Comentario al Evangelio del domingo, 28 de abril de 2013

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José María Vegas, cmf

La nueva Jerusalén y su ley

Desde tiempo inmemorial los seres humanos han diseñado utopías, es decir, formas ideales de sociedad y de cultura en las que los males que afligen desde siempre al ser humano fueran, si no desterrados para siempre, sí al menos limitados hasta niveles soportables. Lugares y formas de organización social en los que se redujera al mínimo el llanto y el dolor, el mal y la injusticia, y se lograra hasta donde fuera posible poner un coto a la muerte. Estas utopías con frecuencia no han pasado de ser proyectos escritos (Utopía de Sto Tomás Moro es la más célebre, pero hay muchas otras: la República de Platón, La Ciudad del Sol de Campanella y otros); en algunas ocasiones se han ensayado en la práctica sobre bases distintas, religiosas (la Florencia de Savonarola, o la Ginebra de Calvino) o pretendidamente científicas (la utopía marxista).

Difícil es valorar la mera imaginación de las cosas, pero parece que hay consenso en que los ensayos de realizar estas repúblicas ideales han generado mayores males que los que pretendían remediar. Las pasiones, los deseos, la libertad imprevisible del ser humano han acabado por forzar a los utópicos a prescindir de parte de la humanidad a la que pretendían servir, a violentar la naturaleza humana en el lecho de Procusto de sus deseos utópicos. En síntesis, para remediar el mal hay que producir tanto mal que, al final, suele resultar peor el remedio que la enfermedad.

¿No es la visión de la “Nueva Jerusalén” una versión más de esas utopías sangrientas? En el texto del Apocalipsis alienta el anhelo inextinguible del hombre por un mundo sin mal, sin dolor, sin muerte. Pero aquí no se trata de un sueño que se pone de espaldas a la realidad concreta del hombre y que, por tanto, se niega a mirar cara a cara el mal real de nuestro mundo. La clave de lectura de la visión de la nueva Jerusalén está en el Evangelio que hemos leído en este quinto domingo de Pascua.

Es un evangelio un poco raro en el contexto del camino pascual que venimos recorriendo. Recordemos que se trataba de ir descubriendo aquellos lugares en los que era posible “ver” al Señor con los ojos de la fe: la comunidad de discípulos, la Eucaristía, los Pastores. En esta semana se nos habla de un centro fundamental (si no del centro fundamental) de la fe cristiana: el mandamiento del amor. Es así: esas presencias del Resucitado iluminan el misterio del amor que Dios nos tiene, y tienen sentido para hacer posible que nosotros, los seres humanos, vivamos de ese mismo amor. Pero el “amor” del que aquí se habla no tiene nada de romántico, no es un sentimiento de simpatía universal, ni tampoco está dirigido sólo a aquellos que “nos caen bien” o que piensan como nosotros... De hecho, el evangelio, con sus primeras palabras, nos retrotrae a los momentos anteriores a la Pasión de Cristo: “cuando salió Judas del cenáculo”. Aunque aquí no se cita, en ese texto se dice que “era de noche”. Es decir, volvemos de la luz a la oscuridad. Y se hace, creo, precisamente, para recordarnos que aquí no hablamos de una hermosa pero irreal (y peligrosa, por excluyente) utopía.

El amor del que aquí se habla mira cara a cara el mal, no lo rehúye, no crea “cordones sanitarios” contra sus posibles portadores (¡¿quién no es portador?!). Dios mira al ser humano real, con todas sus miserias, y las asume sobre sí, las hace suyas, pasa por ellas. El amor de que se habla aquí no es romántico, ni utópico, ni cerrado en el pequeño grupo sectario que se forma a base de la exclusión de los “impuros”; por el contrario, es fuerte, realista, difícil: es la actitud del que está dispuesto a dar su vida en bien de sus hermanos. ¿Quién es capaz de un amor así? Sólo hay una respuesta: Jesús. El amor que nos manda tener entre nosotros es el amor que él nos regala: “que os améis unos a otros, como yo os he amado”. Un amor que mira y asume la limitación y que, por eso, se encarna en lo concreto: un amor que soporta, es paciente, perdona, asume, escucha, que dice la verdad, pero sin rigidez, que da siempre una nueva oportunidad. Es el amor del día a día, el único que nos sostiene en la vida cotidiana, y cuenta por ello con los momentos de cansancio, de debilidad, de rutina, de crisis.

La luz del Resucitado nos da la fuerza para amar también cuando “es de noche”, es decir, en el momento de la cruz, sin utopismos, pero con horizontes de esperanza. La nueva Jerusalén ha comenzado, pero está en camino. Hay que sembrarla con ese amor realista y encarnado, que, porque no es romántico, no es excluyente (hasta el enemigo es objeto de él), sino abierto a todos: es el amor universal de la misión de la Iglesia de la que nos habla la primera lectura.

En esta quinta semana de Pascua la Palabra de Dios, al tiempo que se concentra en el mandamiento del amor (la sustancia de las presencias del Resucitado y el motor de la misión), se introducen dos motivos íntimamente unidos: el Espíritu Santo y la próxima Ascensión de Cristo, que marca el final del intenso período de las apariciones del Resucitado. Su marcha conlleva una cierta noche, pero no es un abandono (el fin de la utopía), sino una nueva forma de presencia: el amor no es ante todo un esfuerzo moral, sino la presencia del Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús en la Iglesia y en los creyentes. Esa presencia alimenta nuestra vida cristiana e ilumina esas presencias del Resucitado que hemos contemplado en las primeras semanas pascuales.

Si es de noche en nuestra vida, hemos de saber que la luz del Resucitado opera ya en nosotros gracias al Espíritu Santo que Jesús nos promete. Aunque sea de noche es posible hacer el bien y realizar este amor concreto, realista y encarnado, para así ser fieles a los momentos de luz. Si, pese a nuestras debilidades y defectos, tratamos de vivir de este amor previamente donado, entonces estaremos realizando la misión de la Iglesia, pues por él “conocerán que somos discípulos suyos”. Y si lo hacemos así, por muy deficiente que nos parezca nuestro testimonio, estaremos adelantando esa “utopía realista” y ya operante en la historia humana: la nueva Jerusalén, en la que Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos, y ya no habrá muerte, ni llanto ni luto, ni dolor.

icono comentarios 10 comentarios

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Comentarios
En este 5º Domingo de Pascua, el evangelista Juán nos presenta a Jesús en el Cenáculo, celebrando la
Pascua Judía con sus discípulos. Se está despidiendo de ellos.Y les dice:" Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis unos a otros como yo os he amado".
(Jn 13, 34).
Esta será la señal por la que seréis reconocidos como
como amigos míos.
¿Cómo vivir este AMOR,que Jesús me pide? ¿Cómo
llevarlo a la práctica?Tal vez,la respuesta sea"Amando"
Lo que implica,tratar al prójimo, de la misma manera
que me gustaría,me tratasen a mí.¿Y cómo más? El,
en su su mensaje evángelico nos dice:"Tuve hambre,
y me diste de comer".Tuve sed y me diste de beber".
Cierto, que amar como Jesús, parece una utopía
irrealizable .Porque..nos ha puesto el listón muy alto.
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victoriasnchez victoriasnchez
el 26/4/13
Este comentario resume todo los comentarios que he echo a lo largo de esta semana, preparándome este evangelio para mi catequesis semanal, pero hay una cosa, desde pequeño nos enseñan a estudiar mate, fisica, lengua etc... pero no nos enseña desde párvulo hasta la universidad, la gran asignatura pendiente que tenemos todos que es el AMOR, como amar, algo que lo llevamos dentro de nosotros, desde que nacemos pero que muchos no encuentran a su MAESTRO, y lo tenemos clavado en una cruz, ojala todo el mundo pueda amar, y esa utopía pueda hacerse realidad porque SI SE PUEDE
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MIGUEL ANGEL MIGUEL ANGEL
el 25/4/13
¡Qué palabra más bonita!: amor; pero cuánto implica, cuanto sacrificio, cuanta negación de sí mismo, qué difícil es tener esa actitud; no hablo sobre las relación de padres a hijo o de esposos entre sí. Hablo de ese espíritu de sacrificio para callarte en un momento dado y no replicar ante una ofensa o ante algún comentario o disposición de otro que se enfrente a nuestros criterios, nuestras "comodidades", en fín a nuestro yo.
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F.G.V.H. (paco) F.G.V.H. (paco)
el 27/4/13
DIOS ESTA HACIENDO TODO NUEVO, COSAS NUEVAS; NO DICE QUE LAS ESTA RENOVANDO, NO! DICE QUE ESTA HACIENDO COSAS NUEVAS Y ESTO SIGNIFICA RESTAURACION; ENTENDIENDO POR ESTO QUE CADA COSA SERA PLENAMENTE COMO DEBE SER. GUAOH, DIRIA MI PERRITO...PERO ESO ES MARAVILLOSO, QUE SEA RESTAURADA LA CREACION, EN EL PRESENTE Y PARA UN FUTURO MEJOR, PARA TODOS LOS QUE LO BUSCAN, LOS QUE SE REFUGIAN EN EL; SU PUEBLO, LA NUEVA JERUSALEM QUE LA COMENZAMOS A VIVIR AQUI CUANDO VIVIMOS EN LA FE Y LA ESPERANZA DEL MUNDO FUTURO, PUES EL PRIMER MUNDO HABRA PASADO. LOS QUE VIVEN ASI, NO TIENEN MIEDO A HABLAR DE ESE CIELO QUE SE NOS TIENE PROMETIDO; DONDE NO HABRAN ANGUSTIA NI MIEDOS,NI DOLOR NI LLANTO...LO QUE NINGUN OJO VIO, NI OIDO OYO, PARA LOS QUE LO AMAN. AMEN Y AMEN!
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JACKY. JACKY.
el 28/4/13
Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe
“ La señal..: amáis unos a otros”?
Nos amamos unos a otros?
Que señales estamos dando? Los que asistimos a la fiesta del señor? Hoy Domingo (cuando se abre ese Cielo sobre el Altar, el cielo que nos mira triunfante diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor…y Que Juan nos adelanta en su inspiradora visión” Que señales somos capaces de dar? Que podemos contar con nuestros testimonios? A cuantos les hemos abierto la puerta de la FE, al menos con la alegría de saberse amado por Dios?.
Señor clemente y misericordioso, este indigno esta por “pasar por mucho para entrar en tu reino”, te pido alcanza para mi mansedumbre, pa » ver comentario
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Jose del Carmen Jose del Carmen
el 28/4/13
Definitivamente, Dios es amor y el amor es Dios. Dios renueva todas las cosas cuando lo hacemos presente viviendo el amor. El cielo es la habitacion de Dios y si Dios es amor donde hay amor ahi hai cielo. Hagamos del mundo en que vivimos un cielo. Esta en nuestras manos con la fuerza del Espiritu divino. Este infierno en que vivimos (mundo de merte) se trasformara en vida, en cielo si le abrimos la puerta,el corazon a DIOS.
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luis f pinto luis f pinto
el 28/4/13
...INVITABAN A TODOS A PERSEVERAR EN LA FE...EL QUE PERSEVERE HASTA EL FIN, ESE SE SALVARA. PARA VIVIR PERSEVERANDO HAY QUE VIVIR ALIMENTANDO LA FE, BUSCANDO FORTALECER LAS BASES, LOS PRINCIPIOS; PARA QUE CUANDO LLEGUEN LOS MOMENTOS DE DESANIMO, ABANDONAR, NO TIRAR LA TOALLA. LA EUCARISTIA, LOS SACRAMENTOS, LA ORACION, LA FE EN MARIA, LA SIEMPRE VIRGEN MADRE DE DIOS Y AUXILIO DE LOS CRISTIANOS; LA PALABRA DE DIOS Y LA FUERZA DEL ESPIRITU SANTO, NOS MANTIENEN SIEMPRE UNIDOS A LA FE Y AFIANZADOS A LA ESPERANZA DE LA REALIZACION DE TODAS LAS PROMESAS DE DIOS PARA SU PUEBLO. AMEN!
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JACKY. JACKY.
el 28/4/13
Que fácil es amar porque se que Jesús me ama gratuitamente en la rica misericordia de Dios, y su nombre me reviste y vivifica dando testimonio que lo amo amando a mi prójimo como Él me ama, y así vivo y realizo las buenas acciones que Dios me asignó como tarea. Ef 2 4-10
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Augusto Augusto
el 29/4/13
que el evangelio de hoy dia nos ayuda a reflexcionar
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fatima fatima
el 26/5/13
el texto nos dise lo siguiente
Texto del Evangelio (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: ‘Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’
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fatima sollis fatima sollis
el 26/5/13
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Martes, 16 de septiembre de 2014

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Lucas 7, 11-17: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

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