Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos y amigas:

Hoy es la fiesta de Santo Tomás. Uno de los doce apóstoles de Jesús. Su nombre significa “gemelo” en arameo.

En el Evangelio de Juan aparece en varios pasajes: cuando Lázaro acaba de morir y los discípulos se resisten ante la decisión de Jesús de volver a Judea, Tomás determina: "Vamos también nosotros, para que muramos por él". Durante la Última Cena, cuando Jesús asegura que ya conocen el camino a donde va a ir Él, Tomás pregunta: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?". Y, finalmente, en el pasaje que hemos leído hoy: aunque Tomás recibe el anuncio de la resurrección de Jesús, se niega a admitirla: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré"; sin embargo, ocho días después, Tomás toca con sus propias manos las heridas de Jesús y termina diciendo: “Señor mío y Dios mío”…

Es curioso: parece que Tomás, en estas tres intervenciones del Evangelio, hace el itinerario inverso a un camino que va de la duda a la convicción. Él, por el contrario, comienza con mucha determinación: "Vamos también nosotros, para que muramos por él"; continúa con una pregunta ante algo que reconoce no saber: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?". Y sigue con una duda radical: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré"…

Sin embargo, la duda radical no tiene en él la última palabra. Ante el Señor que se le hace presente, llega a la mayor confesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Y esa sí es la última palabra que conocemos de él.

Algo así puede ser la vida de todo discípulo del Señor: primero, un gran entusiasmo; después, comienzan a aparecer las preguntas ante lo que se desconoce; y pueden incluso llegar momentos de duda radical… Que en esos momentos también el Señor se nos haga presente, con sus llagas, mostrándonos que también Él pasó del entusiasmo de las muchedumbres que le seguían a la soledad de la cruz… Y que la confesión humilde de nuestra fe también sea nuestra última y discreta palabra. “Señor mío y Dios mío”…

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, cmf (luismanuel@claretianos.es)

Comentarios
socorro socorro
el 3/7/13
oH senor yo creo en ti confio en ti Espero en ti.
por que grande es tu poder grandes son tus obras
para los que en ti confiamos, alabare y bendicire
tu Santo nombre todos los dias de mi vida,Espero
que esta vez mi oracion encuentre gracia ante tus ojos
y me consedas lo que siempre te e pedido. gracias
gracias mi Senor .Tu hija que te adora Socorro
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Joselito H. Joselito H.
el 3/7/13
La primera lectura nos habla de nuestra dependencia dircta, con Jesus, que es la piedra angular de nuestra fe, nos dice que ya no somos forasteros ni extrenjeros, sino ciudadanos delos santos y por consiguiente, heredero del Reino de los Cielos, porque ya nuestra vida esta consagrada a Jesus, quien muriendo en una cruz nos saco del mundo, haciendonos hijo legitimo y heredero de su Gloria.
En el Santo Evangelio, vemos la incredulidad de Tomas, que no creyo en lo que le dijeron los apostoles, acerca de la aparicion del Senor, tenis tan lejos el que Jesus iba a resucitar como lo habia dicho antes de morir, estando Tomas presente. Senor, te pido que me sigas permitiendo creer en tu resurreccion y aunque no te haya visto, aunque no haya metido mis dedos en tus llagas y mis manos en el costado, » ver comentario
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Socorro Socorro
el 3/7/13
nuestra fe tiene que estar firme, y aunque no veamos
a Dios devemos sentir su presencia, asi como el
viento no se ve pero se siente, asi es el amor de
nuestro padre celestal. el amor no se ve pero se
siente.
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vanessa vanessa
el 3/7/13
La fe lo que no se ve pero se siente,gracias SEÑOR POR DARNOS FE.
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Francisca Francisca
el 3/7/13

Me reconozco en el comentario del evangelio. Al igual como dices del apóstol Tomás, yo he partido con un gran entusiasmo....., tanto era mi entusiasmo que quizás pasé a llevar a más de algunos. La realidad de las dificultades de la vida me han ido mermando, una mezcla de desilusión, de verme enfrente a ese realismo a veces tan poco amable, un tanto chocante, que te golpea y te hace despertar de tus sueños quizás algo adolescentes, y me he quedado en silencio un poco pasmada pero no disminuida en mi fuego interior, porque aún lo siento. Aún así me veo un poco en pausa, con mi caminar más lento, más cuidadoso, viendo cómo y por donde darle expresión, vida, cuerpo y carne a lo que me quema dentro por transmitir, proclamar, evangelizar, el sabernos creados y amados por nuestro » ver comentario
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Patricia Patricia
el 4/7/13
Quiero dar testimonio de fe y del amor que Nuestro Padre Celestial, junto a Jesús y el Espíritu Santo me han regalado desde hace ya más de 3 años.
Tengo cáncer en los huesos(mieloma múltiple), he sido hospitalizada, operada, ahora trasplantada de médula osea, pero Dios me ha colmado de amor, misericordia, perdón y mil bendiciones...lejos estoy mejor ahora que cuando estaba sana, ya que gracias a la oración del rosario, a la lectura de la biblia y los milagros recibidos casi a diario mi fe se a multiplicado.
Que Dios los bendiga a todos y recen por el mundo que tanto lo necesita.
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Joaquín Joaquín
el 4/7/13
A veces somos injustos con el apóstol Santo Tomás, como si el hubiése sido el único que no creyó o no "pudo" creer en un momento determinado. Y subrayamos más éste aspecto, que el momento clave de Tomás frente a la delicadeza y condescendencia del Señor resucitado con el mismo Apóstol. Pero el hecho es que ninguno de los apóstoles tampoco creyó por el testimonio de las mujeres que hbían visto al Señor resucitado. La personalidad de Tomás parece ser muy especial; parece como autónomo, como que a el no le pareció prudente creer a sus compañeros como demasiado conmosionados por haber visto al Señor resucitado. Tomás, quiere seguridad, quiere tener el control y cuando el Señor le muestra las heridas cicatrizadas de manos y costado y lo invita a "tocar" a "palpar", Tom » ver comentario
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