Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

¿Marta o María?

Se suele leer este texto evangélico en clave de dialéctica o confrontación entre la acción y la contemplación, entre el compromiso activo y la oración. Y, a juzgar por las severas palabras que Jesús dirige a Marta, sería la oración la que saldría ganando. Algo, por cierto, que no está muy en sintonía con la mentalidad actual. No es que Jesús descalifique por completo la acción, pues no habla de una parte buena y otra mala, sino de una especie de preferencia de la contemplación sobre el servicio, ya que se refiere a aquella como “la parte mejor”. ¿Está realmente Jesús alabando la oración y la contemplación en detrimento de la acción en favor de los demás, en este caso, incluso, del mismo Cristo? Si así fuera, no dejaría de resultar extraño, pues estas palabras de Jesús parecen chocar frontalmente con otras, en las que nos dice que para entrar en el Reino de los Cielos no basta decir “Señor, Señor”, sino que hay que hacer su voluntad (cf. Lc 6, 46; Mt 7, 21). Jesús exhorta en diversas ocasiones a adoptar esta actitud de servicio (cf. Lc 22, 26), hasta el punto de hacerse él mismo servidor de sus discípulos (cf. Lc 22, 27; Jn 13, 4-15). Y recordemos que en la parábola del Juicio Final (cf. Mt 25, 31-46) cifra la salvación no en específicas acciones religiosas, sino en la activa preocupación por aliviar a los que sufren.

Tal vez haya que buscar el hilo conductor y la clave de lectura de este texto evangélico en lo que tiene de común con la primera lectura: la actitud de acogida. En el texto de Génesis Abraham recibe a tres caminantes desconocidos, a los que ofrece las típicas muestras de hospitalidad oriental. El extraño hecho de que se dirija a ellos como a uno solo, llamándoles “Señor”, ha dado pie a que, ya desde la época patrística, se entienda este pasaje como una primera teofanía de la Trinidad. Acogiendo a los peregrinos, Abraham acoge al mismo Dios.

En el Evangelio Marta y María acogen a un caminante bien conocido, pues tanto aquí como en el evangelio de Juan (cf. Jn 11, 1-44), está atestiguada la amistad de esta familia con Jesús. La agitación de Abraham para atender debidamente a sus desconocidos huéspedes es similar a la de Marta, que “se multiplicaba para dar abasto con el servicio”. Salta a la vista (y parece que esa era la intención del evangelista en el modo de narrar los hechos) el contraste con la actitud de María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Cuando uno se multiplica es natural que pretenda que otros dividan con él el trabajo. Y también parece natural que se reaccione con una cierta irritación ante la aparente pasividad de los que deberían echar una mano. La apelación de Marta a Jesús da a entender ese enfado, que incluye un leve reproche al mismo Cristo: “¿No te importa…?” La, para muchos, sorprendente respuesta de Jesús denota tranquilidad y paciencia, pero también incluye una clara amonestación a la actitud de Marta (y una defensa de la de María). ¿Está Jesús, como insinuábamos al principio, dando prioridad a la contemplación sobre la acción?

Si la clave está en la acogida, podemos entender que hay dos formas de acogida: la acogida material, la preocupación por el bienestar externo del huésped; y la acogida de corazón, que abre no sólo la casa, sino que acepta a la persona con todo su significado, y se abre completamente a su mensaje. Jesús no critica la acción, ni rechaza en consecuencia la primera forma de acogida. Ya hemos dicho que nos avisa de que nuestra acogida de su persona no sea sólo de palabra (de boquilla, decimos en castellano), sino con actos. Pero, ¿cómo podemos hacer su voluntad, prolongando su misma actitud de servicio, si previamente no nos hemos detenido a escuchar atentamente su palabra, dejando que nos interpele y nos toque por dentro?

En el suave reproche a Marta, podemos leer una crítica del activismo, un mal que afecta a muchos en la Iglesia. Se emprende una actividad desbordante, apremiados por las muchas necesidades, se hacen muchísimas cosas, pero ese multiplicarse para dar abasto puede no tener el sello de la verdadera actividad cristiana, precisamente porque ya no se alcanza para “perder el tiempo” a los pies del Señor, en la escucha de su palabra. Se abren las puertas de la propia casa, se dedican el tiempo y las fuerzas a actividades religiosas, evangelizadoras, solidarias…, pero el trato con el Señor se queda fuera, Cristo se queda al margen de esa actividad intensísima: quiere hablar con nosotros (para eso ha venido a nuestra casa), pero se encuentra que, inquietos y nerviosos con tantas cosas, no le prestamos atención. Le hemos abierto las puertas exteriores de la casa, pero nuestro corazón permanece cerrado a su palabra. Y es que su palabra es peligrosa, nos pone en cuestión, nos llama a dar pasos que, tal vez, no queremos dar. La actividad puede ser una forma de autojustificación, una excusa para permanecer sordos a la palabra de Jesús (aunque la “usemos” con frecuencia, como material de nuestra actividad pastoral, o social). Cuando esto sucede, la mucha actividad refleja nuestras cualidades, nuestro compromiso, nuestra bondad, nuestra voluntad, pero ya no es el sacramento y el reflejo de lo único importante, de la Palabra (que es el mismo Cristo), que debemos transmitir, de la que debemos dar testimonio. ¿Cómo podemos reflejarla, si no la hemos escuchado, si no la hemos contemplado, si no le hemos dado cabida dentro de nosotros? Sí, Jesús quiere que hagamos, pero que hagamos su voluntad, que pongamos en práctica sus mandamientos, que nuestro servicio sea prolongación y testimonio del suyo, de Él, que se ha hecho servidor de sus hermanos. 

Por este motivo, no debemos ser avaros en el tiempo de la escucha y la contemplación, en el tiempo dedicado a la aparentemente estéril oración. Obispos y sacerdotes, religiosos y laicos, todos en la Iglesia tienen que hacer suya esa parte mejor de María, para que en la actividad pastoral, social, profesional, familiar, en todo lo que hagamos, seamos un reflejo de la palabra que, como dice Pablo, amonesta, enseña, da sabiduría, y nos hace llegar a la madurez de la vida en Cristo, cada uno según su propia vocación dentro de la Iglesia.

Volviendo al episodio de Abraham, podemos comprender que en la aparente esterilidad de la oración hay, sin embargo, una fecundidad que ninguna actividad meramente humana puede alcanzar. El anciano Abraham y la estéril Sara reciben la promesa de una descendencia humanamente imposible. La Palabra escuchada y acogida es como una semilla que da frutos inesperados, frutos de vida nueva, de una vida más fuerte que la muerte.

Algo parecido se puede decir de algo tan humanamente inútil e indeseable como el sufrimiento. Pablo nos ilumina a este respecto, cuando hace de sus sufrimientos personales no sólo una participación en los dolores de Cristo (que sigue sufriendo en su Iglesia y en todo sufrimiento humano), sino también parte esencial de su ministerio apostólico. Esta es otra forma de estar a los pies del Señor, como María, la madre de Jesús, y las otras Marías, que “estaban junto a la cruz” (Jn 19, 25).
Así pues, tenemos que trabajar, actuar, realizar buenas obras, multiplicarnos como Marta (que también la Iglesia considera santa y modelo de acogida), pero hemos de hacerlo impregnados de la palabra del Señor, que escuchamos y contemplamos asidua y pacientemente. Es ella la que nos hace partícipes del Misterio Pascual de Cristo, la que nos ayuda a dar sentido cristiano a nuestras acciones y a nuestros propios sufrimientos, haciendo fecundo lo que a los ojos del mundo es estéril e inútil; es esa palabra, que es el mismo Cristo, la parte mejor que hemos de aprender a elegir, para, por medio de nuestras buenas obras (cf. Mt 5, 16), revelar eficazmente hoy al mundo el misterio escondido desde siglos y generaciones.

Comentarios

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victoriasanchez
victoriasanchez

el 19/7/13
En el evangelio de este Domingo XVI del Tiempo Ordinario,el evangelista (Lc 10,38-42) narra la actitud
de dos hermanas:Marta y María.
Jesús fue a visitar a Marta a su casa, allí, se encontró con su hermana María.La cual,al ver a Jesús, se sentó
a sus pies y lo escuchaba atentamente.
Marta,agobiada por la cantidad de trabajo, le dice a
Jesús:"Señor,¿no te importa que mi hermana me deje
sola con todo el trabajo?.
A lo que Jesús,le respondió:"María ha elegido la mejor
parte,y nadie se la quitará".
María, representa nuestra relación con Dios, en la
dimensión vertical de nuestra vida,y es fundamental.
Y Marta ,la relación con los demás , en nuestra dimensión horizontal, que también lo es.
Lo importante en nuestra vida cristiana, es saber
conciliar » ver comentario
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patricia
patricia

el 20/7/13
Es dificil sostener el sufrimiento con la fe, sin embargo la confianza en Cristo es el refugio necesario, nos concede calma, esperanzas en momentos de mayor angustia y dolor. Finalmente Dios nos ama y no quiere el sufrimiento para nosotros. Bendiciones!
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PJ Báez
PJ Báez

el 20/7/13
Como el que nada bajo el agua buscando peces así se afana Marta en su labor pero hay que subir a tomar aire y eso es lo que hace María. Por tal razón nos sentamos los domingo a los pies del Señor para escuchar su palabra y tomar el aire en el espíritu y continuar llenos de amor, paz y de su fortaleza con las jornada de la semana.
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andreassssss
andreassssss

el 20/7/13
JESUS ES MUY BUEO
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roberto
roberto

el 21/7/13
La palabra, en esta oportunidad, como siempre, nos interpela y nos cuestiona, que por tanto querer correr y abarcar en nuestro diario vivir y actividades de la Iglesia,
muchas veces nos preocupamos en el "hacer" que el "ser", que el Espiritu Santo nos de sus dones para escuchar al Señor antes de encauzarnos en su viña.
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JOSE MIGUEL
JOSE MIGUEL

el 21/7/13
EN MEDIO DEL MUNDANAL RUIDO, PODEMOS PERDERNOS, PERDER A LA FAMILIA Y PERDER AL MISMO DIOS. ES BUENO DETENERSE, ES BUENO EXPERIMENTAR LA RIQUEZA DEL COMPARTIR EN FAMILIA. SENTIR A CADA UNO DE LOS MIEMBROS DE NUESTRO HOGAR, ES BUENO SENTIR LA PRESENCIA DE LOS OTROS Y BUENO APRENDER A DESCANSAR EN EL SEÑOR. QUE LA PRISA, LA AGITACION Y LA ACCION NO NOS ROBEN LA PAZ Y LA ALEGRIA DE SER FAMILIA E HIJOS DE DIOS.
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eleazar
eleazar

el 20/7/13
Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;. . . (Lucas 10, 41) Nos lo ha recordado hace poco Francisco.
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EDELMA
EDELMA

el 20/7/13
En este Evangelio nos recuerda Jesus, a pesar de la expresion dicha a Marta, que debemos conjugar el servicio como expresion de la contemplacion y la Contemplacion de Jesus como fuente para poder Servir a la manera de Él, Es decir que ella nos lleve a acoger a todo el que se nos acerca por cualquier motivo, como lo podemos leer en las dos lecturas que este domingo nos trae. Pidamole al señor nos regale esta capacidad de orar y aplicar en la vida cotidiana en servicio de lo contemplado.
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Brigitte
Brigitte

el 21/7/13
Algo parecido se puede decir de algo tan humanamente inútil e indeseable como el sufrimiento. Pablo nos ilumina a este respecto, cuando hace de sus sufrimientos personales no sólo una participación en los dolores de Cristo (que sigue sufriendo en su Iglesia y en todo sufrimiento humano), sino también parte esencial de su ministerio apostólico."
NO ESTOY DE ACUERDO CON ESTE EVANGELIO, IGUAL QUE EL DE LOS OBREROS DE LA ÚLTIMA HORA. EN CADA MISA, SE DICE DE CRISTO "VOLUNTARIAMENTE ACEPTADO" PERO MUCHA GENTE QUE SUFRE POR CUALQUIER RAZÓN NO HA ACEPTADO NADA!!!!!!
LO SIENTO, SOY UNA REBELDE...
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cecilia
cecilia

el 21/7/13
Oración y acción eso es lo que nos pide el Señor
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Joselito H
Joselito H

el 21/7/13
El Evangelio de este domingo nos habla, de Jesus cuando visita a Marta Y su Hermana Maria, como Maria continua sus oficios en la casa, y como Marta, deja a un lado los quehaceres de la casa para dedicarle el tiempo necesario a escuchar a Jesus. Nosotros, tambien a veces, dejamos a un lado nuestra oraciones y dejams de ir a la santa misa, porque no tenemos tiempo, y sin embargo, nos sobra el tiempo, para asistir a las diversions, a la playa, al estadio y muchas otras cosas mundanas que nos alejan de la presencia de Dios. Senor, te pido que nunca deje yo las cosas primarias, como es servirte y estar siempre a tu disposicion.
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rafaelmedicina
rafaelmedicina

el 21/7/13
Tambien los comentarios son hermosos
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D`Tallitos
D`Tallitos

el 21/7/13
Señor una vez te dije: te serviré donde quieras. Si quieres que te sirva a los pies de tu cruz, ahí estaré; confío en que tu gracia y tu fuerza no me abandonarán. Perdoname porque aveces, al igual que Marta ando preocupada por muchas cosas.
Me dices que toda acción debe de ir respaldada con la oración si queremos que de el fruto que tu esperas de nosotros.Por eso te pido por cada una de las cosas que voy a ser hoy, te pongo en tus manos (..................)para que a través de todas estas acciones tu mensaje y tu palabra sean conocidos y yo pueda ser portadora de tus bendiciones. AMEN
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gloria
gloria

el 22/7/13
SEÑOR, JESUS, HAZ QUE TE ACOJA EN MI CORAZON, Y TE CONTEMPLE CON MI ORACION. AMEN
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Petrus
Petrus

el 21/7/13
A la primera Lectura: Me intriga desde siempre la presencia de tres personas bajo la encina de Mambré y Abraham dirigiéndose a ellas como un Uno, el Señor... Espero que los hermanos musulmanes cuando lean ese pasaje entren en sospecha. A lo mejor su Alá es más complejo de lo que suponen ellos, respetuosos, dicen, del Libro.
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raul rechard
raul rechard

el 22/7/13
el evangelio de hoy nos invita a adoptar una actitud de servicio, teniendo encuenta las las buenas obras. en esta lectura podemos notar como maria deja los quehacerres de la casa para sentarse a los pies de Jesús para escuchar su palabra y pregunto quien de nosotros dejamos aveces los quehaceres de la casa para dedicarle un timpo a nuestro señor, muchos personas prefieren ir a fiestas sociales, borracheras, infidelidad, maltratos pero que hay de guardarle un momento a Señor ??''
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saber123
saber123

el 25/7/13
bueno esto me parece exelente
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Mackey
Mackey

el 15/8/13
Jesus nunca se cansa de perdonarnos si no somos nosotros que nos cansamos de orar
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