Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

La fe viva y el servicio a los hermanos

“En algo hay que creer” es una expresión que se repite frecuentemente y que, pese a ser tan imprecisa y desvaída, encierra una gran verdad. Todo ser humano cree de hecho en algo, en el sentido de que tiene su confianza puesta en ese algo que le da orientación y sentido. Incluso los que no creen, esto es, los que carecen de fe religiosa, son a su manera creyentes, creen en “algo”, creen (y son frases que posiblemente todos hemos oído alguna vez) en la libertad, en la justicia, en el progreso o en la ciencia. Porque, de hecho, en la vida humana, es imposible traducirlo todo a evidencias inmediatas y hay que dejar siempre un espacio a la confianza en ese “algo” que no es objeto de certeza actual o experiencia directa, sino de deseo y de esperanza. Hasta los positivistas más acérrimos, que dicen confiar sólo en la ciencia positiva, hacen con ello profesión de una cierta fe, pues confían (sin evidencia) en que la ciencia irá desvelando en el futuro todos los misterios de la naturaleza.

Esta fe como confianza juega un papel capital en la vida humana, porque es ella la que orienta nuestras opciones prácticas, la selección de nuestros valores y, en consecuencia, nuestra acción.

Cuando vivía en Krasnoyarsk asistí a las clases de filosofía de un viejo profesor soviético, que hablaba de la dialéctica de la materia (con la que resolvía todo tipo de problemas filosóficos) con la unción de un verdadero creyente (huelga decir que jamás aportó ni una sola prueba científica al objeto de su fe, que él tenía por ciencia). Y recientemente hemos visto cómo uno de los representantes más activos del ateísmo contemporáneo, Richard Dawkins, negador de todo sentido y de todo valor que trascienda los límites de la biología, ha iniciado una verdadera cruzada contra la religión y contra todas sus expresiones, pues aunque niega que existan el bien y el mal, considera muy malo que haya quienes defienden lo contrario y, al parecer, muy bueno dedicarse a combatirlos. Es decir, también estos descreídos militantes acaban creyendo “en algo”. Sin esa mínima fe no podrían actuar en ningún sentido, ni movilizarse en favor o en contra de nada.

Y es que la fe tiene un sentido humano que es inevitable. La fe es ante todo, hemos dicho, confianza. La confianza es la base de las relaciones humanas, de la amistad, hasta de la economía, no digamos ya del amor. Quien vive en la desconfianza sistemática es incapaz de abrirse a nada ni a nadie y está cerrado a una relación personal auténtica, lo que es, y así lo enseña la experiencia, fuente de sufrimientos indecibles.

Por otro lado, la fe como confianza no es, como suele afirmarse, una actitud ciega. Es verdad que la fe implica aceptar lo que no se ve directamente y, por ello, tiene inevitablemente un componente de riesgo, pero eso no significa que no exista absolutamente ningún modo de garantizar el objeto de la fe. En las relaciones humanas hay todo un sistema de signos (comportamientos, actitudes, expresiones) que nos dicen que tal persona o grupo o institución son o no “dignos de crédito”, por lo que es razonable o no depositar en ellos nuestra confianza. El que otorga su confianza de manera completamente ciega es que es un crédulo, y el mismo uso del lenguaje nos indica que no es lo mismo la credulidad que la fe.

Pues bien, también en el ámbito religioso no cualquier fe, es decir, cualquier objeto de fe y cualquier modo de creencia, son igualmente aceptables. Para que la fe religiosa sea una virtud teologal debe dirigirse a un objeto verdaderamente existente; además debe dirigirse a una objeto que sea digno en sí mismo (y, por eso, digno de fe); finalmente, es preciso relacionarse dignamente con ese objeto digno de fe. Así, depositar la propia fe en objetos de superstición, como el horóscopo o la piedra filosofal que convierte cualquier cosa en oro, es caer en la credulidad ilusa en objetos inexistentes. Puede creerse en objetos reales, pero que no son dignos de una relación de fe: como quienes depositan su confianza en el diablo o, de manera más pedestre, en algún embaucador religioso o político. Finalmente, es posible creer en algo existente y digno de fe, pero hacerlo de manera indigna, como en el caso citado por el apóstol Santiago (2, 19), que dice que los demonios creen en Dios y tiemblan, pues creen de manera indigna (no con alegría y confianza, sino con horror y repugnancia). Así pues, hablando de fe religiosa, “puede considerarse virtud sólo una fe en el Ser supremo, que se dirige a Él con dignidad, que significa con una libre piedad filial” (V. Soloviov, La justificación del Bien, cap. 5, IV ).

La relación que los discípulos de Jesús tenían con él era una relación de fe. No eran sólo aprendices de una doctrina o de una cierta forma de vida, sino que estaban ligados al Maestro por una relación de profunda comunión vital, que implicaba reconocer y confesar en él al Mesías de Dios. Más allá de la evidencia de su realidad humana, sus palabras y sus hechos invitaban a una actitud fiducial: creer que en él se cumplían efectivamente las antiguas promesas contenidas en la ley y los profetas. Los discípulos habían sido testigos en numerosas ocasiones de cómo Jesús alababa la fe de aquellos que le pedían curación, liberación o perdón. Posiblemente sentían que la fe que profesaban por el Maestro se tambaleaba a veces, especialmente cuando experimentaban la enemistad y las amenazas que provenían de gentes dotadas de autoridad y prestigio. Y es que, efectivamente, la fe se pone a prueba ante las dificultades de todo tipo que nos rodean. La primera lectura lo ilustra con fuerza expresiva. Puede tratarse de la evidencia del mal en el mundo, que parece dominar y campar por sus respetos con insolencia; pueden ser dificultades personales y la impresión de que Dios no responde a nuestras peticiones; pueden ser dudas internas que nos asaltan a veces, porque, como hemos dicho, la fe tiene ciertamente un componente de riesgo, y las bases en que se apoya no son demostraciones axiomáticas o evidencias de laboratorio. Los discípulos sentían, por un lado, que Jesús exigía de ellos ante todo una respuesta de fe; por otro, experimentaban las flaquezas propias de la actitud fiducial. De ahí que, con buen criterio, le piden a Jesús que aumente su fe. Una petición que también nosotros podemos hacer hoy. Porque, aunque frecuentemente hablamos de tener o no tener fe, ésta no es un mero objeto de posesión, sino una actitud viva, que puede padecer anemia o raquitismo si no se la alimenta adecuadamente, o crecer y robustecerse hasta dar frutos.

La respuesta de Jesús, de entrada, puede sorprender. Más que concederles el don solicitado parece lanzarles un reto: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza…” Parece dar a entender que la fe no es cuestión de cantidad, sino de calidad. Lo importante es que esté viva, como una semilla, y entonces, por pequeña y débil que parezca, es capaz de obrar milagros y hacer cosas imposibles. La alusión a la morera (planta de profundas y ramificadas raíces, difícil de arrancar) hay que entenderla en el sentido metafórico en que decimos nosotros que “la fe mueve montañas”. La fe viva, en efecto, nos pone en movimiento y nos permite realizar cosas que, de otra manera, se nos antojan imposibles.

Ahora bien, ¿qué significa realmente una “fe viva”? No se trata de un poder nuestro para hacer cosas extraordinarias, como si gracias a la fe nos convirtiéramos en una especie de taumaturgos capaces de sorprender a quien se nos ponga por delante. La fe de la que hablamos aquí, la fe en Jesús, es la confianza en su palabra, la acogida de la misma y la disposición a ponerla en práctica. Como realidad viva que es, a imagen de la semilla, requiere ser cultivada y, como dice Pablo en la segunda lectura, reavivada. Ante las dificultades internas y externas, la fe probada se convierte en fidelidad: las últimas palabras de la profecía de Habacuc se traducen a veces de esta manera: “el justo vivirá por su fidelidad”. Y una fe que confía y es fiel es una fe que se enfrenta con valentía a las dificultades, que no se esconde, que da testimonio. El supremo ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús, que vive en la plena confianza en su Padre, y fiel a su misión, llega al extremo de entregar su propia vida.

En el texto evangélico podemos tener la impresión de que tras la breve catequesis sobre la fe, Jesús cambia de tercio y se pone a hablar de algo totalmente distinto. Pero, en realidad, existe un profundo vínculo entre las dos enseñanzas. Si, como hemos dicho,  la fe se alimenta de la palabra de Jesús escuchada, acogida y puesta en práctica, la alusión al servicio no es casual. La fe no es una confianza pasiva, sino que nos pone en pie y nos hace vivir activamente, actuar. Y, ¿cuál es el género de acción que, como fruto de la semilla, procede de la fe en Jesucristo? El que cree en Él debe vivir como vivió Él (cf. 1 Jn 2, 6). Si Él vino a servir y a entregar su vida en rescate por muchos (cf. Mt 20, 28), el discípulo de Jesús ha de ser un servidor de Dios y de sus hermanos. Si es un verdadero creyente, éste es el milagro que la fe opera en él: arrancarlo de las raíces del egoísmo y de la seguridad y plantarlo en el mar arriesgado del servicio a los demás. Vivir en actitud de entrega y servicio no es una dimensión sobreañadida a la fe, algo de lo que podamos enorgullecernos o por lo que debamos exigir un salario, sino la consecuencia natural de ese “vivir por la fe”, de ese espíritu de energía, amor y buen juicio; es el fruto de esa semilla de la fe que la palabra de Jesús ha plantado en nuestro interior.

Después del Concilio Vaticano II en pleno proceso de renovación eclesial había un dicho muy significativo sobre el papel y el sentido de la Iglesia en el mundo: “una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”. Lo mismo podemos decir nosotros de nuestra fe: una fe que no nos pone en una actitud de servicio es una fe débil y mortecina, si no ya totalmente muerta. Pero también la inversa es verdadera: para fortalecer, reavivar y aumentar nuestra fe, además de pedírselo al Señor en la escucha de su palabra, hemos de ponernos enseguida al servicio de los hermanos.

Comentarios
victoriasnchez victoriasnchez
el 4/10/13
La "FE" es el tema dominante ,que en este Domingo
XXVII del Tiempo Ordinario,nos presenta el evangelista
(Lucas 17,5-10).
Tema muy importante porque todos necesitamos
"CREER".
Tal vez, en alguna ocasión, nos hayamos hecho esta
reflexión:"Parece que me falta "FE", ya no soy como
antes,dudo de todo".
Pero...las dudas,dice el cardenal Newman ,que se
convirtió del protestantismo al catolicismo: "Quien es capaz de soportar dudas:"CREE".
Luego...lo problemático para creer no son las dudas e
interrogantes,que en ocasiones nos preocupan, sino,
tal vez,la indiferencia y la superficialidad de nuestra vida.
Cerrándonos de esta manera,a buscar la verdad de
Dios.
Nuestra "FE",debe ser alimentada cada día,pidiendo al
Señor que nos la aumente,de tal manera,que seamos
capaces » ver comentario
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Jorge Burbano Jorge Burbano
el 5/10/13
la fe que no se comunica se apaga, la fe que se comunica se robustece.
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alfonso alfonso
el 5/10/13
Me ha gustado mucho. Yo también añadiría que sin humildad difícilmente seremos creyentes. La fe es también el reconocimiento de nuestra pequeñez, de nuestra incapacidad para vivir por nosotros mismos. Necesitamos de Alguien que nos ame, nos sostenga y no salve. Por eso no podemos vivir sin fe y por eso para tener fe necesitamos humildad y la nos nos hace humildes.
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Reyson Reyson
el 5/10/13
Muchísimas gracias. Ciertamente me ayudan mucho con sus publicaciones. Dios les bendiga.
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Reyson Reyson
el 5/10/13
MUCHAS GRACIAS. DIOS LES BENDIGA MUCHO.
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Javier Javier
el 5/10/13
Señor aumenta mi FE , Dame la fuerza para llevar en acción tu palabra con fidelidad, hasme siempre reconocedor de que en todo lo que logre en este mundo no seria posible sin ti.

Dios los bendice a todos.
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Miryan Edith Miryan Edith
el 6/10/13
Señor jesus tu enviaste el espiritu santo sobre toda mi familia somos bautizados. Te pido que sea guia de nuestras vidas. Amen
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antonia ruiz antonia ruiz
el 6/10/13
Señor te amo, te bendigo y glorifico solo te pido que aumentes mi FE
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MAR DE AMOR MAR DE AMOR
el 6/10/13
cada dia estoy mas segura de que la fe sin obras, es algo esteril, sin vida, porque las obras o frutos son el resultado de que algo divino, lleno de amor me impulsa a moverme a ser sensible, a dar, y es el don del Espiritu Santo que actua en mi y yo le permito que me conduzca. esa es mi fe.
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eddy diaz eddy diaz
el 6/10/13
que dios los bendiga
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rosita rosita
el 6/10/13
la humildad nos hace acercarnos a DIOS es cuando DIOS actua en nuestras vidas y aumenta nuestra FE, no dejemos apagar la vela de nuestro bautismo esa es la luz que nos guiara a un cuando sintamos q ya nada es posible bendiciones y paz para el ,mundo entero
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Txetxu Txetxu
el 6/10/13
Acertadísimo el comentario, me ha parecido un verdadero tratado filosófico, social y sobre todo religioso.
A pesar de las muchas dificultades está el Proyecto de la construcción del Reino de Dios. Por el que Jesús nació, vivió, murió y resucitó.
NECESITAMOS HACER VIDA NUESTRA FE
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Xavier Serra Xavier Serra
el 6/10/13
Buenos dias a todos.Gracias por los comentarios.
Si ciertamente la fe es importante y debe ir acompañada de obras.Pero para tener más fe hace falta también más conocimiento y aprendizaje.Por eso todo lo que sepamos será bueno.
Un saludo.
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Soraya Soraya
el 6/10/13
Cuando nos entregamos a Dios con humildad y fe, todo es possible. Hermanos no pierdan nunca la fe, por imposible que sean las situaciones. El siempre esta con nosotros. Que Dios este en sus corazones siempre.
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Emilia Emilia
el 6/10/13
Que Dios los bendiga, me hace mucho bien leer la palabra diaria y sus comentarios.......Gracias
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edo barrios edo barrios
el 6/10/13
no permitir que nada ni nadie nos robe la paz interior y en el proceso de espera con fe ayudar a los demas y tratarlos como queremos que se nos trate. "abba"
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Elizabeth Elizabeth
el 6/10/13
Confio Señor, pero ayuda a mi fe!!!
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PEDRO ANIBAL PEDRO ANIBAL
el 6/10/13
efectivamente la FE, que debemos profesar se debe reflejar en nuestra obras, dar testimonio del día a día, sentir o descubrir que existe dentro de nosotros un ser Supremo que se llama DIOS, o acaso lo que nos sucede es por mera casualidad, no son cosas que viene del SEÑOR, aun que muchas veces flaqueamos, debemos pedirle a nuestro SEÑOR, que aumente nuestra FE, vivamos dando testimonio de nuestra FE, y solo así lograremos la vida eterna. DIOS LOS BENDIGA.
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PEDRO ANIBAL PEDRO ANIBAL
el 6/10/13
efectivamente la FE, que debemos profesar se debe reflejar en nuestra obras, dar testimonio del día a día, sentir o descubrir que existe dentro de nosotros un ser Supremo que se llama DIOS, o acaso lo que nos sucede es por mera casualidad, no son cosas que viene del SEÑOR, aun que muchas veces flaqueamos, debemos pedirle a nuestro SEÑOR, que aumente nuestra FE, vivamos dando testimonio de nuestra FE, y solo así lograremos la vida eterna. DIOS LOS BENDIGA.
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R.Martinez R.Martinez
el 6/10/13
La Fe nos sostiene, nos alimenta y nos inpulsa a vivir
una vida en accion continua. Aun siendo pecadores,
la fe nos energiza a apoyar y ayudar a nuetro Projimo
y prender en ellos esa chispa que llamamos Fe.
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Nataly Nataly
el 6/10/13
le quiero dar gracias a Jesus por haber plantado esa semilla de fe en mi pasepor pruebas dificiles mi hija con cacer pero el arbol de mi FE en Jesus me dio descanzo. y mi hija se sano TE AMO JESUS !!!!!!!!!!!!!!! Gracias
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anaith anaith
el 6/10/13
Dios es mi vida Dios es mi fuerza Dios me aleja del pecado y me acerca a el ..........!te quiero con toda mi vida Dios MIO........¡
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JOSE LUIS JOSE LUIS
el 7/10/13
LA FE ES ALGO QUE DEBEMOS DE VIVIR DIA CON DIA PREDICANDO CON NUESTROS SEMEJANTES EN FORMA DIRECTA Y RESPETAR LA CREENCIA DE LOS DEMAS
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richi947 richi947
el 7/10/13
Y también las demostraciones de fe son importantes, este fin de semana en Buenos Aires se realizó la peregrinación anual a Nuestra Señora de Luján llevando unas 2.5 millones de personas, el año anterior habían sido 800 mil. Es indudable que el fenómeno Francisco algo tuvo que ver con esa demostración. Creo en Ti Señor Jasús.
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diana123 diana123
el 7/10/13
reflexionemos¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
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jimena3 jimena3
el 12/10/13
señor no mas te pido que me aumentes la fe
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DIANA STEFANY DIANA STEFANY
el 16/10/13
DEBEMOS DE TENER CONFIANZA EN DIOS QUE LE TODO LO PUEDE
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chris huston chris huston
el 14/11/13
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