Comentario al Evangelio del

Fernando González

Todos conocemos a personas que desde la humildad y la sencillez son pilares de las comunidades cristianas. Personas que lo mismo lee las lecturas en la misa de siete de la tarde que no les importa planchar los purificadores, regar las plantas o barrer la puerta de la Iglesia, o visitar a los enfermos de la parroquia. Personas acogedoras y serviciales que se convierten en las manos que acogen y consuelan desde la alegría de su sonrisa fraguada en una vida en muchos momento dura y dificil. En cada pequeña cosa que realizan se entregan a si mismos. Y lo hace sin pasar factura, porque dice que "a la gente hay que quererla ... y punto".

Pues bien, en la vida nos encontramos con personas cargadas de talentos; es decir, de cualidades y destrezas encaminadas a la realización brillante de tareas. Hay hombres y mujeres a los que admiramos por su capacidad para cocinar o para hablar idiomas o para dirigir un grupo. Cuando vemos a un muchacho que a los seis años toca el piano, decimos: "Este chico tiene talento". Los medios de comunicación social nos presentan continuamente a personas que han destacado por sus talentos en el mundo de la política, de la ciencia, del deporte. Sus nombres están en boca de todos. Con frecuencia, nos gustaría tener alguna de sus mejores cualidades. Y, sin embargo, no siempre las personas con muchos talentos nos ayudan a vivir mejor. A veces, personas de nuestro entorno, personas sencillas, que no han tenido la oportunidad cultivar muchas de sus capacidades, logran comunicarnos la alegría y la esperanza que necesitamos para sentirnos bien.

Y es que una cosa son los talentos y otra los dones. Los talentos son destrezas para la acción. Los dones son estímulos para la vida. Con los dones expresamos no sólo lo que sabemos sino, sobre todo, lo que somos, nuestra capacidad de comunicar la propia vida: intimidad, cariño, sonrisa, compasión. A la gente con talentos la admiramos. A las personas con dones las necesitamos. No todos poseemos muchos talentos, pero todos sin excepción hemos sido enriquecidos con muchos dones para hacer más feliz la vida de la gente que nos rodea. Poner en juego nuestros dones es una manera de agradecer a Dios la vida que nos ha regalado. Y es también lo mejor que podemos ofrecer a los demás. La gente necesita buenos médicos, buenos fontaneros, buenos profesores, pero, por encima de todo, lo que toda persona valora, sin excepción, es un poco de cariño, un tiempo gratuito de escucha, un detalle delicado. Está bien que haya muchos como Einstein o Claudia Schiffer, pero para vivir cada día son imprescindibles personas como las que decribíamos. Esto lo sabía muy bien Jesús y por eso estallaba de gozo.

 

Vuestro hermano en la fe:

Fernando González

Comentarios
rosario rosario
el 4/12/12
muy bonito comentario y cuanta razon cuando nos dice
que importante es saber que alguien te escucha y nos demuestra cariño sincero, bendito sea Dios por poner a estas personas en nuestro camino-
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Francisca Francisca
el 4/12/12
Gracias Fernando por tus palabras, me vuelves la mirada a creer y valorar lo que se me ha sido dado, y vuelves a tocar mi vocacion de despertar en cada uno lo que le ha sido dado para ser dado. Soy testigo de aquellos dones silenciosos que no destellan ni se reconocen que tocan en el otro su confianza y he visto como eso le ha despertado sus ganas de vivir. !Benditos dones dados por un dador de vida nuestro Padre Dios! Ojala todos nos hagamos concientes de los dones que llevamos para ser dados y asi en lo cotidiano del dia a dia hagamos de la vida una vida como Dios nos la ha creado y nos crea, mas feliz y plena.
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felias felias
el 4/12/12
Muy bonito comentario.
gracias.
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Jose del Carmen Jose del Carmen
el 4/12/12
“lleno de la alegría del Espíritu Santo” el Maestro, lleno de alegría del Espíritu Santo.
Diría que nosotros rodeados de tantas cosas, materiales, pinturas, autos, bienes etc…y muchas cosas más, hacemos que ese espíritu termine siendo opacado, fustigado, apartado, silenciado, sordo, ciego y todo aquello que a luz parece irreal, incierto, efímero y sin valor. Entonces hasta leer lo grandioso de su SANTA PALABRA es como leer un libro. Los libros del hombre solo pueden ser leídos por Hombres, así el libro Santo solo puede ser leído desde el Espíritu Santo. La acción de la Caridad en el Espíritu solo puede ser leída en el corazón movido por el mismo espíritu Santo que lo lleva sin embargo cuando se insiste en realizar las cosas desde nuestra humanidad perdemos el horiz » ver comentario
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