Comentario al Evangelio del

Fco. Javier Goñi, cmf

San Juan, Apóstol y Evangelista

Seguimos en plena octava de Navidad, y la liturgia nos presenta de nuevo a otro testigo y Apóstol de la Buena Noticia: San Juan. Aquel joven discípulo que aparece en el Evangelio de hoy, “al que tanto quería Jesús”, debió ser el mismo que años más tarde recogería lo que sus ojos vieron y sus oídos oyeron en el que conocemos como Evangelio de San Juan. Matizaciones exegéticas aparte, lo cierto es que la tradición nos ha transmitido que un tal Juan, Apóstol del Señor, seguramente el más joven de ellos y que pudo gozar de un cariño especial por parte de Jesús, fue testigo de la Resurrección y estuvo detrás de la confección del último de los Evangelios. En él nos ha dejado textos especialmente profundos e inspirados sobre el Misterio del Hijo de Dios, como el que escuchamos en la Eucaristía del día de Navidad, así como relatos que no aparecen en ninguno de los otros Evangelios. También se atribuyen a San Juan las Cartas que llevan su nombre: de la primera de ellas es la primera lectura de hoy.

San Juan es testigo directo del Misterio del Dios Encarnado por Amor. Lo visto, lo oído, lo contemplado y palpado es lo que lo que nos ha transmitido: la Palabra de la Vida que “se hizo visible” en la persona, palabra y vida de aquel tal Jesús. Declara haberlo hecho “para que estéis unidos con nosotros” por el mismo amor que la comunidad cristiana recibe de la unión del Padre y del Hijo. Y para que “nuestra alegría sea completa”. Enamorado de Cristo, llamado por él a ser su testigo, Juan no puede sino anunciar a todos el Amor sin medida que ha descubierto en su Señor.

También nosotros somos testigos de Cristo, nacido de María, Palabra Encarnada, muerto en la Cruz, Salvador y Vida en la Resurrección. No testigos directos, pero de algún modo también somos testigos de su presencia en el Espíritu: lo sentimos en el corazón, se manifiesta en la comunidad, viene a nosotros en la Eucaristía y en los que sufren, nos llena de alegría, paz y esperanza. Y escuchamos en lo más profundo de nosotros mismos su llamada a ser sus testigos, para que crezca la comunidad de hermanos unidos en el Hijo y en el Padre por el Espíritu Santo, y para que nuestra alegría, también la de la Iglesia y la de Dios mismo, sean completas.

Comentarios

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Jorge A.
Jorge A.

el 27/12/14
Gracias Señor por Tu Palabra.
Señor Gracias Dios por darnos el alimento y la tranquilidad que necesitamos. Se Señor Dios que hay muchos que hoy están mas infelices que yo y pido mas por ellos porque confío en Tu Hijo Jesús que nos consuela de los momentos amargos.
Amén.
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Bolivar P
Bolivar P

el 27/12/14
Son las 4:00 de la madrugada en P.R., terruño territorio de EE.UU.AA., como pueblo feliz del amor de su madre patria; y la mayoría infinitamente felices, como parte de la iglesia que nuestro hermano mayot Cristo fundó en Pedro, infinitamente felices de ser sus hermanos menores por medio de la Palabra en el evangelio de hoy, e infinitamente amados en la primera lectura.
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Irenarco cala
Irenarco cala

el 27/12/14
Por la Oalbra de Dios y creyendo en su Hijo Unigénito el Señor Jesús venido e carne en la Vírgen María hoy testifico que soy uno de los hermanos menores de la Familia Santa del cielo, y que estoy acompañado de la siberanía consoladora del Espïritu Santo. Hoy desde el Municipio de Berbeo-Boyacá/Colombia.
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maria esther
maria esther

el 27/12/14
feliz navidad y prospero año en EL SEÑOR QUERETARO MEXICO 2015
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Pedro-Arce
Pedro-Arce

el 27/12/14
No cabe duda, Señor, que la felicidad no se encuentra en cosas efímeras. Lo terrenal se desvanece, no dura. Es una brizna que se lleva el viento. Solo tú Señor, tienes palabras de vida eterna.
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Luis A Acosta
Luis A Acosta

el 27/12/14
Son las mejores meditaciones en que he podido refkexionar, todos los días leo sus comentarios y hasta a veces publico de ellas. Continúen así. Me han ayudado mucho.
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Jhoe Toro
Jhoe Toro

el 28/12/14
Señor Dios, gracias por tan infinito amor, ese que derramas en el cuerpo y el alma de Sofia, quien esta anciosa de tus brazos para su sanación.
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