Comentario al Evangelio del domingo, 29 de septiembre de 2013

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José María Vegas, cmf

Para superar el abismo

La primera y la segunda lectura presentan respectivamente dos géneros de vida diametralmente opuestos. El primero de ellos, denunciado por el profeta Amós, bien podría ser calificado de un “consumismo avant la lettre”. Completamente centrado en el disfrute personal y sin medida, su pecado más grave no consiste, en realidad, en ese mismo disfrute, sino sobre todo en el olvido y el desprecio hacia la suerte de los que sufren. Es una suerte que reclama la atención y la ayuda de los que tienen los medios para aliviarla en todo o en parte, pero que deciden que el sufrimiento ajeno no va con ellos (aunque es más que probable que la excesiva riqueza de estos sea la causa directa de la excesiva pobreza de aquellos). Por eso, advierte el profeta, los que así actúan acabarán padeciendo una suerte similar a la de los que han despreciado. Y es que las riquezas de este mundo son efímeras, y quien se entrega a ellas como a un absoluto está labrando su propia perdición. El segundo género de vida es diametralmente opuesto: Pablo exhorta a su discípulo Timoteo a comportarse como un “hombre de Dios”, y enumera las cualidades que deben adornarlo: justicia, piedad, fe, amor, paciencia, delicadeza. No hay que ver aquí una sucesión jerárquica. Son cualidades propias de quien no vive en la disolución, sino en la tensión de un combate, el combate de la fe, que significa el testimonio de vida de quien cree en Jesucristo. Jesucristo es el camino que nos lleva a una vida plena, a una vida de total comunión con Dios y con los hermanos. Pero esa comunión empieza ya en esta vida: quien cree en Jesucristo no puede estar ocioso ni ocuparse sólo de su propia satisfacción, física o espiritual: ha de ser alguien que se dedica a tender puentes de comunión, y que, en consecuencia, se duele “del desastre de José”, esto es, que no permanece impasible ante el sufrimiento de los demás y trata de superar los abismos que separan a los seres humanos y que son la causa de esos sufrimientos.

El rico Epulón, que banqueteaba espléndidamente cada día, es la figura que en la parábola de Jesús encarna a los disolutos de Amós. Como ya se ha dicho, su mayor pecado no es la gula (o la lujuria que iría muy posiblemente aparejada), sino su insensibilidad, su ceguera para ver la necesidad del que, a la puerta de su casa, ansiaba saciarse con las migas de su mesa, pero que no fue objeto de su compasión, y fue tratado peor que los perros que merodeaban por allí. Frecuentemente la gula, la lujuria, el egoísmo, el exceso de sensaciones referidas a uno mismo, ciegan para percibir las necesidades de los otros: su hambre y sed, su desnudez y enfermedad, su falta de afecto y autoestima.

La situación descrita es clara y sencilla. No es Dios el responsable del hambre y los sufrimientos del pobre Lázaro. Los abismos que median entre ricos y pobres, entre víctimas y verdugos, entre poderosos y débiles, no están escritos en las estrellas, ni son el producto de un destino inevitable, ni son, por tanto, insuperables. Los hemos creado nosotros. Y podemos y debemos superarlos nosotros y, precisamente, en esta vida, en este mundo, en este tiempo en que vivimos. Después ya será demasiado tarde. No hay aquí absolutamente nada de justificación de la injusticia en nombre de una futura recompensa en el más allá. Al contrario, percibimos aquí toda la seriedad de la denuncia contra toda forma de injusticia, y de la llamada a tomar medidas reparadoras en esta vida, pues después será demasiado tarde. 

Precisamente porque la vida es una cosa seria, no hay que tomársela a broma, ni podemos pasarla banqueteando (o, más probablemente, trabajando sólo para poder banquetear). Esta vida limitada en el espacio y el tiempo es el tiempo de nuestra responsabilidad, en el que decidimos nuestro destino, nuestro “tipo” (el del disoluto, o el del hombre de Dios) y, en cierta medida, la fortuna de los que están cerca de nosotros. Lo que hagamos en este tiempo y espacio que Dios nos ha cedido por completo quedará así para siempre. Esos abismos que hemos de superar construyendo puentes de justicia, misericordia, ayuda y compasión, se harán insuperables una vez concluido nuestro periplo vital. Insisto, la vida es cosa seria. Hay cosas con las que no se debe jugar. La verdadera fe religiosa es una llamada a esa seriedad de la vida, a la libertad responsable, al testimonio de fe, con el que vamos construyendo ese camino que nos vincula con los demás y nos conduce a la vida eterna, a la vida plena.

Pero, ¿no es esta responsabilidad excesiva para nuestras pobres espaldas? Pues somos débiles y limitados en el conocimiento y en la voluntad. ¿No es demasiado para nosotros exigirnos que decidamos nuestro destino definitivo en los avatares cambiantes de la historia?

En realidad, Dios no nos ha dejado solos. En nuestra conciencia y también en la Revelación encontramos múltiples indicadores que nos ayudan a tomar la decisión correcta, el modo de superar los abismos, de encontrar el camino que nos lleva “la casa del Padre”. Es cierto que  hay situaciones conflictivas y difíciles en las que no es tan sencillo acertar con la solución correcta. Pero nadie nos pide imposibles. Si tenemos buena voluntad, lo importante es que tratemos de hacer las cosas lo mejor que podamos. Además, estamos en proceso y también se puede aprender de los errores. No se nos pide ser perfectos, sino adoptar una orientación fundamental que deseche la de la primera lectura y adopte la de la segunda.

Pero podría objetarse, ¿por qué Dios no nos da esas indicaciones de modo más claro y explícito, por medio de signos maravillosos que obliguen nuestro asentimiento? Eso es lo que significa “que resuciten los muertos”: un “milagrón” al que no podamos oponer la menor duda. Se podría replicar que si Dios nos hablara así, nos avasallaría con su fuerza y podríamos sentir que el espacio de nuestra libertad quedaba indebidamente invadido. Su palabra no sería un diálogo respetuoso con el espacio de nuestra libertad, ni daría oportunidad a una respuesta basada en la fe, es decir, en la confianza. Ahí, claro, está el riesgo de nuestro posible “no” a su oferta. Pero ese riesgo es inherente al respeto de la libertad. Además, el “milagrón” no tendría efecto, pues lo importante aquí es un corazón bien dispuesto. Eso es lo que quiere decir Jesús con eso de que “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. Los que se dedican a banquetear, a vivir en la superficialidad, a ocuparse sólo de sí mismos, no suelen estar para milagros de ningún género: si no ven al pobre tirado en su puerta, menos van a ver a un muerto resucitado.

Para ver a uno y a otro hacen falta otras actitudes, precisamente las que enumera Pablo en su carta a Timoteo: voluntad de justicia, piedad (para con Dios y para con los hombres), fe y amor, también esas virtudes menores pero tan necesarias en la vida, que aquí se resumen en la delicadeza. Sólo así se clarifica nuestra mirada para ver al pobre que sufre y al muerto que resucita: uno y otro son Jesucristo, que sufre en los pobres y con-padece con todos los que padecen (y, ¿quién no padece de un modo u otro?), y que por ese sufrimiento llegó al extremo de la muerte, cancelando así todos los abismos y conquistando para nosotros la vida eterna.

A la luz de la parábola que Jesús nos ha contado hoy, podemos volver ahora a las dos primeras lecturas para examinar a qué género de vida se asemeja más la nuestra, y para tomar decisiones que nos ayuden a superar abismos en vez de a crearlos y ahondarlos. La voz de la ley y los profetas que nos ayuda en esta tarea es la voz de la Iglesia, por medio de la cual nos está hablando cada día el mismo Dios.

Escuchémoslo.
 

icono comentarios 16 comentarios

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Comentarios
que gran mensaje nos da las lecturas del domingo 23, que aprendamos a ser generosos, a no dejarnos llevar por el dinero sino que tengamos mucha fe y podamos compartir con los demas
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cesar rojas cesar rojas
el 26/9/13
gracias padre que hermosa, lectura Lazaro nos da un gran mensaje. y en pocas palabra nosotros vemos y no creemos y no hacemos caso de lo que nos dicen. dios es muy poderoso.....
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porfirio porfirio
el 26/9/13
Nuestro amado Dios conoce los corazones de sus hijos y conoce las necesidades de cada uno de ellos, desde necesidades espirituales hasta las necesidades materiales, les ruego a quienes lean este comentario, no seamos sordos al llamado del señor, del dueño de la vida, de la salud y de todo cuanto exite. Debemos detener nuestra mirada en todas las personas, y el espíritu santo nos indicará siempre la necesidad que tiene. Nosotros, que tenemos la bendición de conocer la palabra que da vida, la compartamos con todos, para que llegue ese aliento de esperanza enmedio de tanto dolor y sufrimiento que da el mundo. Aprendamos a compartir de lo que Dios nos da, sea mucho o poco,siempre hay personas mas necesitadas que nosotros. Es increible que en el mundo los hijos de Dios estén murien » ver comentario
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María Elena María Elena
el 26/9/13
En este Domingo XXVI del Tiempo Ordinario, Jesús
continúa hablándonos en parábolas del tema de la riqueza.
Hoy nos presenta la parábola del rico Epulón y el mendigo Lázaro. (Lucas 16,19-31).
La enseñanza de esta parábola,es válida para hoy,
para mañana y para siempre.
¡Cúantos pobres, en el aspecto material y espiritual,
están sufriendo las injusticias del rico,del poderoso ,
de los que prometen ,pero...que sus promesas,nunca
llegan a cumplirse...!
Ellos,en cambio,si disfrutan de grandes banquetes y
olvidan a los que a su puerta o en su mismo territorio
se mueren de hambre.
Lo que me lleva a la siguiente reflexión:¿Me preocupo
de lo que me rodea? ¿Soy feliz sin preocuparme de los
demás?¿Cómo están las personas que se encuentran
junto a mí ?
Señor: » ver comentario
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victoriasnchez victoriasnchez
el 27/9/13
Hermanos que inmensa es la misericordia de Dios, que nos esta dando la alerta a traves de la palabra del dia domingo que tambien es la continuacion del domingo anterior para que todos, los que la leemos la pongamos en practica y asi podamos llegar a gozar del tesoro verdadero como es su reino, los invito a que las bendiciones que recibamos del señor las compartamos con el mas necesitado, y veremos que el señor no se deja ganar en genrosidad, hagamos la prueba y veran que buenos es el señor.
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Teresa Tellez Teresa Tellez
el 27/9/13
El Señor es sabio en su mensaje, cuando con un ejemplo me dice que debo ser sensible al dolor ajeno y compartir lo poco o mucho que tenga con el hermano mas necesitado de alimento y de la palabra del Dios, por que la vida hay que tomarla en serio para llegar a alcanzar la salvación.
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anadolores anadolores
el 28/9/13
Cuando Jesús nos da esa parábola, debemos tener en cuenta que el rico, seguramente era un judío cumplidor de sus obligaciones, iria al Templo cada vez que estaba previsto, pagaría su diezmo, cumpliiría también, con todos los demás preceptos de la Ley y, como era el pensamiento de esa época, creía que su opulencia era un premio a su cumplimiento de ella. Por el contrario, seguramente creería que ese mendigo tenía la vida que se merecía por algún pecado propio o de sus padres. Y vivía bien, sin ninguna preocupación y creyéndose justo. Y es aquí donde siento que va el dardo que nos envía el Señor, porque quizás nos creemos que porque cumplimos con lo que nos manda la Iglesia "ya estamos hechos" y del resto que se encargue el Señor. Al Cielo no iremos solos sino en comunid » ver comentario
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richi947
el 29/9/13
La parábola parece elaborada en clave de COMPASIÓN. De la con-pasión, del sufrir-con el otro, nace la entrega que a veces, no siempre, es el dinero.
No hay entrega si no hay compasión, y no hay compasión si no hay amor, porque amor no es apropiación del otro para mi satisfacción, sino entrega al otro; no con palabras bonitas, sino con acciones balsámicas.`
Por tanto se descubre nuevamente en este pasaje el mensaje central de Jesús, o sea...el amor
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Nonato Nonato
el 29/9/13
Antes se llamaban pobres vergonzantes a los que ocultaban sus necesidades, por respeto humano, por vergüenza a que los demás viesen su situación. Hoy creo que hay muchas personas que están pasando hambre por esta crisis y no saben donde acudir sin tener que mostrar su desgracia al juicio de los demás. ¿Podrían llamar a un número y no tener que hacer colas o asistir a comedores y ser atendidos en lo más básico? ¿Existen abismos entre la necesidad y el compartir el pan?.
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ama de casa. ama de casa.
el 29/9/13
No necesitamos ser ricos para estar en la misma situacion que Epulon. El mensaje esta en el Amor que debemos tener cada uno de nosotros, para compartir con nuestro projimo, aun mas nesecitado, de nuestra pobreza.
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Carlos Moscoso Carlos Moscoso
el 29/9/13
GRACIAS , MUCHAS GRACIAS. Los comentarios de las lecturas poco a poco me están quitando la venda de los ojos.
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Patricia Patricia
el 29/9/13
que no se puede servir a dios y al dinero
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vanesa ruiz vanesa ruiz
el 30/9/13
esta vancam el evagelio
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cesar r cesar r
el 30/9/13
GRACIAS A LAS LECTURAS DOMINICALES HE APRENDIDO A VIVIR LA VIDA CON TRANQUILIDAD MESURA Y PACIENCIA TENEMOS QUE DAR DE LO QUE TENEMOS Y NO DE LO QUE NOS SOBRA GRACIAS PADRE
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PILAR CANTOR PILAR CANTOR
el 30/9/13
no hay que humillar a los pobres porque todos somos
iguales
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sebastian sebastian
el 5/10/13
yo aprendí a que uno no debe que ??? no ser lucer
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carla carla
el 13/10/13
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Viernes, 31 de octubre de 2014

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Lc 14,1-6. Si a uno se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca aunque sea sábado?

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