Comentario al Evangelio del viernes, 31 de enero de 2014

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Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Un grupo notable de enseñanzas de Jesús es designado como “las parábolas del contraste”. En ellas Jesús resalta la sorpresa que causa la aparente contradicción entre el comienzo y el final: un comienzo que en apariencia es nada frente a un final que es plenitud. Lo veíamos hace un par de días con la parábola del sembrador impertérrito: al comienzo sólo había fracasos, sementeras frustradas; al final apareció una cosecha superior a todo lo imaginable.

Hoy se nos ofrecen dos parábolas que tienen ese mismo sentido. No hay proporción entre la semilla pequeñísima que se siembra y el árbol que de ella llega a surgir (observemos de pasada que, aunque nuestras matas de mostaza no pasan de metro y medio y en ellas no pueden anidar los pájaros, junto al lago de Galilea crecen hasta tres metros). Y el paso de semilla a árbol es un proceso misterioso, que se realiza de manera imperceptible, pero de forma continuada e indefectible. La parábola de la semilla que crece por sí misma, sin que el hortelano perciba cómo, puede servir de explicación generalizante o comentario a la del grano de mostaza. Jesús no podía percibir allí sino el actuar sorprendente y admirable del Dios creador.

Este tipo de enseñanza tuvo que ser muy frecuente, ¡y muy necesario!, en el ministerio de Jesús. Él quería transmitir esperanza a unas gentes que se tenían por pueblo elegido pero que, fijándose en tanta tribulación como habían padecido durante los seis últimos siglos, siempre sometidas a imperios fuertes y opresores, se sentían tentadas de pensar que Dios las había dejado de su mano. Por otro lado, Jesús quiere educar también en la esperanza al pequeño grupo de seguidores; éstos debieron de manifestar muchas veces su desencanto, al sentirse perseguidos por la autoridad política (“vete de aquí, que Herodes quiere matarte”: Lc 13,31) y por la religiosa (los escribas le tildan de actuar en connivencia con el diablo: Mc 3,22), y al percibir sus propias limitaciones como grupo, siempre propenso a pretensiones,  (“quién era el mayor”: Mc 9,34), envidias (“los diez se indignaron contra Santiago y Juan”: Mc 10,21), y rencores (“cuántas veces hay que perdonar al hermano”: Mt 18,21). ¡Malos mimbres había elegido el Maestro para tejer su cesto!

A todos estos factores de desilusión Jesús opone la bondad y el poder ilimitado del Padre, de ese Dios que –en frase de San Pablo- es capaz de “vivificar a los muertos y llamar a lo que no existe a la existencia” (Rm 4,17).

Pero Jesús no remitió solamente al principio teológico del poder ilimitado de Dios; invitó a abrir los ojos y percibir cosas que ya estaban sucediendo en presencia de sus oyentes: “dichosos vuestros ojos por lo que ven” (Lc 10,23); “si yo por el dedo de Dios… es que el Reino ha llegado a vosotros” (Lc 11,20). Los discípulos tienen ante sus ojos ejemplos luminosos, como el del convertido Zaqueo, que reparte sus bienes (Lc 19,8), o la viejecita, que da limosna hasta quedarse sin nada (Mc 12,44), y tantos más.

Aprendamos nosotros a percibir los numerosos signos de Reino de Dios que nos rodean, y no tanto los signos del antirreino residual que nos hieren; y, cuando confesemos a Dios como creador y señor del cielo y de la tierra, hagámoslo con convicción y extraigamos las consecuencias inmediatas e ineludibles, aunque no siempre del todo perceptibles.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

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Comentarios
Dios actua y a medida que tomamos conciencia de su actuacion en nosotros nos exige.Mientras mas concientes somos de su intervencion mas exige, no lo experimentaron?
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gustavo gustavo
el 31/1/14
El Senor, compara el Evangelio con la semilla que cae a la tierra y va germinando, creciendo, hasta dar frutos. Asi, la palabra de Dios cae en nuestro Corazon y empieza a germinar, hasta que se apodera de toda nuestra mente, hasta dar los frutos necesarios, para seguir propaganda el reino de Dios.
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Joselito H. Joselito H.
el 31/1/14
En la parábola de la semilla llama la atención su autonomía: crece por sí misma. Dando por descontado la preocupación y el trabajo del labrador, se busca hacer hincapié en el crecimiento de la semilla y del Reino al margen de nosotros. Se trata del Reino de Dios. Y es Dios mismo el que, admitiendo la cooperación humana, propicia el crecimiento, nuestra dependencia con respecto a él Toda la potencialidad del Reino está ya en la semilla, en la predicación, en la Buena Noticia de Jesús.
Debemos de mantener la confianza en que la Iglesia permanecerá fiel a su misión. Basta con mirar la historia para ver el gran desarrollo evangelizador de la Iglesia a lo largo de los siglos.. Es un milagro que hoy sigue sucediendo y que caracteriza la vida de la Iglesia. Por ello ésta emprende s » ver comentario
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wilmer373 wilmer373
el 31/1/14
Queridos hermanos, es tiempo de la siembra, es por eso Jesús sale a dedicarnos su tiempo en comparar mediante parábolas como es semejante el reino de Dios, por eso esperemos que nuestra semilla sea de frutos excelentes, por mas pequeña que este sea, nosotros debemos sembrar ante nuestros hermanos las semillas que germinen en grandes cosechas, pues busquemos donde sembrar, aún si nuestras semillas cayeran en tierras áridas ya habremos cumplido con sembrar y si nuestros hermanos a quienes sembramos no acatan lo que Dios quiere para ellos, ya pues cumplimos en darle la buena nueva.
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pedro Anibal pedro Anibal
el 31/1/14
Señor Jesús, gracias por tener misericordia de mí que soy pecador.
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Irenarco Cala Irenarco Cala
el 31/1/14
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