Comentario al Evangelio del domingo, 13 de octubre de 2013

Enviar por email En PDF Imprimir
José María Vegas, cmf

El poder de la desgracia y el poder de Dios

La lepra tiene hoy un protagonismo central en la Palabra de Dios. La lepra era considerada en la antigüedad no sólo la enfermedad terrible que realmente era por los estragos que producía en el cuerpo del enfermo, sino también una maldición de Dios y causa de exclusión de la comunidad humana y, en el caso de Israel, de la comunidad de la salvación. Muy posiblemente el origen de esta exclusión estaba en el muy humano temor al contagio, que luego se revestía de motivos religiosos y teológicos. Pero el eje de la lepra se cruza hoy con otro no menos importante: la calidad de extranjeros de los dos protagonistas: Naamán, el sirio, y el samaritano curado por Jesús. Los sirios eran y, por desgracia, continúan siendo hoy enemigos tradicionales de Israel; los samaritanos, a causa de su origen (colonos que ocuparon las tierras de los judíos en la época del exilio), eran a los ojos de los israelitas usurpadores, que además habían pervertido la pureza de la fe mosaica. Si los leprosos eran excluidos por causa de la enfermedad, el sirio y el samaritano lo eran además por razón de su identidad nacional y religiosa.

Pero, he aquí que la lepra opera una paradójica metamorfosis. En el caso de los diez leprosos, la enfermedad une e iguala a judíos y samaritanos, enemigos irreconciliables en circunstancias normales. La desgracia difumina las fronteras nacionales y religiosas, porque nos despoja de  identidades externas y seguridades artificiales, y deja al descubierto nuestra común condición humana. De hecho, en el caso de los diez leprosos, nos enteramos del origen samaritano de uno de ellos sólo después de la curación. Sólo en condiciones normales reemergen las diferencias “normales”, que la enfermedad había borrado. Algo parecido sucede con Naamán, hombre rico y poderoso, acostumbrado a mandar y no a pedir. La desgracia de la lepra le despoja de sus títulos y le lleva a inclinarse, suplicar y obedecer al profeta de un pueblo que él consideraba inferior.

La desgracia es poderosa, nos despoja, amenaza con destruirnos y, en esa misma medida, nos retrata, nos ayuda a comprender quiénes somos realmente: en la necesidad descubrimos mejor la desnuda humanidad que nos hermana. Ante el sufrimiento humano en cualquiera de sus versiones caen las caretas, las falsas identidades y los prejuicios, y queda al descubierto sólo el rostro sufriente del hombre. La única respuesta humana ante la realidad del sufrimiento ajeno es la compasión, la capacidad de padecer-con y tender la mano a aquel con el que, en otras circunstancias, estaría enfrentado por mil variados motivos (ideológicos, nacionales, raciales o religiosos), pero que en la situación actual se me revela como “propio”, miembro de la común humanidad.

Dios se ha acercado a nosotros compartiendo nuestra condición humana. Que la presencia del Verbo de Dios en nuestro mundo es una verdadera encarnación y no, una mera apariencia (como han afirmado todas las formas de gnosticismo antiguo y moderno como la New Age) se descubre precisamente en su capacidad de compadecer. Dios no nos salva de nuestras desgracias “desde arriba”, sino en Jesucristo, esto es desde nosotros mismos, compadeciendo, padeciendo con nosotros, tomando sobre sí nuestras desgracias. Si el poder de la desgracia actúa despojándonos, el poder creador de Dios actúa despojándose él (“se despojó de sí mismo” Flp 2, 7) para recrearnos, curarnos, perdonarnos, rehabilitarnos. Esta es la diferencia: lo que nos descubre el poder de la desgracia (nuestra común humanidad) se hace a un alto precio, que amenaza con acabar con nosotros. Lo que nos da el poder de Dios, la salvación y la vida, es gratuito.

En el caso de Naamán es inevitable ver una figura del Bautismo. Después de bañarse en el Jordán, su carne quedó limpia “como la de un niño”. Realmente se había producido un nuevo nacimiento. Y no sólo en la carne, sino también en el espíritu. Naamán experimenta la fuerza recreadora del Dios de Israel, y, llevado por su mentalidad pagana y de hombre rico, quiere “compensar” al que cree que lo ha curado, pero, iluminado por el mismo profeta, comprende la gratuidad de la acción de Dios y que la única forma válida de agradecimiento es inclinarse y adorar al Dios verdadero. La vinculación inseparable para la mentalidad antigua de religión y nación le hace llevarse consigo una “porción” de la tierra del único Dios que salva, para, sobre ella, orar y adorarle sólo a Él. La verdadera gratitud es la de un corazón que reconoce, confiesa y, en consecuencia, testimonia la salvación que ha recibido de Dios.

El detalle de la extranjería de Naamán no es banal. Lo vemos con crudeza en el caso de los diez leprosos. Podemos estar siendo depositarios de la acción salvífica de Dios, haber renacido del agua y del espíritu, hechos hijos de Dios, experimentado el perdón y participado en la mesa eucarística del Reino de Dios, y, al mismo tiempo, reducir toda esa acción gratuita y recreadora de Dios a una cuestión legal, como los nueve leprosos judíos, que se limitaron a cumplir la ley, y se olvidaron de agradecer, es decir, de alabar, adorar, confesar y testimoniar como el samaritano, que “se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias”.

Los otros nueve recibieron la gracia de la curación y “cumplieron” la prescripción legal en el templo. Dios había cumplido su parte y ellos, la suya. Todo en orden. Es, ciertamente, una forma de entender “la religión”, eso, “en orden”. “Cumplir”, más o menos, con nuestros “deberes” religiosos, ir a la iglesia los domingos, o, al menos, alguna veces, en las grandes fiestas; bueno, o cuando las circunstancias lo imponen (ya se sabe, bodas, bautizos y funerales); o “cumplir”, como muchos dicen, siendo buena persona; parece que Dios se conforma con eso, que no matemos ni robemos y paguemos nuestros impuestos… Yo cumplo mi parte, que Dios cumpla la suya… Casi resulta que es Dios el que está en deuda con nosotros, ya que somos tan cumplidores (unos con la liturgia, otros sólo con su moral de mínimos). Una fe legalista y cumplidora que no se vuelve a reconocer, a agradecer, a confesar, una fe que no grita ni se prostra ante ese Cristo, que, no lo olvidemos, ya ha actuado en nosotros, es una fe que no sabe dónde está realmente el templo vivo de Dios. Naamán se llevó tierra de la tierra prometida, “tierra santa”, para llevarse consigo en cierto modo al Dios que le había hecho volver a nacer. El samaritano fue capaz de reconocer que el verdadero templo de Dios no estaba en Jerusalén, sino en aquel rabino galileo que le había devuelto la salud y la vida. El hereje samaritano resultó ser el único verdaderamente creyente: “tu fe te ha salvado”, le dice Jesús.

Jesús nos llama hoy a reavivar nuestra fe: a no acostumbrarnos a la gracia y a la salvación, abaratándolas y banalizándolas. No nos dice que no vayamos al templo, ni que ser judío (es decir, cristiano, miembro de la Iglesia) es malo y “los de fuera son mejores” (como tantas veces oímos y decimos); sino que nos recuerda que esa pertenencia no es suficiente si la reducimos a costumbre, identidad cultural o mero cumplimiento legal, si perdemos la capacidad de sorpresa, agradecimiento y confesión, a las que a veces están mejor dispuestos quienes experimentan la novedad de Dios por vez primera.

Para evitar esa rutina que mata o entumece la fe es preciso refrescarla, esto es, como le dice Pablo a Timoteo, hacer memoria de Jesucristo. Esta memoria no es un mero y desvaído recuerdo, sino un memorial pascual, el de la muerte y resurrección de Cristo, que se realiza y en el que participamos realmente en la Eucaristía, pero que requiere por nuestra parte perseverancia y fidelidad, para que esa palabra asimilada hable en nosotros y dé testimonio con libertad (“la palabra de Dios no está encadenada”), gritando como el samaritano, que hace suyo el salmo 65: “venid a escuchar, os contaré lo que ha Dios hecho conmigo”, o como gritan y cantan Zacarías: “¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel!” (Lc 1, 68), y, mejor que nadie, María: “¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!” (Lc 1, 46).

icono comentarios 21 comentarios

Si te ha gustado, compártelo:
Comentarios
mmm, porqué siempre cuando leo un comentario (reflexión) tiendo a pensar que es uno más de lo mismo? es decir, que es de triunfadores (gente que viene a agradecer), que siempre sale uno o dos de entre muchos como los santos...acaso Cristo no demostró ser un "fracasado"? es decir, prueba mayor es la cruz, símbolo de derrota-muerte. Ha sucedido desde siempre, es cosa casi natural en ser humano, excluimos a los débiles, a los que son medio desatentos, a los no santos, etc....sucede en todos los ambitos de la vida incluyendo a la religión. Jesús, ayúdanos a reorientar nuestra vida a otro nivel, no al nivel humano, somos frágiles y cortos de sabiduría. Danos la sabiduría que proviene de ti, que no nos quedemos en proyecciones meramente humanas al acontecimiento encarnatorio. Que Jes » ver comentario
0
andres j. andres j.
el 11/10/13
El evangelista Lucas nos presenta hoy a Jesús camino
de Jerusalén.
A llegar cerca de una aldea,le salen al encuentro diez
hombres enfermos de lepra. A estas personas no se
les permitía acercarse a las aldeas ni a los lugares donde había gente,no podían ser tocados por nadie.
Ellos, al ver que Jesús pasaba por allí, comenzaron a
gritar:"¡Jesús,Maestro,ten compasión de nosotros.!"
Jesús les dijo:"Id a presentaros a los sacerdotes".
Durante el camino, se dieron cuenta que estaban
curados.
Uno de ellos, que era samaritano, al verse curado,
gritaba alabando a Dios. Y postrándose ante Jesús
se inclinó hasta el suelo para darle gracias.
Saber agradecer, es un sentimiento profundamente
cristiano y humano porque supone reonocer, con
humildad. que nuestras solas fue » ver comentario
0
victoriasnchez victoriasnchez
el 12/10/13
Leí, que siempre tenemos algo que aprender hasta de los enemigos...gratuitos.
En este caso, toman a un samaritano, al igual que la parábola del buen samaritano, para enseñarnos a los mas entendidos... humildad. Al reconocer a su prójimo y compadecerse, fue misericordioso; no lo excluyo. Hoy lo vemos humilde y agradecido, lleno de Fe y sano y salvo.
En la parábola del fariseo y el publicando; Jesus nos asegura que aquel que se quedo de ultimo sin levantar la mirada y pidiendo perdón, ese, volvió a su casa salvo, mientras aquel, con mas conocimiento lo miraba con desprecio y daba gracias por no ser como aquel, ese, no volvió a su casa justificado.
Señor, ayudame a mirar con tus ojos, yo quiero sentir, con tu corazon, no quiero ya seguir siendo invencible...
El resto de esta » ver comentario
0
Jacky. Jacky.
el 12/10/13
ps es tener compasion con Dios como dice a qui :Jesús nos llama hoy a reavivar nuestra fe: a no acostumbrarnos a la gracia y a la salvación, abaratándolas y banalizándolas. No nos dice que no vayamos al templo, ni que ser judío
0
bernarda bernarda
el 12/10/13
Reconozco que mi agradecimiento debe ser no únicamente con mis labios ni cumpliendo los mandamientos por lo que DIOS hace por mi, mi gratitud debe ser de corazón y reflejarse en mi forma de vivir que sea mi testimonio de vida una forma que muestre mi esfuerzo de hacer al SEÑOR el centro de mi vida asimismo gritar con todas mis fuerzas QUE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ES EL ÚNICO DIOS QUE SANA Y SALVA Y QUE NO ESTA EN NINGÚN TEMPLO HECHO POR HOMBRES SINO EN EL CORAZÓN DE CADA UNO DE NOSOTROS
0
Norma Peraza Norma Peraza
el 12/10/13
El Evangelio de hoy me enseña como debo dar gracias a DIOS .Siguiendo el ejemplo del samaritano dejar atrás mi soberbia mi orgullo y rendirme humildemente a ese profundo amor incondicional de Dios que me manifiesta con tantas bendiciones especialme el gran regalo de la vida
0
Norma Peraza Norma Peraza
el 12/10/13
En el Evangelio Dios me esta diciendo que realmente es la intencion del corazón lo que vale y no la rutina de nuestros actos, y quizás el creernos mejores porque constantemente estamos frecuentando los sacramentos y estemos orando y haciendo obras de caridad. Lo mas grande del cristiano es el amor y la misericordia......
0
nuvama nuvama
el 13/10/13
muchos estan en el poder miran lo que esta pasando pero no son dignos de ver que hacer por el progimo el evangelio nos viene a orientar ayudar al que lo necesita. amad a vuestros enemigos.
0
josé cruz josé cruz
el 13/10/13
vivamos el amor al projimo para ser felices el futuro
0
josé cruz josé cruz
el 13/10/13
Dios que es infinitamente misericordioso siempre está atento a nuestro arrepentimiento. Lo importante es que este salga nuestro corazón con nuestra fe, nuestra esperanza y especialmente nuestra caridad hacia nuestros hermanos los más necesitados. Hagamos nuestra oración personal pensando en que venimos fallando para que Él nos tienda su mano bondadosa y nos perdone con ese amor infinito que nadie más nos puede dar.
0
MARÍA EUGENIA G MARÍA EUGENIA G
el 13/10/13
Día de agradecimiento de tantos favores recibidos diariamente y que pasan desapercibidos;,día para alimentarnos y aferrarnos en la Fé. .Invocación al Espiirtu
Santo para que en el transcurrir de nuestras vidas,permamezca viva esta llama en nosotros .Amén
0
carlos penagos carlos penagos
el 13/10/13
Jesús me ama soy ana afortunada y quiero ser agradecida como el que le da gracias en el relato del evangelio a mi me ha curado dándome la gracia de querer conocerle cada dia más leyendo su evangelio
0
Celerina Celerina
el 13/10/13
Le doy gracias a Dios pues soy una afortunada por haberle conocido y siento el deseo de darle gracias como el samaritano curado y quiero manifestar lo en este comentario
0
Celerina Celerina
el 13/10/13
FANTASTICO
0
u66u878 u66u878
el 13/10/13
Que ingratos somos con frecuencia, al no reconocer la mano amorosa de nuestro Padre Celestial en cada paso que damos, en lo trascendental y en los pequeños detalles. Gracias mil gracias Señor porque siento tu prescencia en cada paso que doy.
0
Ana Lorena Ana Lorena
el 13/10/13
Jesús se compadeció, PADECIÓ - CON esas personas que SUFRIAN la enfermedad de la lepra. Luego ya sabemos, uno de esos diez (además samaritano) volvió para agradecérselo. Matemáticamente supone el 10%, conviene que HOY meditemos esta baja proporción de los agradecidos, comenzando por cada uno de nosotros.
0
Txetxu Txetxu
el 13/10/13
Wao, la desgracia Nos hace Humanos. Una sola raza, in solo color,
un solo nivel social, ni ricos ni pobres. La Utopia. Hoy Las lecturas Nos pegan duro. Nos hacen revisarnos desde adentro. Demos gracias aDios por hacernos unasolaRaza, Humanos!!
0
R Martinez R Martinez
el 13/10/13
hoy he dado gracias a dios por su gran bendicion en darme la dicha de ver un nuevo dia . lo hago casi todos los dias . aqui en el evangelio de hoy puedo decir que como el samaritano que dios gracias a dios y los otros no . me pasa aveces, gracias a señor .
0
pedro gtz pedro gtz
el 13/10/13
que evangelio :') es para meditar mucho sobre estar agradecidos con Jesus C:
0
Gabriela BJ Gabriela BJ
el 14/10/13
Me da tristeza pensar cómo Jesús de cierta manera reclama el agradecimiento de los nueve leprosos curados. El egoismo no permite a muchos agradecer los bienes recibidos. A veces, como dice el comentario, sentimos que es DIOS, quien esta en deuda con nosotros. Pido de todo corazón al SEÑOR, no perder de vista que somos barro, por nuestra fragilidad y pecado, y que todo lo recibimos por GRACIA.
0
María del Carme María del Carme
el 14/10/13
señor, quiero ser ante ti como aquel leproso, llena de gratitud por las cosas grandes que has hecho en mi vida y en la de mis seres queridos.l
0
luz toro v luz toro v
el 15/10/13
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.

Palabra diaria

Jueves, 27 de noviembre de 2014

FERIA
Lc 21,20-28. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.

Lecturas Comentario
Liturgia Calendario
GodGopssip
Ciudad Redonda en su email :

Últimos usuarios de Ciudad Redonda