Comentario al Evangelio del

Pablo Largo, cmf

Queridos amigos:

"Se reían de él": "este tipo está chiflado. Confunde la muerte y el sueño. ¡Pobre infeliz! ¡Qué manera de hacer el ridículo!".

Y lo seguimos haciendo. Escribía hace más de veinte años Alain Touraine: "el discurso propiamente religioso de la Iglesia sobre Dios, el nacimiento de Cristo, la resurrección de los muertos y la vida eterna, simplemente ya no se comprende". La tradición católica es por completo "ajena... al espíritu de nuestro siglo". Años antes había escrito Javier Sádaba: "... Irrelevancia cultural del viejo debate sobre Dios. Ser ateo o no serlo, ser teísta o no serlo... es algo marginal en nuestra vida social, ajeno al espíritu de la época. Se podrá ser creyente por originalidad, desesperación, inercia o quién sabe qué tipo de conveniencia... (Pero) un hombre adulto y razonablemente instruido no es un creyente o un incrédulo, sino que se despreocupa de tales cuestiones. Y si, a nivel personal, alguien razonablemente instruido sigue siendo un creyente, se da por supuesto que esa misma persona, en cuanto normal y partícipe en los cánones teóricos y prácticos vigentes, orientará su vida prescindiendo de tal religiosidad. La física ha sustituido a la vieja cosmología, y la aspirina a las novenas y a los santos. La religión permanece como un lujo o una seña del pasado que en poco o en nada afecta a la conducta del ciudadano a la altura de su tiempo". Podrían alargarse las citas sin especial dificultad.

"El espíritu de nuestro siglo", "el espíritu de nuestra época", "los cánones teóricos y prácticos vigentes", "ciudadano a la altura de su tiempo". ¿Han cambiado las cosas? Sabemos, sí, que ha habido un burbujeo de sensibilidad postmoderna, que han aparecido religiosidades salvajes, que se busca un reencantamiento del mundo, que Oriente ejerce cierta seducción, que no faltan discípulos de las doctrinas de la reencarnación. Esto no es un gran consuelo. La fe sufría ya el hostigamiento y acoso de los modernos incrédulos y, sobre todo, de la infinita masa de los indiferentes; pero la modernidad insatisfecha no ha iniciado en su conjunto un camino de reencuentro con la fe, y en el hueco de la insatisfacción se han instalado, junto con procesos respetables, distintas variedades de una misma especie: la credulidad.

La palabra de fe y el pensamiento creyente se ven, pues, urgidos a decirse a sí mismos (y a ofrecer de nuevo a esos "modernos despreciadores de la religión" [Schleiermacher] que, después de haberlos ridiculizado, quieran escucharlos) la sabiduría del evangelio. Esta "ciencia" tiene su método propio, pasado nada menos que por la cruz, el gran experimentum crucis, un método que nos enseña a deslindar lo real y lo irreal, lo posible y lo imposible, las esperanzas sensatas y las esperanzas locas, lo que está más acá y lo que está más allá, los proyectos viables y los inviables, el sueño y la muerte. Y a decir: ser creyente no es chuparse todavía el dedo a estas alturas de la historia. Luego puede invitar a ver la película Ordet.

Cordialmente,
Pablo Largo

Comentarios

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elaina
elaina

el 4/2/14
Roguemos por que seamos liberados de ese sementerio de muerte del cual nos es dificil salir. Dejemos que Jesus con su infinita misericordia nos libere para " Honor y Gloria a su Santo Nombre"
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Joselito H.
Joselito H.

el 4/2/14
La fe que tenian los personajes de esta lectura, tanto el papa de la nina como la mujer que sufria de flujo de sangre, hacen que Jesus, el Maestro, le devuelva la vida a la nina, y la salud a la mujer.
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wilmer373
wilmer373

el 4/2/14
En el evangelio vemos el poder de la palabra de Jesús: "¡levántate!". Yo necesito esa palabra. Necesito escuchar que Jesús me dice esa palabra porque él, que es capaz de vencer a la muerte, puede superar lo que ha muerto en mí.
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pedro Anibal
pedro Anibal

el 4/2/14
Queridos hermanos, Dios en este día donde estamos muertos ante el letargo que vivimos nos dice levántate vamos sal de ahí de ese lugar donde convivimos con los muertos de espíritu por que a pesar de respirar y caminar sin Dios en nuestras vidas somos muertos vivientes, por que nos dedicamos a hacer otras cosas que son del mundo y dejamos pasar el tiempo sin acordarnos de nuestro creador y salvador, no seamos como el rico Apulon que vivió en la tierra una vida llena de desenfrenos y cuando murió fue a parar al infierno sin poder arrepentirse por que después de la función ya no hay ensayo, hoy es cuando debemos arrepentirnos de nuestros males y empezar una nueva vida en presencia de Dios que nos acoge con amor y nos da título de hijos y con herencia en el cielo.
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Irenarco Cala
Irenarco Cala

el 4/2/14
Que se sigan riendo; pero una cosa sí les digo: que el Evangelio del Señor Jesucristo a mí me sanó. Gracias bendito y santo Dios, por perdonar nuestra enfermedad de pecado.
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