad cristiana, roguemos al Señor.
  2. Para que también hoy surjan profetas entre nosotros, aunque se nos antojen fastidiosos, para recordarnos lo que Dios espera de nosotros, roguemos al Señor.
  3. Para que el mundo de hoy no preste oídos sordos a las voces de profetas que claman por la paz y la justicia para todos, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas Señor Dios nuestro: Queremos que este pan y este vino signifiquen que, al participar en la mesa de tu Hijo, aceptamos también ser como él signos de contradicción. Que él nos cambie de débiles y pusilánimes en valientes y convencidos para vivir coherentes con nuestra fe y para defender con valentía todo lo que es justo, bueno y verdadero, como hizo Jesús, tu Hijo, que vive contigo y también con nosotros por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión Señor Dios nuestro: Tu Hijo Jesús habló entre nosotros palabras y hechos proféticos que mostraban su valor y su entrega. Haznos lo bastante valientes para caminar con él en su caminar hacia la gente, aun cuando la mejor de nuestras intenciones sea mal comprendida. Padre, decimos esto con temor y temblor, pero sinceramente queremos ser humildes discípulos de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición Hermanos: Tenemos que aprender a escuchar a los profetas, que son gente que tiene algo que decir y que viene al caso, aunque no sea agradable. Nosotros también tendríamos que tener el valor de hablar claro cuando fuere necesario, especialmente cuando vemos injusticias contra los hermanos.

Que Dios todopoderoso les dé a ustedes ese valor y les bendiga abundantemente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.