Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

El arrepentimiento de Dios… y el nuestro

Durante el año litúrgico C leemos dos veces la parábola del Hijo pródigo: en el domingo cuarto de Cuaresma y, junto con las otras parábolas de la misericordia, en este domingo 24 del tiempo ordinario. Pero no se trata de una mera repetición: el diferente acento lo marcan las respectivas primera y segunda lectura. Allí se insistía en el arrepentimiento del hombre, llamado a reconciliarse con Dios. Ahora, en cambio, se mira sobre todo a la actitud de Dios ante el pecador; se puede decir que se subraya el arrepentimiento de Dios: “el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo”. Esto nos invita a reflexionar sobre la imagen que tenemos de Dios y, tal vez, a modificarla. No se trata de nuestro “concepto teórico” de Dios, pues Dios no cabe en ningún concepto y los desborda a todos. La cuestión es práctica y existencial, pues trata de su actitud ante nosotros: es ahí donde descubrimos que Dios nos supera y sorprende. Un Dios que se arrepiente… ¿Qué quiere decir esto? ¿Cuál es la actitud de Dios ante el mal y el pecado?

Son muchos los que acusan a Dios de permanecer indiferente ante el mal del mundo. Aquí se apoya uno de los argumentos más fuertes contra la existencia de Dios, que se esgrimió sobre todo en la cultura moderna. Aunque, todo hay que decirlo, la no existencia de Dios, lejos de resolver el problema lo irresoluble.

Otros, en cambio, piensan que Dios reacciona ante el pecado humano castigando a los pecadores. Aunque esta mentalidad era popular en la antigüedad, todavía pervive hoy en diversas religiones e, incluso, entre no pocos cristianos. Desgracias individuales y colectivas se contemplan como consecuencias más o menos directas del pecado humano y de la actividad punitiva de Dios. Así que, contra los que se quejan de que Dios permanezca impasible ante el mal, encontramos aquí una respuesta que, todo hay que decirlo, no nos sirve de mucho consuelo. Porque, si antes se quejaban de la inactividad divina, ahora alzarán la voz contra su indebida intromisión en asuntos de estricta competencia humana… ¿En qué quedamos? ¿Interviene Dios o no interviene? ¿Queremos nosotros que intervenga, o preferimos que no lo haga? Y, si sí, ¿en qué sentido?

Posiblemente, para responder adecuadamente a estas difíciles preguntas, lo mejor es dejar de filosofar (aun sin tener nada contra esa noble actividad) y ponerse a la escucha de la Palabra, que nos dice que Dios no permanece impasible ni ocioso ante el mal y el pecado, pero que lo que hace nada tiene que ver con la actividad punitiva que le atribuyen algunos.

La Palabra propone como trasfondo de la actitud de Dios hacia el hombre tres pecados de especial gravedad. En la primera lectura se habla de idolatría, esto es, de la divinización indebida de realidades naturales. En la carta a Timoteo Pablo se acusa a sí mismo con dureza y sin tapujos (“blasfemo, perseguidor, insolente”) de haber perseguido a Cristo; no es que haya adorado a un falso dios, sino que se ha opuesto al verdadero. En estos tiempos de subjetivismo rampante nos cuesta aceptar el discurso sobre el verdadero Dios, la verdadera religión y, en consecuencia, el pecado de haberse opuesto a la Verdad en nombre de lo que uno consideraba verdadero. En realidad, Pablo concede los derechos de la conciencia errónea al mitigar su autoacusación (“yo no era creyente y no sabía lo que hacía”), pero no por eso se considera justificado. El ser humano no tiene sólo el deber de actuar de acuerdo a lo que le parece bueno y verdadero, sino también el de buscar con sinceridad lo que lo es realmente. Por fin, el evangelio personifica en el hijo pródigo el pecado de negación del padre y la depravación de una vida desenfrenada y egoísta.

¿Cuál es la reacción de Dios ante estos (y otros) pecados? La primera lectura parece atribuirle el propósito de castigar a los idólatras borrándolos de la faz de la tierra. Sólo ante la oposición e intercesión de Moisés Dios “se arrepiente” de su propósito y aplaca su ira. Pero, ¿qué significa esto? ¿Hay que entenderlo al pie de la letra? ¿Es que acaso hemos de aceptar que Moisés era mejor que el mismo Dios? Sería absurdo. El “arrepentimiento” de Dios ante la intercesión de Moisés es un bello recurso literario, que subraya que, sin bien el pecado del hombre es autodestructivo, Dios reacciona con la misericordia y el perdón. El papel de Moisés como intercesor ante Dios a favor del pueblo nos recuerda que el hombre participa de los designios salvíficos de Dios, que Dios mismo se apoya en la mediación humana y, en definitiva, aquí se anticipa proféticamente la mediación exclusiva y definitiva de Jesucristo.

Pablo confirma en la carta a Timoteo lo que acabamos de decir con tanta claridad, que apenas cabe más comentario que releer esas palabras llenas de fuerza y confianza sobre el derroche de gracia, de amor, de compasión y de paciencia que Dios se gasta con nosotros.
Por si quedaban dudas, las parábolas de la misericordia deberían ser el argumento definitivo. Dios no sólo perdona, salva y recrea, sino que, cuando el hombre “se pierde”, sale a su encuentro, lo busca con ahínco y esmero, sin ahorrar esfuerzos. Así lo ha manifestado en Cristo, que para encontrar y salvar al pecador ha ido hasta el extremo de la muerte.

Se dice que los pastores conocen a sus ovejas una por una y no en “rebaño”. Así nos conoce y nos busca Dios. Somos para él más valiosos que la moneda perdida de la mujer de la segunda parábola, que seguro que no había perdido unos céntimos. Cualquiera entiende qué supone perder la garantía el sustento propio y de los suyos. Pero Jesús ahonda aún más su enseñanza sobre la misericordia: somos más que una oveja conocida por el nombre, o el tesoro que nos promete la supervivencia; para Dios somos como el hijo único, amado con un amor exclusivo, que es como los buenos padres y, sobre todo, las buenas madres quieren a cada uno de sus hijos, por muchos que tengan. Un amor exclusivo es un amor incondicional, que sale al encuentro del hijo perdido “cuando estaba todavía lejos”, un amor que no reprocha ni castiga, sino que abraza, recrea y festeja la vuelta a casa. Dios, en efecto, tiene una actitud activa ante el pecado y el mal, pero también respetuosa hacia la libertad humana, a la que no fuerza si ésta no presta su acuerdo. Y es que el perdón de Dios es incondicional, pero nosotros podemos recibirlo sólo si nos abrimos a él. De ahí la necesidad del arrepentimiento.

La idea del castigo divino por el pecado se parece más a una proyección nuestra que clama venganza y se cierra a la misericordia. Es precisamente un género de pecado que no aparecía en el listado anterior, el pecado del hijo mayor, de los que se pretenden justos y niegan el perdón de los “perdidos” que vuelven a casa, y exigen para ellos los castigos adecuados. Es el pecado de los fariseos, para los que Jesús cuenta estas parábolas, con las que quiere purificar nuestra imagen de Dios, al revelarlo como un Padre lleno de amor. El fariseo (de entonces y de siempre) mira a Jesús con mirada torva y bien puede retorcer el argumento, oponiendo ahora que, entonces, ese Dios bonachón consentiría el mal al no castigarlo. Pero ya hemos dicho que no es verdad, que lo que Dios ha hecho es lo máximo que se puede hacer: en Cristo ha tomado sobre sí el pecado del mundo hasta el extremo de la cruz, para convertir la muerte en vida, el pecado en gracia.

Pero no nos convirtamos nosotros en fariseos de los fariseos, considerando que son estos últimos los que no tienen remedio. Pablo, al fin y al cabo, era un fariseo y fue el que descubrió en su propia vida que lo que no podía la ley, sí lo podía la gracia. Y es que la imagen de Dios que la Palabra nos trasmite hoy es precisamente la de un Padre que espera activamente el regreso de sus hijos, y que no desespera de ninguno, ni siquiera de los buenos.

Comentarios
Viriato Viriato
el 14/9/13
Hablar de la “actitud de Dios” ante el pecador, del “arrepentimiento de Dios”, de la “actitud de Dios ante nosotros”, de la “actitud de Dios ante el mal y el pecado”, de la “pasividad o impasividad de Dios” ante el mal, me parecen meras proyecciones de nuestra naturaleza de seres humanos. Y esa imagen de Dios nos presenta un humanoide, no un DIOS, y como consecuencia es la imagen creada de un ídolo al que ofrecer sacrificios, penitencias, rezos, y por supuesto pedirle favores, porque si no ¿de que nos sirve haberle creado?
Insistir en un dios tan pequeño, tan parecido al ser humano, me parece una invitación a la idolatría. Y por lo tanto gravísimo por mas que se quiera pasar de puntillas sobre ello.
Jesús insistía una y otra vez en ofrecer una imagen de Dios q » ver comentario
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Jorge Gómez M. Jorge Gómez M.
el 14/9/13
Domingo. 15 de septiembre 2013

Para instruirnos sobre el infinito amor misericordioso de Dios, que llama a convertirnos, Jesús empleó una parábola con tres actores: el padre, el hijo “pródigo” y el hermano mayor. Podríamos pensar que este tercer personaje se incluye como un recurso narrativo secundario que resalta la inmensidad del amor del padre. Pero en realidad, la participación del hermano mayor en la parábola es un componente necesario del mensaje.
El amor divino, que se restablece o acrecienta en cada conversión, no se circunscribe a una relación bidireccional o bipersonal. No. Este proceso involucra a tres actores: Dios, tú y tu hermano (el prójimo). No hay otra manera. “El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso”, afirma San Juan. El a » ver comentario
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Jorge Gómez M Jorge Gómez M
el 14/9/13
Para instruirnos sobre el infinito amor misericordioso de Dios, que llama a convertirnos, Jesús empleó una parábola con tres actores: el padre, el hijo “pródigo” y el hermano mayor. Podríamos pensar que este tercer personaje se incluye como un recurso narrativo secundario que resalta la inmensidad del amor del padre. Pero en realidad, la participación del hermano mayor en la parábola es un componente necesario del mensaje.
El amor divino que se restablece o acrecienta en cada conversión no se circunscribe a una relación bidireccional o bipersonal. No. Este proceso involucra a tres actores: Dios, tú y tu hermano (el prójimo). No hay otra manera. “El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso”, afirma San Juan. El amor misericordioso de Dios, es como » ver comentario
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dominguez dominguez
el 14/9/13
gracias por los comentarios del evangelio dominical; pues cuando oramos por el autor que los escribe, se nota que son inspirados. que el Señor te bendiga. José María Vegas.
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Amelia Amelia
el 15/9/13
Desde seimpre, considero que esta es una de las mejores parábolas , porque Dios con su infinita misiricordia no empieza a cuestionar la actitud del hijo que se fue , sino que se alegra con su regreso a la casa paterna que hasta le hace una fiesta de bienvenida Que mejor lección para regresar arrepentirnos de nuestros pecados , ya que e nuestro padre simprenos está esperando.
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Joselito H. Joselito H.
el 15/9/13
Moises, siempre estaba defendiendo el pueblo de Isrrael, que aunque era obediente a veces se distraia y se alejaba del senor, como en el momento en que Moises estaba en la Montana con el Senor, el pueblo empeso a dudar y difamar del Senor, entonces el Senor le dice a Moises Baja que voy castigar a este pueblo por haber dudado de mi, y ponerse en mi contra, pero Mises, pide perdon una vez mas por su pueblo y el Senor escha su pedido.
La segunda lectura nos habla de Pablo, y el llamado que Dios le hizo para que se dedicara a predicar su palabra y Pablo se arrepiente dedicando el resto de su vida a Dios dando incluso su vida por esta causa.
El Evangelio de este domingo, nos muestra a los pecadores que criticaban la predica de Jesus, y los escribas y fariseos, comnetaban diciendo que el Seno » ver comentario
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irenarco cala irenarco cala
el 15/9/13
El hombre es una criatura guiada más por ejemplos que por preceptos. Y es por esto que debemos andar como el Señor Jesús anduvo..." de la condenación a la Salvación que es por gracia y por fe en Cristo Jesús". Hoy debemos de volver a la Casa de Nuestro Padre, con laGuía divina del Espíritu Santo.
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irenarco cala irenarco cala
el 15/9/13
El hombre es una criatura guiada más por ejemplos que por preceptos. Y es por esto que debemos andar como el Señor Jesús anduvo..." de la condenación a la Salvación que es por gracia y por fe en Cristo Jesús". Hoy debemos de volver a la Casa de Nuestro Padre, con laGuía divina del Espíritu Santo.
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JAUME DAIZ JAUME DAIZ
el 15/9/13
ME HA GUSTADO TANTO LAS LECTURAS Y REFLEXION DE COMENTARIO AL EVANGELIO DE ESTE DIA GRACIAS POR SU COMPARTIR CON NOSOTROS DE SU APERTURA DE LA PALABRA DE DIOS AMEN Y GLOREA HA DIOS PADRE Y ESPIRITU SANTO POR ESTO QUE NOS MANDA PARA NUESTRA COMPRENSION
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carolina carolina
el 16/9/13
dios solo quiere lo mejor para nosotros
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victoriasnchez victoriasnchez
el 16/9/13
El evangelio que hoy nos presenta Lucas 15,1-32,es un instrumento de LA MISERICORDÍA de Dios.
El Señor busca al que está perdido...Al pecador.
Por ello,los escribas y los fariseos murmuraban de El;
porque se acercaba a los pecadores.
Y es que Dios,por muy pecadores que seamos , por
muy fracasados y olvidados que nos sintamos;El está
junto a nosotros.
¡Qué contradicción!: Vivimos en la era de las comunicaciones y estamos faltos de comunicación,de
hablar y de ser escuchados. Carencia,que suele darse
principalmente,en casos de enfermedad y de vejez.
Ciertamente,la tarea de escuchar, es difícil;pero... si
escucháramos más,tal vez, la sociedad poco a poco,
iría cambiando y adquiriendo un rostro más humano.
Creceremos en humanidad, en la medida en que
sepamos e » ver comentario
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Ama de casa Ama de casa
el 17/9/13
podíamos debatir hasta caer extenuados sobre las lecturas de este domingo. ¿Que pensará el Señor de las reflexiones aquí compartidas?A mi me han demostrado lo limitados que estamos al querer explicar cómo es Dios. Yo me limitaré a escuchar y no cuestionar el por qué de las cosas. Mi mente no llega.
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abad a abad a
el 17/9/13
:)
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cristina cristina
el 22/9/13
es hermoso ser hija de Dios y que el nos ilumine nuestro camino
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cristina cristina
el 22/9/13
es hermoso ser hija de Dios y que el nos ilumine nuestro camino
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