Comentario al Evangelio del

Patricio García

Queridos amigos:

Ver la luz de Galilea, andar alrededor del lago, subir a Jerusalén y baja a Jericó, se ha dicho, se ha vuelto necesario para comprender el cristianismo. Porque el cristianismo es un hecho antes que una idea, una persona antes que un mensaje, un tiempo y un lugar concretos (primer siglo de nuestra era, Palestina), antes que una posibilidad universal. Sencillamente, porque el cristianismo es Jesús, una persona que vio la luz de Galilea, andaba alrededor del lago, subía a Jerusalén y bajaba a Jericó, se compadecía de la gente, decía palabras que llegaban al corazón, fue muerto por nosotros y al tercer día resucitó. Un día de aquellos dijo una palabra inspirada: "Yo soy la luz del mundo". Juan, el apóstol, quedó impresionado por estas palabras y las reprodujo fielmente en su evangelio: "Yo soy la luz del mundo". Luz cernida de Dios para que los ojos humanos que la contemplen no queden cegados sino iluminados. Luz que es a la vez forma, orden, verdad, frente al caos, el desorden la mentira. Ahora en Pascua comprendemos mejor que Jesús es la luz del mundo, luz que ninguna tiniebla podrá sofocar.

Luz que no ciega, ni deslumbra, ni engaña, ni hiere, sino que ilumina suavemente, cura la ceguera y hace bien al corazón.

No siempre y en todos los momentos de la historia se ha percibido a Jesús de esta manera. A medida que los hombres se acercan sinceramente a Él experimentan que algo se alumbra en su interior. Aunque en algunas ocasiones nos parezca que es de noche, no es de noche: es sólo la sombra. Del otro lado está la luz.

Vuestro amigo.
Patricio García

Comentarios
Jose del Carmen Jose del Carmen
el 24/4/13
Sin exactitud diría que podrían haber pasado unos 15 / 10, años de aquel pentecostés, de aquel “damasco” de Saulo cuando todo evolucionaba así y se podría decir que la tradición/expresión oral y el kerigma tomaba forma en el Espíritu del Señor estos hombres y mujeres que eran convocados a ser LUZ, a portar la LUZ que provenía de ese Galileo, el Nazareno, el hijo de La SANTA madre María de Nazaret la hija de Ana y Joaquín. La unidad, la comunión en un solo cuerpo y la misión siempre va siendo motivada y empujada por el Espíritu y fortalecida por la presencia del Señor en el Pan y Vino consagrado (1Cor 10,77). Claro les quedaba que sin esa FUERZA nada podían, ante un misterio que los envolvía con una LUZ que Cegaba pero que dejarse abrir la vista ya nada sería visto » ver comentario
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