Comentario al Evangelio del

Patricio García

Queridos amigos:

Ver la luz de Galilea, andar alrededor del lago, subir a Jerusalén y baja a Jericó, se ha dicho, se ha vuelto necesario para comprender el cristianismo. Porque el cristianismo es un hecho antes que una idea, una persona antes que un mensaje, un tiempo y un lugar concretos (primer siglo de nuestra era, Palestina), antes que una posibilidad universal. Sencillamente, porque el cristianismo es Jesús, una persona que vio la luz de Galilea, andaba alrededor del lago, subía a Jerusalén y bajaba a Jericó, se compadecía de la gente, decía palabras que llegaban al corazón, fue muerto por nosotros y al tercer día resucitó. Un día de aquellos dijo una palabra inspirada: "Yo soy la luz del mundo". Juan, el apóstol, quedó impresionado por estas palabras y las reprodujo fielmente en su evangelio: "Yo soy la luz del mundo". Luz cernida de Dios para que los ojos humanos que la contemplen no queden cegados sino iluminados. Luz que es a la vez forma, orden, verdad, frente al caos, el desorden la mentira. Ahora en Pascua comprendemos mejor que Jesús es la luz del mundo, luz que ninguna tiniebla podrá sofocar.

Luz que no ciega, ni deslumbra, ni engaña, ni hiere, sino que ilumina suavemente, cura la ceguera y hace bien al corazón.

No siempre y en todos los momentos de la historia se ha percibido a Jesús de esta manera. A medida que los hombres se acercan sinceramente a Él experimentan que algo se alumbra en su interior. Aunque en algunas ocasiones nos parezca que es de noche, no es de noche: es sólo la sombra. Del otro lado está la luz.

Vuestro amigo.
Patricio García

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