Comentario al Evangelio del

Conrado Bueno, cmf

Llamados a ser dichosos

Siempre hemos considerado a las Bienaventuranzas como la Constitución Fundamental del Reino, como la marca que nos diferencia, como la plataforma existencial común de todos los seguidores de Jesucristo.

De entrada y en comparación con San Mateo, encontramos solo cuatro Bienaventuranzas; eso sí, acompañadas de cuatro “ayes” referidos a los hartos y satisfechos de sí mismos. Todo, en un estilo cortante y directo. Podemos distinguir tres partes: La proclamación de la felicidad, los sujetos (los pobres, los hambrientos, los que lloran y los perseguidos por causa del Hijo del hombre) y, en tercer lugar, el premio que reciben (de ellos es el Reino, quedarán saciados, reirán y su recompensa será grande en el cielo). Con Jesús, y en contraste con el mundo, todo queda revolucionado. Los desgraciados del mundo son aquí felices; la felicidad de Jesús es para aquellos a los que el mundo se la niega.  Observamos bien la diferencia con el Decálogo del Antiguo Testamento. El Decálogo se queda en lo externo, es un programa de mínimos y no va más allá de una norma moral. Las Bienaventuranzas van directamente al corazón para hacerlo nuevo,  es un programa ideal y se presentan como proyecto vital.

El programa de las Bienaventuranzas, ya lo hemos dicho, es revolucionario, rompedor. Es el que verdaderamente nos distingue a los cristianos. Sus valores ponen al mundo patas arriba. Desde entonces, la felicidad que tanto ansía el hombre se encuentra en otras cosas distintas de aquellas por las que se afanan, con frecuencia, los mortales. Corremos el riesgo de que valores tan altos no nos hieran por la rutina o la menguada esperanza; si son un ideal, nunca sacian del todo a los buenos y nunca han de desanimar al pecador. Solo desde la fe, se comprende y acepta este ideal: en el fondo son frutos del Espíritu Santo. Por eso, ante todo, solo las acoge el pobre, es decir, el que tiene pocas cosas materiales, no idolatra los señuelos del mundo y confía en el Señor.

Comentarios
Joselito H Joselito H
el 11/9/13
Seguir a Jesus, es ponernos en contra de las cosa del mundo y del modernismo que nos envuelve y nos hace victima del ataque social si no estamos a la altura de los que fisfrutan de un nombre sonoro en la sociedad. Como nos dice el Evangelio de hoy, dichoso los que tienen hambre porque seran saciados, los que lloran porque luego reiran. Esa es la verdadera realidad de los que queremos seguir a Cristo, alejandonos de las cosas del mundo, como la borrachera, la orgia, la infidelidad y otros vicios mas que nos alejan de nuestra salvacion.
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Carlos Morales Carlos Morales
el 11/9/13
Una vez mas el Señor nos presenta la recompensa suprema para aquellos que se mantienen fieles a su palabra. Aqui Jesús nos habla de cosas muyr Fuertes que eran muy communes en sus tiempos: LA AVARICIA, EL EGOISMO, ADULTERIO, LAS GROCERIAS(MALAS PALABRAS). Pero también son válidas para nuestros tiempos. Y más aún, hay muchas cosas mas que Jesús seguramente agregaría en nuestros tiempos a esa lista: los chismes, la apatía, la indiferancia, la jactancia, la arrogancia, el pesimismo, los vicios, la inmoralidad sexual, y la indiferencia a Dios mismo. Son muchisimas las cosas que Dios destesta y aborrece. Pero, en el evangelio Jesús nos da ka respuesta de su gran Promesa, si te mantienes firme yo te doy la Gloria eterna. San Pablo nos habla en la primera lectura que aquellos que viven » ver comentario
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Ismael Ismael
el 11/9/13
leo todos los dias ciudad redonda,me explica claramente la lectura del evangelio,es de gran ayuda para mi,Dios les bendiga,Ismael Flores de Honduras
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