Comentario al Evangelio del

Bonifacio Fernández, cmf

Dos madres y un canto

Creer en el Dios de la alianza es contar sus maravillas. No estamos solos y abandonados en la naturaleza ni en la historia.  El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de los profetas y los sabios hace camino con nosotros su pueblo. Es el Dios nómada.

En este contexto, Ana proclama las maravillas del Señor a raíz de haber sido madre de Samuel. Expresa su regocijo y su alegría. Descubre la acción de Dios que hace que la mujer estéril de a luz siete hijos. Reconoce que Dios es amigo de la vida. Confiesa al Dios de los pobres: El levanta del polvo al desvalido y alza de la basura al pobre”. Este cántico de Ana puede ser el de Sara, Lia o Raquel. Termina siendo el cántico del pueblo de Israel. Dios saca vida de la esterilidad, saca incluso al Mesías.

De manera similar María, la madre del Mesías, reconoce en ella las obras grandes del Poderoso. El hace proezas, sigue obrando maravillas admirables. El magníficat es expresión de la espiritualidad de de los pobres. María representa a Israel que se encuentra con la realización de las promesas que le han mantenido en vilo.

María nos invita a felicitarla porque el Señor hace maravillas a través de ella. Está segura de que todas las generaciones la llamarán bienaventurada. Es la madre mesiánica. Ella es el signo y la muestra de que Dios hace posible lo que nos parece imposible. Y lo hace contando con las mediaciones humanas.

El icono de María embarazada ya a las puertas de la Navidad entonando su magníficat es una fuerte llamada  a dejarse sorprender y asombrar por el misterio escondido dentro de apariencias normales.

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