Comentario al Evangelio del

Enrique Martinez, cmf

 

LA SEÑAL QUE NOS DA JESÚS

 


 

 

           En este día la liturgia nos invita a poner nuestra atención en Jesús, en particular en su Palabra y en su llamada a la conversión. En definitiva: en eso consiste nuestra fe.

         En mis clases con universitarios, y en mis diálogos con distintos adultos que tienen alguna inquietud religiosa, me encuentro que no pocos de «esta generación» tienen sus dificultades a la hora de dar el salto a la fe.  Algunas de esas dificultades provienen de ideas deformadas sobre lo que Dios es y espera del hombre, del rechazo a aspectos de la fe que les han intentado imponer como absolutos, sin opciones ni responsabilidad personal, o por cómo perciben a las jerarquías eclesiásticas, o... Bastantes de estos aspectos son relativamente solucionables, situándolos adecuadamente, retirando obstáculos, aclarando dudas intelectuales.... etc. 

          Pero llegamos a un punto en que te dicen: «¿cómo sé yo que la fe cristiana es verdadera? ¿Cómo sé que Jesucristo realmente es Dios? ¿Por qué tengo que creerme lo que me dicen de Jesús en los evangelios o en la comunidad cristiana?». Quisieran algún tipo de demostración contundente, alguna receta eficaz que les allanase el camino de la fe. Si, como ha repetido tantas veces Benedicto XVI, la fe es sobre todo una experiencia personal de encuentro con Cristo.... ¿como se consigue eso? Ellos saben mucho de «experiencia» porque estamos en los tiempos de la Diosa Ciencia, de que todo tiene que ser comprobado y demostrable para ser verdadero...

        Uno tiene la impresión de que es como si quisieran aprender a nadar a base de libros, de cursillos, de testimonios, de razonamientos.... pero sin lanzarse nunca al agua. Me parece que algo parecido se encuentra Jesús en la escena del Evangelio de hoy: quieren señales, milagros, signos, evidencias que dejen claro quién es Jesús. Y se lo dicen a él.

         La respuesta de Jesús es desconcertante: Hace referencia al profeta Jonás, un profeta israelita que no fue demasiado dócil a las llamadas y misiones de Dios, pero que, por medio de su predicación, del anuncio de la Palabra, consiguió la conversión de un pueblo extranjero, un cambio de vida.  A Jesús no le fue tan bien como a Jonás. Él también está en medio del pueblo y predica la misma llamada a la conversión. Especialmente en el Evangelio de Lucas, Jesús es el profeta, el que tiene la palabra de Dios en su boca,  es la Palabra encarnada. Y les dice algo así como: «el único modo de que comprobéis quién soy yo, y la verdad de mi mensaje es que os atreváis a ponerlo en práctica, que me creáis, que experimentéis en vosotros que mi Palabra es salvadora». Es decir: que dejéis de mirar la piscina desde el borde y os lancéis al agua, a nadar!

         Algunos serán capaces de hacer esfuerzos inmensos por aprender yoga, por dominar habilidades profesionales, por aprender lo que sea viajando al extranjero, o quemando horas y horas en una empresa... Se parecen bastante a la reina de Saba, inquieta buscadora... pero no terminan de atreverse a «probar» a plantearse su vida desde Jesús, a hacer vida su Palabra... y así es casi imposible que surja la fe.

       ¿Solo a ellos les pasa? Me parece que esto de plantear toda nuestra vida desde la Palabra y el ejemplo de Jesús es tarea pendiente de muchos otros. Ya nos avisaba Santiago en 1, 22-23: «Poned en práctica la Palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Pues el que la oye y no la cumple se parece a un hombre que contempla su rostro en un espejo, y después de mirarse se marcha, olvidándose enseguida de cómo era». Oírla y olvidarla. Pensarla y olvidarla. Sabérsela, pero olvidarla. Mirarse ella y olvidarla. Predicarla, y olvidarla....

        En definitiva: una invitación a tomarnos mucho más (totalmente) en serio a Jesús y su Palabra para hacerla vida, de modo que los hombres que hoy buscan «señales» y «pruebas» puedan encontrarlas en nosotros mismos. Que podamos decirles, como Jesús: «el que me ha visto a mí, ha visto al Padre»... 

       También merecería la pena, al hilo de esta escena evangélica, pararse (pararnos, mejor en plural) a pensar despacio el tipo de «señales evangélicas» que esta generación necesita de nosotros y de nuestra Iglesia para poder creer o tener más accesible el camino de la fe. Pero aquí ya no podemos extendernos más por hoy.

Que Dios te bendiga y su Palabra se grabe en tu corazón.

Enrique Martínez cmf

Comentarios
julio español julio español
el 20/2/13
el encuentro personal con Jesús nos reforzará nuestra fé y en principio, nos aisla y acordona de los problemas y dudas que nos rodean, para después combatir contra ellas.
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Filomena Filomena
el 20/2/13
La Fe, se logra desde una experiencia exquisita Con Jesús, que nos ama, y dio la vida por nosotros.
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Nubia Menocal Nubia Menocal
el 20/2/13
Es tan duro en estos tiempos creer sin ver señales pero a Dios se le ama no se le cuestiona
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Augusto Augusto
el 20/2/13
La primera vez que viví la experiencia de perdonar en el nombre de Dios, recibí el don de la paz, la justicia y el gozo en el Espíritu Santo. ¡Que maravilla es vivir esta paz y gozo después de esta experiencia!, es la perla, el tesoro del Reino de Dios. Los animo a que vivan lo que viví.
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Sally, R.D. Sally, R.D.
el 20/2/13
Creo que es un gran reto, todos conocemos la PALABRA, la escuchamos desde niños, tenemos una biblia en casa, hasta formamos parte de algun grupo de la iglesia.... y sin embargo no nos ENCONTRAMOS CON LA PALABRA, NO LA VIVIMOS, NO LA ENCARNAMOS EN NUESTRO DIARIO VIVIR ....
Todos hemos cometido esta falta, sin embargo hoy renace nuestra esperanza, Jonas paso su prueba e hizo lo que debia.... hagamos nosotros nuestra parte, demos vida a la palabra en cada accion de nuestros dias.... y NUESTRO PADRE HARA EL RESTO....AMEN!!
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U.SALDAÑA.M. U.SALDAÑA.M.
el 21/2/13
Hermano Enrique Mtz., cmf: ¡Qué clara, razonable y sobre todo práctica tu sugerencia de "ver" las señales de Jesús "metiéndonos a nadar en Su alberca". Los comentarios de tus lectores (José Julio, Filomena, Nubia, Augusto, Sally) complementan sensiblemente tu exposición, al final de la cual te disculpas de no poderte extender más a fondo por ahora sobre más "señales evangélicas" que esperamos nos puedas proveer más después. Ese "más después", ojalá, esperamos todos tus lectores, sea en un futuro muy próximo, según te lo permitan tus posibilidades. Que N. S. te bendiga!
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