Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

Queridos amigos:

Para responder a las demandas de una multitud sin fronteras, Jesús elige a un grupo de personas, a las cuales confiere su propia misión y autoridad. Ninguno de los elegidos ha presentado su “curriculum” ni los méritos que le avalan para formar parte de los íntimos de Jesús Es una elección en la que sólo cuenta la voluntad de Jesús, su predilección y su amor. Es una elección con una doble finalidad: para estar con él y formar una comunidad y para enviarlos a predicar, es decir para ser capaces de trabajar juntos. Han de trabajar unidos aunque estén viviendo en lugares muy distantes unos de otros.                               

Nadie está preparado para la misión, es el Señor quien elige, prepara y envía. Características importantes del seguimiento de Jesús son la comunidad y la misión.

En resumen: nosotros elegimos a los amigos, a los que nos parecen más agradables. Pero Jesús llama con otros criterios. Nos sorprende que elija y entregue su poder y autoridad a personas que van a actuar en su nombre, pero están cargadas de defectos. En ese pequeño grupo de los apóstoles había gran variedad: allí estaba el pescador que luchaba cada día para dar de comer a su familia, y allí también estaba el corrupto recaudador de impuestos que se aprovechaba del dinero de la gente. De esas historias variadas Jesús hizo una comunidad para transformar el mundo. Son los compañeros de Jesús, los que caminan con él, y eso es lo principal. Los llamó para transmitir su Palabra, y les dio poder para liberar a la gente de sus males. Cada uno de nosotros, a su manera, puede vivir esa llamada. No les ocultó lo mucho que tendrían que sufrir para llevar adelante la tarea encomendada.

Es maravilloso observar que Dios no trabaja con nuestros defectos, sino con nuestras cualidades, con nuestras posibilidades, como enseña la fábula de la carpintería (1). Por eso sorprende tanto la obra de la evangelización en el mundo, porque con medios a veces muy limitados, sin embargo se realizan grandes obras para hacer avanzar el reinado de Dios en esta tierra. Todos estamos llamados a aportar nuestro granito de arena para que Dios nuestro Padre sea conocido, amado y servido por nuestros hermanos que están alejados de él.

Vuestro hermano en la fe

Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

(1) ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

Cuentan que en una carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa?  !Hacía demasiado ruido! Y, además, se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos más en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos".

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de su fortaleza y de trabajar juntos bajo la guía y experiencia del carpintero.

Así actúa el Espíritu Santo en la comunidad cristiana y en el corazón de cada uno de nosotros cuando le aceptamos como guía de nuestra vida: refuerza y multiplica lo bueno que hay en  nosotros y lo pone al servicio de la comunidad.

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