Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

La proximidad de Dios que nos hace prójimos

Como sabemos, el legalismo fariseo multiplicaba las normas de obligado cumplimiento, y ponía en su estricta y completa observancia la verdadera religión. Cuando las normas se multiplican es inevitable que se produzcan conflictos entre ellas, y se hace necesario discernir criterios de prioridad. También suele suceder que se multipliquen las opiniones sobre la adecuada jerarquía de las normas y que, en consecuencia, aparezcan distintas escuelas que disputan entre sí. La pregunta del fariseo a Jesús, “para ponerlo a prueba”, tiene toda la pinta de ser una pregunta de ese tipo: el deseo de comprobar a cuál de las escuelas rabínicas se adhería Jesús, y juzgar así sobre su ortodoxia, desde el punto de vista, claro, del fariseo en cuestión.

Pero Jesús no es un simple rabino, ni la suya es una opinión de escuela. Jesús ha venido a dar cumplimiento a la Ley, a llevarla a la perfección. Y, a tenor de su respuesta, esto significa limpiarla de la maraña de prescripciones rituales sobre las más peregrinas cuestiones, para ir al corazón de la misma: el amor a Dios (con todo el corazón y con toda el alma y con todas las fuerzas y con todo el propio ser) y al prójimo (como a sí mismo). Al responder a la pregunta (más o menos capciosa) del fariseo, Jesús aprovecha para revelarnos la nueva Ley del Evangelio, la Ley del amor y de la gracia, que lleva a perfección la Ley mosaica. Pero, podríamos preguntar, ¿dónde está la novedad, cuando en su respuesta Jesús se limita a citar dos textos del Antiguo Testamento? Cita, en efecto, Deuteronomio 6, 4-9, en lo referente al amor a Dios, y Levítico 19, 18 para el amor al prójimo. ¿Está Jesús sólo rescatando la Ley del Sinaí de la maraña legal farisea o hay en sus palabras verdadera novedad?

Para aclarar esto hemos de atender a la parábola del buen samaritano, con la que Jesús responde a la segunda pregunta del fariseo: ¿Quién es mi prójimo? El interlocutor de Jesús parece no tener dudas en lo referente al amor de Dios, pero no tiene del todo claro a quién abarca la obligación del amor a los demás, esto es, quién es nuestro prójimo al que debemos nuestro amor. Si nos atenemos a la Ley de Moisés, sustanciada en el Decálogo, sólo los familiares son próximos, y sólo hacia ellos el deber positivo de hacerles el bien. Así hay que entender el cuarto mandamiento, el único de la segunda parte de la tabla que manda actuar positivamente respecto de los propios padres y, por extensión, con el resto de los familiares (apurando algo más se podría incluir a los paisanos y connacionales). En lo que se refiere a todos los demás, más lejanos, sólo hemos de abstenernos de hacerles mal (es el contenido negativo de los otros seis mandamientos), esto es, basta con la exigencia del respeto. Pero, en su respuesta al fariseo, Jesús pone como ejemplo de prójimo, esto es, de “próximo” y cercano, a quien era para los judíos prototipo del extraño, del extranjero, del herético y enemigo, merecedor sólo de odio y desprecio: un samaritano. De esta manera paradójica y provocativa Jesús amplía el círculo de los próximos, de los familiares y hermanos (destinatarios del cuarto mandamiento) hasta incluir en él a todos los hombres y mujeres sin excepción, eliminando así toda frontera nacional, racial, incluso religiosa: todo ser humano es prójimo para ayudar y recibir ayuda, para hacer el bien y que se lo hagan, para amar y ser amado. Y es que, en verdad, la necesidad y el sufrimiento, así como la verdadera compasión, no entienden de fronteras, razas o confesiones. Jesús, con su parábola del buen samaritano, nos ha aproximado a todos, nos está invitando a superar todo extrañamiento, toda excusa (nacional, racial o religiosa) para eximirnos de la misericordia.

Sin embargo, no debemos pensar que con su respuesta Cristo sólo se ha referido a la segunda parte del mandamiento principal, dejando intacta la que se refiere a Dios. En realidad, al contarnos la parábola del buen samaritano, Jesús nos está transmitiendo una nueva imagen de Dios: si todo ser humano es mi hermano y, por tanto, depositario potencial de un amor activo, que se traduce en solicitud y ayuda, es porque Dios es el Padre de todos sin excepción, y nos hermana a todos en una misma familia. Sólo a la luz del Dios Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos es posible entender el mandamiento del amor universal, que incluye hasta a los enemigos (cf. Mt 5, 44-45), y, que, como se desprende de las palabras de Jesús, no consiste en un benévolo sentimiento de simpatía (que puede muy bien no darse), sino en una voluntad efectiva de hacer el bien.

La paternidad de Dios que hace de todos los seres humanos prójimos y hermanos no es una mera metáfora para decir que Él es el principio del que todo viene. Su paternidad expresa una relación esencial e interna, y anterior a la creación de las cosas y los hombres: es el Padre del Hijo Unigénito, unidos entre sí por el Espíritu del Amor. Y esa paternidad de Dios se ha hecho cercana y próxima en la encarnación del Hijo. Dios no está lejos de nosotros. Ya Israel intuyó esta cercanía de Dios: la voz del Señor, su palabra y su mandamiento no están en el cielo o allende el mar, sino muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca. Esa Palabra es el mismo Jesucristo, el “Dios con nosotros”, que en su encarnación se ha hecho imagen visible del Dios invisible y ha reconciliado consigo todos los seres, los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz. Él es en persona la perfección y el cumplimiento de la antigua Ley. En Jesús Dios se ha aproximado a nosotros, se ha hecho prójimo y hermano nuestro, y en él nos ha convertido a todos en prójimos y hermanos.

En Cristo entendemos que no hay contradicción alguna entre amor a Dios y amor al prójimo, sino que los dos preceptos son dimensiones de un único mandamiento principal. Cuando nos acercamos a los demás haciéndonos prójimos suyos, brindándoles nuestra ayuda y tratando de hacerles bien, estamos haciendo próximo a Dios, que es amor, pues estamos encarnando y visibilizando al amor mismo; pero este movimiento es posible porque Dios ya se nos ha aproximado, en Jesucristo, y en él nos ha mostrado su rostro paterno.

Así pues, el camino que lleva al templo, esto es, al verdadero culto de Dios, no es el camino directo del sacerdote y el levita, que para llegar a tiempo al templo dan un rodeo y evitan el encuentro con el que está en necesidad. Al contrario, ese rodeo de la atención solícita al que sufre, se convierte en el atajo que lleva a Dios verdadero, al Dios Padre de Jesucristo y Padre nuestro.

Comentarios
victoriasnchez victoriasnchez
el 12/7/13
En el evangelio de hoy, Domingo XV del Tiempo
Ordinario, el evangelista Lc 10,25-37 nos narra la
parábola del "Buen Samaritano": Un doctor de la ley,
preguntó a Jesús:"Maestro,¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"El le dijo: "¿Qué está
escrito en la ley?" El doctor contestó: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,con toda tu alma, con todas tus fuerzas y al prójimo como a tí mismo".
Dijo Jesús:"Has dicho bien.Haz esto y tendrás la vida".
Y preguntó a Jesús:"¿Y quién es mi prójimo?". A lo que Jesús, le responde con la parábola del "Buen
Samaritano".
Quiere hacerle comprender,que lo importante no es
saber,sino hacer.
Somos auténticos samaritanos,cuando atendemos a
todos. Especialmente a los pobres y marginados;
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eleazar eleazar
el 13/7/13
Cuando preguntamos "¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?" (Lc 10, 25) ya afirmamos sentirnos hijos de Dios, y cuando Dios se hace hombre, se hace prójimo, se deja asesinar por sus prójimos, se nos debería caer la venda de los ojos, y entender el valor que tiene el hombre; para los cristianos Dios está en el prójimo, porque "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25, 40)
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monyvalle monyvalle
el 13/7/13
Las lecturas de hoy son muy enriquecedoras, sobre todo el evangelio, nosotros como buenos cristianos no debemos poner a prueba a Dios nuestro Señor, sino que Dios nos pone a prueba a nosotros para ver que tan buen samaritano somos, nos envía día con día acontecimientos para que nos demos cuenta que el es la cabeza de la iglesia y de que sin él no somos nadie, no tomemos una actitud cómoda de esperar que el prójimo venga a nosotros, sino que nosotros vayamos al prójimo a cumplir con la ley de Dios, iniciemos hoy siendo un buen samaritano.
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cristinar cristinar
el 13/7/13
El Señor nos invita a ser caritativos, sólo cuando hay amor se ve más allá de nuestras narices, dejar el egocentrismo es cosa de valientes, de santos, ¡Qué gran tarea! Nada fácil, pero con la gracia de Dios, todo es posible, que seamos abiertos al hermano necesitado. Que nuestro amor rebose en entrega alegre y generosa. Gracias Señor por tu Palabra
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P. Erik Urías P. Erik Urías
el 14/7/13
"Hacer" es la palabra de moda, que hacer para bajar de peso?, que hacer para ser feliz? qué hacer para no pasar desapercibido? etc. Desgraciadamente hemos puesto nuestras preocupaciones en el "Hacer" y hemos dejado a un lado el "Ser". Hoy la Palabra nos invita a la reflexión serena, apagar el carro, bajar el volumen, apartar el plato o la botella... para pensar en: ¿cómo hago vida lo que ya sé? es decir, ¿cómo manifiesto el amor a mis hermanos y por ende a Dios?
El Evangelio es una invitación a salir de nosotros mismos, darnos cuenta de que no estoy solo en el camino de la vida, somos un pueblo que camina, aunque no todos a un mismo ritmo y con un mismo ánimo. Es necesario a veces, detenernos, ayudarnos, darnos esperanza... sólo así se cumplirá lo que hoy Jesús nos invita a » ver comentario
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JulioArbusto JulioArbusto
el 14/7/13
La ética del Amor como fundamento y razón del cristianismo. No nos alejemos de ese fundamento confundiéndonos con legalismos y estructuras agobiantes.
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Joselito H Joselito H
el 14/7/13
A veces, nosotros actuamos parecido al Levita y al Sacerdote, que se encontraron con el hombre que habia sido apaleado y dejado por muerto, por uno ladrones que le robaron. En muchas ocasiones, yo tambien he hecho lo mismo con mi projimo, cuando camino y me encuentro con alguien que necesita mi ayuda y yo sigo indiferente sin importarme por la situacion que esta pasando ese hermano.
Te pido Senor, que no me dejes actuar con indiferencia, ante la Mirada de compassion que muestra el rostro de un hermano mio que sufre las inclemencias del tiempo sin encontrar a alguien que le tienda las manos.
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MardeAmor MardeAmor
el 14/7/13
El encuentro con Cristo te hace vulnerable y sensible a todo el dolor de la humanidad y es donde realmente te sientes hijo de Dios y comprometido a ser verdadero samaritano, no necesita de tantas cosas para entender lo que es el Amor al projimo cuando relmente conoces el amor de Dios.
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daniel daniel
el 14/7/13
me sirve mucho
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Umberto Umberto
el 15/7/13
Muy lindo y edificante, gracias!
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juliana juliana
el 15/7/13
esta hermozo ese mensaje
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marcia lopez marcia lopez
el 15/7/13
el encuentro con Cristo te hace vulnerable y sensible a todo el dolor de la humanidad y es donde realmente te sientes hijo de Dios y comprometido a ser verdadero samaritano, no necesita de tantas cosas para entender lo que es el Amor al projimo cuando relmente conoces el amor de Dios.
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mariana roa mariana roa
el 17/7/13
me pareció muy interesante el evangelio
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lokote lokote
el 18/7/13
muy hermoso y lindo :3:3:3:3
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paula ramirez paula ramirez
el 1/8/13
es muy buena esta pagina
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