Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Humillarse para ser enaltecido

El Evangelio de hoy podría titularse “Elogio de la humildad”, o mejor aún (es decir, peor), “Elogio de la humillación”, y, llevando la cosa a su extremo, “Elogio de la autohumillación”. Estos elogios no tienen, desde luego, buena prensa en el mundo de hoy (en realidad, apurando un poco, en el mundo de cualquier época y cultura: los tiempos cambian menos de lo que parece). Porque los valores prevalentes de este mundo, de hoy y de siempre, son los que subrayan el éxito personal, la autoestima, la afirmación de sí, el reconocimiento social. Desde luego, el evangelio de hoy daría jugosos argumentos a ese gran detractor del cristianismo, y profeta de los tiempos modernos y postmodernos, que fue (es y sigue siendo) Federico Nietzsche. Nos acusaba a los cristianos de defender valores de débiles, afeminados (tal vez en nuestros días se abstendría de usar este adjetivo), propios de una moral de rebaño: precisamente la humildad, la negación de sí, la compasión, el amor por los débiles.

¿Por qué tenemos que humillarnos a nosotros mismos? ¿Por qué no tenemos el derecho, incluso el deber de afirmarnos, fomentar la autoestima, buscar el éxito en esta vida, sometida ya de por sí a tantas limitaciones, a tantas “derrotas”? ¿No será verdad que el cristianismo, bajo capa de amor y perdón, es en el fondo enemigo de la vida, enemigo del hombre real y concreto, defensor de actitudes antihumanas?

Naturalmente, las lecturas precipitadas y guiadas por prejuicios no ayudan a entender en plenitud y en profundidad las palabras de Jesús. Porque Jesús, más bien, está llamándonos a la autenticidad de la propia vida. Y ser auténtico no es otra cosa que ser uno mismo de verdad y no sólo en apariencia. Es una llamada que responde, en el fondo, al mismo deseo de autoafirmación y autoestima, solo que advirtiéndonos con seriedad sobre los falsos caminos para alcanzar aquellas.

Tenemos que reconocer que, si estamos necesitados de autoestima y autoafirmación, y de una cierta confirmación de ellas por la vía del reconocimiento social, es porque de entrada somos bastante pobres y limitados (de otro modo, nos sobrarían aquellas necesidades). Y un falso camino para superar nuestra limitación es simular una importancia que, realmente, no tenemos. Por ejemplo, ocupar los primeros puestos, buscar a cualquier precio el aplauso social, revestirnos de méritos más imaginarios que reales, dárnoslas, en definitiva, de lo que realmente no somos. Es la vía de la apariencia externa, que lo único que hace es revestir nuestra propia desnudez y ocultar nuestra propia verdad, en primer lugar, ante nosotros mismos, y después también ante los demás.

Jesús, viendo esa feria de las vanidades, a propósito de un banquete al que había sido invitado, aprovecha para exhortarnos a no engañarnos a nosotros mismos. Para alcanzar nuestra propia verdad tenemos que renunciar a esas falsas apariencias, a esas formas de afirmación que son sólo fachada, y no resultado de un auténtico crecimiento interior. Por la vía de las apariencias uno se hincha, se ciega y se queda tan contento, pero, precisamente, se queda, es decir, se estanca, no crece, no llega a ser el que tiene que ser. Para que se dé este crecimiento personal hay que empezar por reconocer la propia pequeñez, los propios límites (físicos, psicológicos, intelectuales, morales, personales, en suma). Sólo desde la humildad de este reconocimiento es posible comenzar el trabajo paciente, lento, difícil, pero auténtico y verdadero, de la superación propia, de la maduración, de la propia realización. Por poner un ejemplo sencillo, una persona que compra un título universitario, puede aparentar un nivel que, realmente, no tiene, por más que sobre el papel se le reconozca. En cambio, el que empieza asumiendo humildemente su ignorancia (en el campo que sea) y se pone en la senda del aprendizaje paciente, llegará a conseguir ese título por méritos propios, un título que reflejará realmente sus conocimientos. Por otro lado, como lo que uno no sabe siempre supera con creces todo lo que puede llegar a saber, la humildad es la verdadera actitud del sabio, que siempre está abierto a adquirir nuevos conocimientos. Y lo que decimos del conocimiento podemos aplicarlo sin esfuerzo a cualquier otro campo de nuestra vida: la vida profesional, familiar, moral y religiosa.

Jesús nos llama a la humildad e, incluso, a la humillación de sí (rehuir los primeros puestos, esto es, el reconocimiento puramente aparente e inmerecido), pero para ser enaltecido. Jesús, el cristianismo y  la Iglesia no nos exigen que nos humillemos para permanecer en la postración permanente; al contrario, se trata de un reconocimiento inicial y bien realista para poder crecer y alcanzar así la propia plenitud. Una plenitud que no está basada en la comparación con los otros, en la mera apariencia de los signos externos y el reconocimiento social, sino en la propia verdad. Si esta es reconocida socialmente, podremos estar agradecidos por ello, pero en ningún caso debemos valorarnos (a nosotros y a los demás) sólo en función de ese reconocimiento. A veces ser fieles a la propia conciencia, y hacer el bien, exigen el precio del rechazo del entorno en el que vivimos.

Por eso Jesús, continuando con esa llamada a la autenticidad, nos sugiere hacer el bien por amor del bien mismo, esto es, por convicción y no por cálculo, que es como hay que entender su sugerencia de invitar no a los que pueden devolvernos el favor, sino a los que, justamente, no pueden hacerlo.

Y todo esto significa que el enaltecimiento al que aspiramos no está condicionado por las convenciones sociales. Siendo discípulos de Cristo, aspiramos a ser enaltecidos, esto es, a elevarnos, pero a una altura que está infinitamente por encima de las posibilidades humanas. Es lo que expresa tan bellamente la segunda lectura: “Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús”.

La sublimidad de este enaltecimiento nos dice que se trata de un don y que sólo puede alcanzarse como una gracia. Dios no quiere solo levantarnos, sino hacerlo incluso a una altura que está muy por encima de nuestras fuerzas. De hecho este don gratuito nos abre los ojos para comprender un último y esencial aspecto de esta dinámica de humillación y enaltecimiento. Cuando, a partir de nuestra pobreza reconocida, vamos creciendo y alcanzando nuestra propia realización, descubrimos que nuestras conquistas no son un mérito exclusivo, sino que, al mismo tiempo, estamos en deuda con muchísimas personas que nos ha ayudado en el camino. El enaltecimiento de que hablamos, el verdaderamente humano, evita así el peligro del orgullo de creerse autor exclusivo de la propia vida. No es así, por mucho que hayamos progresado (en el saber, la habilidad, la virtud…), siempre deberemos reconocer que mucho se lo debemos a tantas personas que nos han ayudado en el camino, que han sido también instrumentos de la gracia de Dios: el verdadero enaltecimiento al que nos llama Dios por medio de Jesucristo está grávido de gratitud. Y, por eso mismo, nos abre a la humildad de inclinarnos ante los demás para ayudarlos también a ellos, para que puedan ponerse en pie, si están postrados, para que puedan desarrollarse y crecer, si están simplemente en camino.

La humildad que nos enaltece la descubrimos, al fin y al cabo, en la humillación de la Cruz, en la que Jesús dio la vida para levantarnos a todos de la suprema humillación y postración: la del pecado y la muerte. Y esta dinámica de humillación y enaltecimiento la podemos realizar en nuestra vida cotidiana haciendo nuestro el espíritu de Jesús, de entrega generosa a nuestros hermanos, a los que cedemos gustosos los primeros puestos, y de los que nos hacemos humilde y libremente servidores. Como María: “he aquí la esclava del Señor” (Lc 1, 38), como el mismo Cristo Jesús: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27).

Comentarios
victoriasnchez victoriasnchez
el 31/8/13
En el evangelio de este Domingo XXII del Tiempo Ordinario,el evangelista (Lc 14,1.7-14)nos presenta la
gran lección de la "HUMILDAD".
Tal vez,en muchas ocasiones,nos hayamos dejado llevar por el afán de ser señalados como personas de valía.Deseosos de ocupar los primeros puestos.
Buen momento,para recordar las palabras de San Pablo: "Todo lo habéis recibido de Dios.¿Por qué os
gloriáis cómo si fueran vuestros los talentos y las gracias recibidas?".
Nuestros valores,son sobre todo,un don y un regalo de Dios;consecuencia de unas circunstancias que han
cambiado nuestra forma de ser.
El ejemplo más importante de humildad nos lo ha dado Jesús...
El humilde es solidario,abierto a los demás,es sencillo,
sensible,comprensivo...
Señor:Ayúdame a comprender,que la grandeza e » ver comentario
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HERMANIO HERMANIO
el 1/9/13
Hola a todos. Me dirijo a los hermanos que administran esta pagina tan valiosa para sugerirle que retiren la publicidad disfruta los placeres de la vida con los 6 fascinantes secretos de SHIVA. puesto que hace daño a la pagina. Con afecto en Cristo. TEO
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JAUME  DÍAZ JAUME DÍAZ
el 1/9/13
CUANTAS VECES NO HEMOS CAÍDO EN ESA PRÁCTICA DE QUERER SER RECONOCIDOS POR LOS HOMBRES Y MUJERES DURANTE NUESTRA VIDA EN LO QUE REALIZAMOS CONVIVIR, ESTUDIAR, JUGAR, TRABAJO Y MUCHAS OTRAS COSAS QUE CADA UNO SABE INTERIORMENTE DENTRO DE UNO.Y DEJAMOS DE ÚLTIMO LAS COSAS DE DIOS Y SIN SABER DEJAMOS LO MEJOR POR LO SUPERFICIAL EN ESTA VIDA DE HOMBRES Y AQUI ENTREN LOS TALENTOS QUE DIOS HA DADO A CADA UNO DE NOSOTROS PARA SER PUESTOS AL SERVICIO DE LAS COSAS DE DIOS PADRE EN LOS LUGARES QUE VIVIMOS Y FRECUENTAMOS EN NUESTRO DÍA A DÍA
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jaime ortega jaime ortega
el 1/9/13
se muestra que la arrogancia que algunas veces nos
envuelve solo sirve para que nos humillen aun mas
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P.Edgar Arauz P.Edgar Arauz
el 1/9/13
Ha sido un comentario a la lectura muy acertado
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Inmaculada Inmaculada
el 1/9/13
Don José María:
Gracias por el comentario al Evangélio de hoy. No
podría ser más acertado.
Si nos comportamos humildemente en el día a día
nunca nos sentiremos humillados. Hay que dejar el
"EGO" a un lado que es el causante de nuestro sufrimiento y del de los que nos rodean.
Que Dios le bendiga.

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Joselito H Joselito H
el 1/9/13
El Senor nos invita en el Evangelio de este domingo, a ser humilde y a no creernos que somos los mas importantes en la sociedad, siempre a ocupar el lugar mas sencillo.
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Carlos Morales Carlos Morales
el 1/9/13
Sin duda alguna Jesús es el Gran Maestro de todos los tiempos. Este evangelio me hace meditar mucho en la vida de María que no se menciona en las escrituras. Hasta que punto pasó María desapercibida y todos ocupaban los puestos mas importantes dentro del templo y la sociedad de su tiempo. Y vino Dios la enalteció de manera singular que grandemente hizó de las más humilde a la más bella de todas las madres, SU MADRE. Me pongo a pensar hermanos cuanto de nosotros nos atreveríamos a pensar que las escrituras, si ciertamente están escritas sobre Jesús y para Jesús, tambien y totalmente para su madre. Pienso esto porque si María ocupó en el corazón de Dios desde siempre tanto empeño hasta hacer de la más humilde creatura la más Hermosa de las mujeres, yo pienso humildemente qu » ver comentario
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Carlos Morales Carlos Morales
el 1/9/13
Sin duda alguna Jesús es el Gran Maestro de todos los tiempos. Este evangelio me hace meditar mucho en la vida de María que no se menciona en las escrituras. Hasta que punto pasó María desapercibida y todos ocupaban los puestos mas importantes dentro del templo y la sociedad de su tiempo. Y vino Dios la enalteció de manera singular que grandemente hizó de las más humilde a la más bella de todas las madres, SU MADRE. Me pongo a pensar hermanos cuanto de nosotros nos atreveríamos a pensar que las escrituras, si ciertamente están escritas sobre Jesús y para Jesús, tambien y totalmente para su madre. Pienso esto porque si María ocupó en el corazón de Dios desde siempre tanto empeño hasta hacer de la más humilde creatura la más Hermosa de las mujeres, yo pienso humildemente qu » ver comentario
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davidvargas davidvargas
el 1/9/13
muy buena reflexión del evangelio
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MONgolito MONgolito
el 2/9/13
BUENA PAGINA :D
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almarous almarous
el 3/9/13
es una gran reflexión para todos para que seamos mas bondadosos de corazon
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directioner directioner
el 3/9/13
Buenaaaaa paginaa me ayuda artoooC:
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johana bernal johana bernal
el 6/9/13
sierto me gusto mucho este evangelio
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Joaquin Gorreta Joaquin Gorreta
el 15/10/13
. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años
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