Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Todos tenemos nuestros santos preferidos. Uno de los míos es Santiago. Lo siento; quizá se note demasiado en mi comentario.

Santiago es para muchas personas, especialmente jóvenes y no muy cercanas a la fe, más un lugar, una ciudad, que una persona. El atractivo que durante siglos ejerció Compostela, acreditado ya hace tiempo, se ha intensificado en los últimos años, y son miles quienes de modos muy diversos (en bicicleta, a caballo, a pie…) se dirigen a la ciudad del Norte de España. Pero Santiago es -sobre todo- un apóstol, un discípulo del Señor. Un discípulo tan recordado que se apela a él desde grafías muy diversas: Jaime, Jacobo, Yago…
Santiago es uno de los apóstoles de los que tenemos más datos bíblicos. Hermano de Juan, es uno de los elegidos para ser testigos de acontecimientos bien importantes: la curación de la suegra de Pedro, la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la oración en el huerto… Santiago es también el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Cristo, como atestigua la primera lectura de hoy (Hch 12, 2).

Llamado por el mismo Jesús ‘hijo del trueno’ (Mc 3, 17), las Escrituras nos hablan del carácter impetuoso del apóstol, de su deseo de que caiga fuego del cielo sobre quienes niegan hospedaje a Jesús, de su cobardía inicial a la hora de acompañar al Señor que caminaba hacia la cruz… El episodio que el evangelio de hoy nos narra, en el que quizá Mateo trata de esconder a los Zebedeos tras su inocente madre, habla también de ese carácter.

Debemos muchas cosas a Santiago. La historia de la fe de quienes oramos en español está llena de su presencia y de frutos de su intercesión. Pero también debemos agradecer que su sinceridad abriera la puerta a que Jesús nos dejara una enseñanza tan hermosa como la que hoy se nos proclama: ¿para qué vivimos?, ¿quién es el verdaderamente grande entre nosotros? Leamos con calma el evangelio de hoy sin dejar de interceder por los jóvenes reunidos en Río.

Gracias, hermano Santiago, por tu continuo velar sobre nuestra fe. Gracias por tu ejemplo y  coherencia. Gracias por haber dejado que el Evangelio modelara tu carácter. Gracias por avivar en tantos el deseo de bondad, de belleza, de paz. Condúcenos a todos al que es la Verdad.

Comentarios

Deja tu mensaje:

Joselito H
Joselito H

el 25/7/13
La primera lectura nos habla de la resurreccion del Senor, aunque los fariceos se empenaban en negar este acontecimiento, los Apostoles tocados y guiados por el Espiritu Santo, seguian hablando sin miedo de la Resureccion, y aunque fueron llevados a la carcel su testimonio era cada dia mas contundente y as decididos a dar su vida por Jesus. Padre Santo, te pido que me de la fuerza que diste a los Apostoles, para llevar con migo el signo de tu resurreccion.
Me gusta 0
irenarco cala
irenarco cala

el 25/7/13
Es mejor ser VASIJA de barro en las manos de DIOS; y someternos a Él , no por autoridad nI por obediencia, es por una relación de Amor y de respeto. De hecho, estamos sometidos unos otros de la misma manera.
"El DIOS DEL UNIVERSO, ¿ sometiéndose a nosotros, lavando mis pies ? ¡ Estoy mudo y perplejo!.
irenarcocala.guiadeturismyahoo.com
Me gusta 0
Boanerges
Boanerges

el 25/7/13
Ni los diez, ni Santiago ni Juan ni su madre enendían nada, nada de nada, de lo que estaban teniendo la fortuna de escuchar, de descubrir en el ejemplo de vida de Jesús. Qué duro debió ser para él esta experiencia, esta forma de soledad.
Y nosotros hoy, ¿lo entendemos? Ojalá! ...pero valdría la pena el esfuerzo por descubrir la Verdad, el Camino y la Vida mas allá de nuestros anhelos temporales.
Me gusta 0
richi947
richi947

el 25/7/13
Que el mayor sea el servidor de los demás: ¡Qué difícil tarea nos ha dejado el Señor, principalmente a los gobernantes! Señor, que podamos servir a cada hermano que nos necesite...
Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.