Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos, cmf

Hermanas y hermanos:

Os invito a hacer una “lectio vocationalis” a partir del evangelio de hoy. La perspectiva vocacional no es el enfoque exclusivo de esta parábola que recoge Lucas. Pero es apto y pertinente para cualquiera de nosotros, sea cual fuere nuestra vocación específica. Encuentro cinco tesis que, por su claridad y precisión, nos ayudarán a orar y a pensar.

  • Toda vocación es como una invitación a un banquete, a una fiesta singular. Dios nos llama a la alegría, aunque no lo percibamos en un primer momento. María fue la primera que lo advirtió en su personalísima vocación. Toda vocación tiene mucho de fiesta y de desmesura. No es un acontecimiento de penitencia o de reparación. La tristeza no tiene cabida aquí.
  • La vocación no es una opción más ni en las oficinas de empleo ni en el escaparate de los deseos egocéntricos. Requiere una invitación personal. Se necesita ser llamados por Alguien. Quien invita traslada al invitado al territorio de una decisión trascendente y responsable. Éste podrá aceptarla o rechazarla, pero nunca autoinvitarse.
  • Aunque no es como un manjar de buffet libre, la vocación no está reservada para una élite. Se ofrece incluso a los pobres, a los tullidos, a los cojos, a los poco capacitados… a todos. Están invitados también aquellos que se sienten disminuidos y excluidos… no solamente los buenos, inteligentes y sanos. Dios elige a quien quiere. Hasta a los que no se lo merecen.
  • La aceptación o rechazo de la llamada de Dios tiene sus consecuencias. Y son graves. En nuestras relaciones ordinarias rechazar la invitación de otro no trae, de ordinario, mayores consecuencias. Con la invitación de Dios no ocurre lo mismo. Acoger o rechazar la invitación de Dios comporta ganar o perder una ocasión preciosísima de dar sentido y de realizar la vida, que no  es comparable con nada.
  • Podemos autoengañarnos. Rechazar la vocación de Dios es un acto grave de irresponsabilidad. Quien lo hace, suele jugar a la “excusitis”, que es aquello que los psicólogos llaman “racionalización” y que, en cristiano, denominamos “autojustificación”. Se buscan pretextos y coartadas para autoexcluirse. Otra forma de sortear la irreparable amargura del “no” a Dios, por desconfianza o por autosuficiencia.

Pararnos a escuchar esa inmerecida invitación nos permite comprobar que nuestra pobreza, nuestro límite, nuestras sombras no ahuyentan a Dios… sino que le permiten mostrarse como es Él: ¡espléndido!

Hermano en el Señor
Juan Carlos cmf 

Comentarios
gloria gloria
el 5/11/13
La persona que invita a un banquete elige a sus invitados, porque quiere compartir con ellos, algo especial, puesto que los une un sentimiento. Jesús nos esta llamando constantemente a su banquete de amor, misericordia y vida eterna. Prestemos atencion a ese llamado, no lo despreciemos, pues se trata de nuestra salvacion y vida en abundancia.
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PEDRO ANIBAL PEDRO ANIBAL
el 5/11/13
Queridos hermanos, día a día Cristo Señor nuestro nos invita a su banquete pero muchas veces inventamos una excusa, pero la generosidad de Dios nos exculpa, aun así insiste en proseguir invitándonos a pesar de todo, estemos siempre dispuestos a asistir sin excusas al banquete del Señor, adecuemos nuestro comportamiento hacia Dios que nunca deja de tener en cuenta a sus hijos pese a nuestros malos comportamientos.
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Fredy Carcamo Fredy Carcamo
el 5/11/13
¿Por que las personas "importantes" no le prestan atencion? por la simple y llana razon de que las preocupaciones derivadas de sus bienes, de su trabajo y de su familia acaparan todas sus fuerzas y deseos y ya no les queda si no un interes residual por otras ofertas que, aunque sea importante en el plano religioso, carecen de significado en el plano pragmatico. Al llenarse la casa de personas socialmente "insignificante" sobra aun espacio para nosotros los invitados descorteses. El desafio que nos lanza Jesus es que nos demos cuenta quienes somos realmente. Que el divino Creador me asista siempre. Amen
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Joselito H Joselito H
el 5/11/13
El Senor nos dice a traves del Apoostol Pablo, que aunque seamos tantos los creyentes, somos un cuerpo homogeneo, pero cada quien tiene su Don y su mission que Dios les ha encomendado; podemos ser servidores, predicadores, animadores etc. pero somos un cuerpo mixtico.
El Evangelio de hoy nos habla del banquete que un senor preparo para unos invitados que a la hora de compartir, todos los invitados se excusaron, porque habian comprador un terreno, porque tenian que probar una yunta o porque eran recien casados. Asi nos sucede a nosotros muchas veces cuando el Senor nos invita a participar en el banquete de la Santa Misa, que ponemos mil excusas y dejamos de cumplir con ese compromise.
Senor te pido que me ayudes a escuchar siempre el llamado que Tu a diario me esta hacienda y no dejarlo p » ver comentario
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GRISELDA LOPEZ GRISELDA LOPEZ
el 5/11/13
LA INVITACION ES PARA TODOS, LA DECISION ES VOLUNTARIA PERO ES GANANCIA, PORQUE AL ACEPTARLA Y DARLE SEGUIMIENTO, DESCUBRIMOS QUE SIN EL NO SOMOS NADA.
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lucia del valle lucia del valle
el 5/11/13
a veces estamos tan atareados con los problemas paganos nuestros q no percatamos el llamado de Dios... y lo dejamos de lado.... no esperemos estar enfermos tristes . amargados para .. salir al encuentro de este..DIOS q te llama siempre y esta dispuesto a escucharte... preparemos nuetro corazon para sentir su llamado siempre... bendito seas x siempre..SEÑOR!!!
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edulop edulop
el 6/11/13
El cielo no tiene puertas, está abierto a todos. El Señor en su bondad quiere vernos a todos alegres de participar en los bienes de su Casa, el cielo; pero la respuesta es personal, de cada uno, y al no contar con el equipaje de la fe, que es conocimiento de Dios y la falta de la caridad operativa, el bien a los demás, nos podemos excluir. Lo esencial, es, pues, construir ese edificio espiritual, que nos haga creer, amar a Dios y hacer cuanto nos ha enseñado a través de su Hijo, Jesús.
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