Comentario al Evangelio del domingo, 5 de mayo de 2013

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Jose Vegas, cmf

 

La sabiduría del amor

La palabra “amor”, se dice frecuentemente, está prostituida y gastada por el uso y abuso a la que continuamente se la somete. Se usa para designar cualquier sentimiento de inclinación y afición a algo o a alguien, con frecuencia se identifica esa palabra con una actitud indefinida, desestructurada, puramente subjetiva, la más de las veces parecida a la pasión pasajera, más que al acto definido de una libertad que se entrega y se prolonga en el tiempo como fidelidad. Que se abuse de la palabra no debe, sin embargo, escandalizarnos demasiado, porque el continuo recurso a ella indica, al menos, que el ser humano está, sobre todo, necesitado de amor, que está llamado al amor, que es, como dijo cierto filósofo, más un “ens amans” que un “ens cogitans”, es decir, que se define más por sus amores que por sus pensamientos. 

Y, sin embargo, no hemos de resignarnos tampoco a un amor sin rostro, indefinido, desestructurado y dependiente por entero de los efímeros sentimientos y de los cambios de humor. Si el amor es tan importante y decisivo en la vida humana, significa, por una parte, que está dotado de una profundidad y radicalidad que tiene que trascender la fugacidad temporal y emotiva, aunque, eso sí, recogiéndola y asimilándola. Y, por otra parte, significa también que es preciso tratar de definir y entender la sustancia del amor con una precisión mayor que la que nos ofrece la prensa rosa o las opiniones comunes. 

Hoy Jesús en el Evangelio vincula con insistencia el amor y la palabra, su Palabra, la Palabra del Padre que le envió. Amarle a Él significa escuchar, acoger y guardar su Palabra. Un amor que es palabra es un amor que se expresa, que se encarna, que se traduce en actitudes concretas y reales. El amor de Dios es un amor-Palabra: Dios Padre nos da su Palabra, y la cumple. Su Palabra, la que Él nos envía, es una Palabra hecha carne, que viene al encuentro, que se entrega hasta la muerte. Es, además, necesariamente, un amor que busca y provoca el diálogo. Vincular el amor con la Palabra significa afirmar que hay un Logos del amor, una lógica suya y una racionalidad propia. El verdadero amor implica apertura, acogida, comprensión, constancia, fidelidad. Un amor así se puede enseñar y se puede, en consecuencia, aprender. Nuestro maestro es Jesucristo, la Palabra encarnada del Padre. En él, el amor de Dios ha trascendido los sentimientos indefinidos y los meros buenos deseos y ha establecido un diálogo que requiere respuesta por nuestra parte. 

El magisterio de Cristo se prolonga a lo largo de los siglos por medio de su Espíritu, que hoy el mismo Jesús nos promete. Es el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, el que sigue abriéndonos la mente y el corazón para escuchar y acoger esta Palabra como lo que es en verdad: Palabra de Dios, pero Palabra encarnada, humana, cercana, entregada y que, al mismo tiempo, nos llama y nos exige. Es el Espíritu el que sigue enseñándonos en qué consiste guardar la Palabra: conservarla, como María, en el corazón, para que, desde ahí, se traduzca y encarne en nuestras palabras y acciones, para que también nuestro amor esté internamente alimentado y articulado por ella, para que podamos amar de manera, al mismo tiempo, concreta y sabia. Haciéndonos sabios en la escucha y acogida de la Palabra, que guardamos y nos inspira, el Espíritu Santo nos irá recordando todo lo que nos ha dicho. Pero recordar no es sólo una cuestión de memoria (rememorar), sino de corazón: “re-cordari”, es un resonar en el corazón, o, como dice Ortega, “recordamos lo que volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón”. El Espíritu Santo nos enseña haciendo resonar en nuestro corazón la Palabra viva que es Cristo, con el que mantenemos así un diálogo permanente y creativo. Esta es la fuente de nuestra paz interior, que nos permite vivir desde nosotros mismos, desde ese interior pacificado por Cristo, en vez de, como sucede frecuentemente, reaccionar compulsiva e instintivamente a los estímulos ambientales. 

El amor basado en la Palabra y que nos pacifica, nos pertrecha para el camino. Cada uno de nosotros, la Iglesia entera, avanza por la historia llamada a trasmitir esta Palabra pacíficamente, de manera dialogal. Es lo que se desprende de la primera lectura. Un grave conflicto amenaza a la comunidad. Se están extendiendo interpretaciones del Evangelio que no son compatibles con su verdadero contenido. Algunos quieren hacer de él una leve variante del judaísmo, que pretenden imponer a los convertidos del paganismo. La comunidad, dócil al Espíritu, se pone a la escucha, recuerda, dialoga y decide. No es el triunfo de un partido o un grupo, sino el triunfo del amor iluminado por la Palabra, que restablece la paz de la comunidad. No puede no haber conflictos y problemas mientras la naturaleza humana sea la que es y no haya alcanzado la meta definitiva de la salvación. Los discípulos de Jesús han de distinguirse, por tanto, no por la ausencia de conflictos, sino por el modo de resolverlos: con voluntad de diálogo y acogida mutua, dóciles al Espíritu, con la sabiduría del amor que nos enseña el Maestro y nos inspira su Espíritu. Cuando somos fieles a este “método” no sólo estamos resolviendo conflictos (ni siquiera está dicho que los acabemos resolviendo todos), sino que estamos haciendo algo mucho más importante, que repetimos cada día como petición en la oración del Padre nuestro: al guardar su Palabra estamos haciendo que se cumpla la voluntad de Dios (de amor, de diálogo, de paz) en la tierra, como ya se cumple en el cielo. Es decir, estamos trayendo el cielo a la tierra, estamos contribuyendo a que descienda del cielo la Nueva Jerusalén, abriendo espacios en nuestra historia en los que, sobre el fundamento de los apóstoles, la gloria de Dios nos ilumina por medio de la lámpara de luz que es el mismo Jesucristo, el Cordero inmolado por amor y para la salvación de todos. 

icono comentarios 11 comentarios

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Comentarios
En este VI Domingo de Pascua,Jesús nos anuncia su
partida.Nos promete enviarnos el Espíritu Santo." El
será quien os lo enseñe todo,y os vaya recordando lo
que os he dicho".
"La Paz os dejo,mi Paz os doy, pero no como la dan
los que son del mundo".
La Paz, es un don de Dios. Debemos agradecerle la
entrega de esta Paz.
Tal vez,debamos preguntarnos ¿cómo está nuestro
mar interior? ¿está tranquilo...?
San Agustín nos dice;que la Paz interior,es la serenidad
del espíritu, la tranquilidad del alma, la sencillez del
corazón y el vínculo del Amor.
Pidamos a María nuestra Madre, y Reina de la Paz,
ruegue a su Hijo, que el don de la Paz reine en nuestro corazón y en nuestra mente.
Pidamos por la Paz del mundo, por la de nuestras
familias , y por la de aquellos » ver comentario
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victoriasnchez victoriasnchez
el 3/5/13
Me parece muy buena explicacion sobre todo en el enfasis que hacen o la diferiencia en memoria y recordar pienzo que ahi se desgloza una gran diferencia del amor de Dios
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Enrique Enrique
el 3/5/13
me quedo con esto, esta es la clave, Yo asi quiero vivir: Los discípulos de Jesús han de distinguirse, por tanto, no por la ausencia de conflictos, sino por el modo de resolverlos: con voluntad de diálogo y acogida mutua, dóciles al Espíritu, con la sabiduría del amor que nos enseña el Maestro y nos inspira su Espíritu.
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Mar de Amor Mar de Amor
el 4/5/13
SI ME AMARAIS, OS ALEGRARIAIS PORQUE ME VOY AL PADRE. ALGUNOS SE IMPACTARIAN CON ESAS PALABRAS.
QUIEN PUEDE ALEGRARSE PORQUE SE VA SINO ES AQUEL QUIEN SABE A DONDE VA Y DE DONDE VIENE?... A LA NUEVA JERUSALEM QUE ES COMO PIEDRA TRANSLUCIDA, PURISIMA, VALIOSA, HERMOSA, INCOMPARABLE. CONOCERLA ES AMARLA, DESEARLA, ESPERARLA, CONTEMPLARLA; ASI LA ESPERANZA DE LO QUE ANHELAMOS SEA SIN TEMOR. DICHOSO LOS SEDIENTOS, PORQUE SERAN SACIADOS...
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JACKY. JACKY.
el 5/5/13
esta semana, el amor, no de espíritu-material, sino ademas material-material, pero ademas material-espiritual, dicho de mejor manera, la oración, aquella actividad que nos hace desahogar nuestra intranquilidad interior a exteriorizarla y sentirnos en una paz finita, en el cual mantenemos un dialogo permanente y creativo con el señor todopoderoso, mi dios.
gloria a dios.
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alfonso alfonso
el 5/5/13
Buen comentario de las lacturas de hoy. Me uno al comentario de Mar de Amor.
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Mari Carmen Mari Carmen
el 5/5/13
En la lectura del Evangelio de hoy domingo, el Senor nos dice que si nosotros los amamos, el Padre nos amara y morara en nosotros y seremos salvos, pero si no le amamos, seremos del mundo y el Senor no nos amara. Debemos reflexionar sobre el amor de Dios para con nosotros que es un amor sincere, no como el mundo nos los ofrece, un amor artificial donde predomina la passion pasajera. El amor de Dios para nosotros es tan genuine y tan grande, que nos da su hijo para guiarnos por el camino correcto, llegando al extreme de dar su vida por nosotros. Te pido Senor, que me ayudes a reconocerte, como mi Salvador y padre bueno que no te reseva nada con tal de darnos la felicidad. Amen.
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Joselito H Joselito H
el 5/5/13
el acoger la Palabra de Dios en nuestra vida posibilita a Dios habitar en nuestro corazón, como consecuencia de esto nuestra vida experimenta la paz verdadera que capacita para resolver nuestros conflictos y problemas iluminados por el Señor todopoderoso y el Cordero.
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josé anibal josé anibal
el 5/5/13
Pero Dios rico en misericordia con el grande amor con que nos amó...Ef 2 4-10. Mi lucha diaria es vivir y no olvidar que "Yo amo con el grande amor que Dios me ama"; en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicara.
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Augusto Augusto
el 5/5/13
¡Qué bueno que es saber que Él nos sostiene en los conflictos!
...poder dar el salto de fe, y superar el miedo...
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Fernando R. Fernando R.
el 5/5/13
Muchas gracias, Jose Vegas, muy edificante tu comentario.
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Umberto Umberto
el 5/5/13
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Lunes, 1 de septiembre de 2014

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Lc 4,16-30. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres... Ningún profeta es bien mirado en su tierra.

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