Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

¿Qué clase de rey es Cristo?

Esta es una fiesta extraña, que irrita a los “republicanos” aunque difícilmente puede contentar a los “monárquicos”. Algo o mucho tiene que ver con ello el hecho de que el Reino de que se habla aquí no es de este mundo, aunque se manifieste y subsista en él.

Algunos pueden pensar que declarar a Cristo “rey” del universo es un anacronismo monárquico, un resabio de tiempos pasados, incluso si entendemos esta realeza en sentido más o menos metafórico. Puede que en parte sea verdad, pero si lo pensamos fríamente, declarar que Cristo es “presidente” o “primer ministro” de una cierta república, por mucho que no sea de este mundo, nos podría resultar aún más extraño (por no decir, ridículo). Y es que el título de presidente o primer ministro tiene un sentido meramente funcional y, por eso mismo, advenedizo, pasajero y temporal.

Es evidente que los presidentes que pierden el consenso popular pierden al mismo tiempo toda legitimidad y que su poder, si se mantiene, resulta inicuo. Con la institución monárquica no sucede exactamente lo mismo, al menos, tal como se ha entendido históricamente. El rey, se supone, lo es por derecho propio, su puesto conlleva una cierta naturalidad, que hace de él “soberano” (supremo, alguien que está por encima). De ahí que históricamente haya habido tantos ensayos sea de divinizar a los reyes, sea de justificar ese poder humano desde instancias religiosas.

Lo que decimos puede redoblar aún más la desconfianza hacia esta fiesta “monárquica”, considerando que hoy pocos serán los que estén de acuerdo, no ya con divinizar ningún género de poder político, sino ni siquiera con justificarlo teológicamente. Pero puede atemperar nuestra desconfianza el saber que las tendencias antimonárquicas se encuentran ya con mucha fuerza en la misma Biblia, cuando los israelitas, de manera reiterada, pedían un rey a Yahvé para ser “como todas las naciones” (Jc 8, 22; 1Sam 8, 5); esas peticiones son entendidas por Yahvé como un rechazo contra Él: “me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos” (1Sam 8, 7), que advierte de las consecuencias para el pueblo de la institución real: se convertirá en un pueblo de siervos y pondrá en peligro su propia experiencia religiosa, su fuerte monoteísmo, pues tenderá a divinizar el poder político, como hacían los otros pueblos, y las alianzas con éstos lo llevarán a dejarse contaminar por sus ídolos.

Aunque la monarquía (y, en consecuencia, las tendencias monárquicas) acaban triunfando en la Biblia, la experiencia religiosa e histórica de la monarquía es globalmente negativa por los motivos indicados. Y de ahí que Israel viva gran parte de su historia ansiando un nuevo David, un rey distinto de los que ha conocido, en el que se hagan por fin verdad las promesas mesiánicas que sólo muy parcialmente vieron cumplidas en David.

En realidad, el fracaso de la monarquía de Israel habla del fracaso de toda monarquía, pues, en verdad, la única forma en que hoy parece aceptable una monarquía como forma de organización política, es la monarquía constitucional, en la que el rey lo es sólo de mentirijillas, ya que la teoría política moderna (que antes que por Montesquieu o por Locke, fue definida en sus grandes rasgos por los representantes de la segunda escolástica de la Escuela de Salamanca) no acepta que nadie sea superior a nadie “por naturaleza”, o por derecho propio, de modo que la única “soberanía” admitida sea la que procede del consenso social.

Está claro, pues, que si Cristo es Rey, lo es de un modo muy distinto al que lo son los reyes de este mundo (sean constitucionales o no). Dicho lo dicho, es claro que ningún rey pasado, presente o futuro lo es en sentido propio. Cristo, en cambio, lo es en el pleno sentido de la palabra, es un verdadero rey, como él mismo confiesa ante el representante de otro rey, del más poderoso de su tiempo: del César. Y no deja de ser irónico que esta confesión se haga en una situación que pone de relieve que la realeza de Jesús es bien extraña y paradójica, que, realmente, no es de este mundo: sin ejército ni poder externo alguno; ¿cómo podrá defendernos? Sometido a juicio y condenado: ¿cómo podrá hacer justicia? Su corona es de espinas; ¿cómo, siendo así, podrá inspirar respeto y temor? Su trono es la cruz; ¿quién se inclinará ante él?
Sin embargo, precisamente estas paradojas pueden ayudarnos a entender en qué sentido es Jesús rey, y rey del universo, si bien, es claro que su reino no es de este mundo y poco tiene que ver con los poderes políticos. Jesús no posee, en cuanto rey, poderes ni boatos externos, que, precisamente por serlo, ya hablan del carácter meramente advenedizo de los mismos y, por consiguiente, de la debilidad de quien los posee. El César romano, el Secretario General del Partido o el Presidente de cualesquiera Estados son, de por sí, nada y nadie; su poder es prestado e, igual que lo han recibido, lo pueden perder. Por eso tienen que rodearse de signos externos de poder que cubran su desnudez. En Jesús no es así. Despojado de todo poder externo, Cristo tiene autoridad: un poder que brota de su misma persona. Es un poder del que puede disponer realmente, en virtud del cual puede entregar su propia vida libremente. Por eso, Jesús juzga al mundo pero no condenándolo (la condena merecida la toma él mismo sobre sí), sino perdonándolo, y reina no sobre los reinos (y las repúblicas) de este mundo, sino sobre ese poder al parecer invencible del mal y de la muerte. De ahí que su reino, que no es de este mundo, pero por medio de Cristo se manifiesta en él, dura por siempre y no tiene fin.

El poder o, mejor, la autoridad de la realeza de Jesús no establece una relación vertical y tiránica, ni siquiera meramente “representativa” con los suyos: comparte plenamente su poder con aquellos que aceptan el testimonio de la verdad y escuchan su voz, a los que ha convertido en un pueblo de reyes y sacerdotes de Dios su Padre.

La fiesta de Cristo, Rey del Universo, que cierra el año litúrgico, nos habla de la victoria final del amor y de la vida sobre el pecado y la muerte; algo que no siempre es patente en este mundo, en el que tantas veces parece que la bondad, la honestidad y la justicia no compensan y no merecen la pena. Pero Jesús, en su extraño reinado, coronado de espinas y entronizado en la cruz, testimonia que, al final, no hay fuerza mayor ni poder más grande que el del amor y el perdón, hasta la muerte; que ese reino, aunque no es de este mundo, está presente y operando ya en él, por medio de aquellos que escuchan su voz y tratan de ponerla en práctica; y que, al hacerlo, ellos mismos participan de la realeza de Cristo (invitados a tomar su cruz) y de su autoridad (el poder del amor), y se convierten en profetas, testigos del nuevo y definitivo reino, y en sacerdotes,  mediadores del Dios Padre de todos.

Comentarios

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victoriasnchez
victoriasnchez

el 23/11/12
Pilato,pregunta a Jesús:"¿Eres tú el Rey de los judios?
El;responde:"Tú lo dices:Soy Rey".
Pero el reinado,al que Jesús hace referencia, no es como el de "los reyes "de este mundo.
Su reino,es un reino Universal,de Vida,de Santidad,de
Gracia,de Justicia,de Paz y de Amor.
Intentemos buscar este reino,para que Jesús reine en
nuestra inteligencia,en nuestra voluntad y en nuestro
corazón.Sigamos los mensajes que El nos presenta en
el evangelio.
Pidamósle con gran fe y esperanza;en la oración del
Padrenuestro,que su "Reino venga a nosotros."
Que nos ayude,a ser testigos de la VERDAD.
Porque,ser testigos de la VERDAD;que EL nos presenta; no es una tarea fácil.

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Martín G C
Martín G C

el 25/11/12
Jesús es Rey, pero distinto a los reyes de la tierra. El mismo lo afirma cuando dice: "Yo no he venido a ser servido, sino ha servir". En otra ocasión pregunta ¿Quien es más importante? El qué esta a la mesa o el que sirve, y el responde: el que esta a la mesa, pues yo soy el que sirve.
El nos enseña que ser rey es significado de servidor y yo soy rey si soy capaz de servir a los demás.
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mikel haz
mikel haz

el 25/11/12
José, Cristo es Rey y señor del Universo y eso no esta
en cuestión. Me preocupa su corte terrrena, tienen palacios, viven como principes (no todos), y se sientes como aquellos señores feudales que bajo su mando tienen a un sin fin de servidores y pobre del que ose desobedecer su palabra. Ahi se produce el porque se cuestiona la palabra Rey, Cristo lo es, porque no asumio la condición de los de este mundo, en cambio sus voceros y jerarcas terrenales no le hacen ningún favor. Las excepciones están a la
vista, santos despreciados por ellos mismos en vida, mártires, y hombres de buena voluntad, ellos si dignifican a este Señor de la verdad que celebramos en este día.
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sofi pulido
sofi pulido

el 25/11/12
Muy cierta la reflexión de mikel haz, la corte terrena que hace para que se instaure ese Reinado que Jesús con hechos y palabras nos vino a enseñar cómo debe vivirse y heredar a nuestros sucesores, dicen algunos Sacerdotes que el Cristianismo ya se paganizó, pero es consecuencia de nuestra irresponsabilidad y falta de fe, es difícil pero no imposible rescatar los valores perdidos, para ser testigos de la verdad como dice Jesús "Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".
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Carlos
Carlos

el 25/11/12
Mike y Sofi es cierto lo que ustedes comentan, precisamente por que a un solo Rey tenemos y queremos lo mejor para el, el mismo hombre a edificado palacios dando gloria a Dios... La pregunta que yo les haría: Que hacen ustedes como Iglesia para servir a sus hermanos? Si solo nos dedicamos a juzgar y nunca actuar por que también eso es participar no haremos presente a Cristo. Ver siempre las cosas buenas y malas nos ayuden las buenas a ser mejores y las malas a nunca hacerlas nosotros por que son malas. VIVA CRISTO REY
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Zelita.
Zelita.

el 25/11/12
Gracias a Dios, por tenerlo Hermano José María Vegas, por el mensaje que nos ayuda, mucho y meditamos con el corazón y amor, que solo lo dá Dios, andamos confundidos en éste mundo, que a todos le ponemos una etiqueta, que somo reyes, que somos los dueños absolutos y a veces hasta de las palabras, también pensamos que tenemos autoridad sobre otros, y eso no lo es, el ¨Rey de todo lo que poseemos y tenemos es de Dios¨, a él debemos adorarlo, alabarlo, aclamarlo en todo momento, y comportarnos como él quiere, tener paciencia con los demás hermanos y darles mucho amor, que no nos cuenta nada. Que Dios lo bendiga Hermano José María. Gracias por su mensaje.
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juanita
juanita

el 25/11/12
me deja la enseñansa de que tenemos que reconocer a la gente por lo que es no por lo mala
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Estéfany
Estéfany

el 25/11/12
es muy buen comentario
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Keko Colores
Keko Colores

el 25/11/12
Que Rey más raro, donde sus "humildes" cortesanos, vestidos de púrpura, armiños y anillos de oro para ser besados, evitan tener parecido alguno con su Rey. El boato, el olvido de su Servicio, parecen ser su sello. Los Laicos del siglo XXI ¿Seremos los salvadores de esta Iglesia, cuya Jerarquía se hunde en el barro de lo inútil?
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Jesus.
Jesus.

el 26/11/12
Rey de la Vida verdadera, fuente de agua eterna... ¿Quien podria ser mejor Rey que Él? Que reine sobre mí porque es mi Salvador!!
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Bartimeo
Bartimeo

el 26/11/12
Quizás valga la pena retomar las palabras de Jesús en Lucas en 9,3:” no tomeis nada para el camino, …ni alforja,…ni dinero…”, o incluso las recogidas en Lucas 17, 2: ”¡ay de aquel por quien venga el escándalo!”… , y las palabras de Mikel y Sofi prueban que están escandalizados. Sin embargo el comentario de ambos no puede estar condicionado a su actitud de servicio a los demás tal como se les reclama, y menos aún cuando podrían ni siquiera pertenecer a la Iglesia Católica
Echar tierra sobre el asunto, desviar la atención con preguntas fuera de contexto, no responde al eco de las palabas que Cristo proclamó ante Pilatos sobre la Verdad
La fiesta de Crsito Rey, quizás acertada en tiempos de Pio XI, hoy no se entiende. Además induce a error al cargar el men » ver comentario
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