Comentario al Evangelio del

Francisco Javier Goñi, cmf

En medio de toda su frenética actividad, Jesús siempre saca tiempo para quedarse a solas con su Padre Dios. El evangelio de hoy nos habla de una curación concreta, la de un enfermo de lepra. Pero se nos dice también que cada vez eran más y más los que acudían a él para escucharle y para que les curara de sus enfermedades. Nos imaginamos a Jesús con grupos de gente cada vez más grandes, a los que anunciaba el Evangelio, curaba sus enfermedades, les atendía personalmente y les invitaba a la conversión. Pero hiciera lo que hiciera, siempre buscaba un tiempo para orar. A veces de noche, a veces en medio de su actividad diaria, a veces en despoblado, a veces a la orilla del lago, a veces en el desierto, a veces en la montaña. Toda su actividad y hasta su mismo ser manan como de una fuente de su relación con el Padre. Y Jesús, al parecer, la mantenía y alimentaba todos los días.

Su relación es tan profunda que Jesús llegará a decir que el Padre y él son uno. Su unión con el Padre no es sólo una unión ontológica en el seno de la Trinidad, es una verdadera relación personal vivida por Jesús en toda su profundidad día tras día. No podía ser de otra manera: él es el Hijo del Padre. Por su Encarnación consecuente, Jesús necesita historificar y existencializar su unidad ontológica con Dios en una relación interpersonal vivida en el tiempo. Gracias a eso podemos contemplar en Jesús la realización más plena de una relación profundamente humana y temporal con Dios, hacia la que estamos llamados a avanzar. Podemos encontrarnos con el Padre, podemos vivir una verdadera relación de amor interpersonal con él, podemos vivir y percibir nuestra filiación divina en Jesús, por él y con él: él es el camino hacia el Padre.

Si para Jesús fue importante y necesario vivir esta relación en tiempos concretos de su día a día, ¡cuánto más lo será para nosotros! Sea cuál sea nuestra situación, nuestras actividades, nuestro tiempo disponible o nuestras posibilidades, es vital para nuestra vida de fe y de seguimiento encontrar momentos concretos para vivir una relación personal con él y, a través de él, con nuestro Padre Dios.

Comentarios

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Joselito H.
Joselito H.

el 11/1/14
Senor, ayudame, sana la lepra que tiene micuerpo enfermo y no me deja avanzar, hacia tu morada.
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PEDRO ANIBAL
PEDRO ANIBAL

el 11/1/14
Queridos hermanos, Juan en su carta es contundente al asegurar que quien vive dentro del espíritu de Dios es hijo de la Luz y por lo tanto tiene vida eterna, por que Dios lo dotó de la herencia que muchos por sus hechos la tienen ganada.
Lucas, en el evangelio nos narra como Jesús sana a los enfermos, hoy nos toca postrarnos delante del Señor y pedirles que también nos sane el corazón y nos ayude a desterrar las enfermedades que nos hace imposible lograr alcanzar la gracia de Dios, por que el Señor es todo amor y vive para amarnos, por que somos sus hijos y esta dispuesto a perdonarnos por mas fuerte que sean nuestras faltas, es por eso que nos dice tus pecados te son perdonados, ve y haz el bien.
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