Comentario al Evangelio del

Bonifacio Fernández, cmf

Hoy hemos visto cosas admirables.

Así concluye el relato evangélico de la curación del paralítico, expresando los sentimientos de asombro religioso de los presentes. Los personajes centrales son Jesús, el paralítico en la camilla, los hombres que lo llevan. Como observadores de  la escena están sentados unos fariseos y maestros de la ley. De Jesús se nos dice que enseñaba y que el poder del Señor lo impulsaba a curar, que estaba rodeado de mucha gente, que ve la fe que tenían los que descolgaron al paralítico, que responde a las objeciones que se plantean los escribas y fariseos. Para El la curación de la parálisis y el perdón de los pecados están íntimamente unidos. Tanto la curación como el perdón de los pecados entran dentro de la misión del hijo del hombre. Sus palabras lo evidencian: “A ti te lo digo, ponte en pié, toma tu camilla y vete a tu casa”.

Escuchar esta buena noticia hoy  implica para nosotros cobrar conciencia de con qué personaje nos identificamos; si somos capaces de reconocer en qué medida estamos paralíticos en el camino espiritual; si somos capaces de identificarnos con los hombres que ayudan al paralítico con una gran confianza en Jesús.

También en el hoy de nuestro caminar hacia la Navidad suceden cosas admirables. ¿Soy capaz de verlas y de narrarlas?

Comentarios
delia ester delia ester
el 10/12/12
hola!.Ayer, después de un año, que dos de mis hijos no se hablaban. Sucedió esa cosa admirable que pasan en navidad. Desde su enojos estoy pidiendo a DIOS que se perdonen, no importa quien haya tenido la culpa, y ese milagro sucedió. Gracias a JESÚS Y A NTRA MADRE que escucharon mis oraciones,
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margarita margarita
el 10/12/12
Leo y medito gracias
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maria r b maria r b
el 10/12/12
me gusta las reflexiones q hacen solo ma gustaria agrear que seamos unos amigos como los de ese hombre del evangelioo
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Joaquín Joaquín
el 11/12/12
¿Que si también hoy suceden maravillas?. Hoy, este día, un señor en su "cumple" 99 años (!¡), se presentó a dar gracias en la celebración de la Eucaristía, llevado (como los amigos del paralítico, --ahora en silla de ruedas--), por sus hijos, hijas, nietos, bisnietos y otros familiares y amigos. Me tocó estar, ser testigo en esa Eucaristía de algo que no sucede todos los días. Sin ir muy lejos, ahí estaba ese suceso, ese grandioso y admirable regalo de la prolongación de la vida para ese señor. Yo lo miré como un regalo de Navidad adelantado que el Señor, dueño del tiempo, le hacía a ese hombre precisamente en el caminar hacia la Navidad. En toda esa familia, como en los amigos que llevaban al paralítico ante Jesús, se notaba gran fe. ¡Alabado sea el Señor!.
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