Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Según un texto rabínico, Eliseo habrías resucitado dos muertos, pues además de devolver la vida a un niño, curó la lepra de Nahamán el sirio (2Re 4,34s; 5,14). En la época de Jesús el juicio sobre la lepra (¡y sobre los leprosos!) no podía ser más negativo: a la repugnancia física y peligro de contagio se sumaba una “teología de la exclusión”; el leproso era tenido por un maldito de Dios y se lo trataba como a un muerto; de ahí el dicho del rabino. Por eso los leprosos solían andar por despoblados, y caminaban gritando “impuro, impuro”, para que nadie se les acercase. El evangelio de hoy dice que los diez leprosos se detuvieron a distancia de Jesús y, desde allí, a gritos, le pidieron compasión.

En dos lugares del evangelio dice Jesús él ha venido a buscar y salvar lo que otros dan por perdido e inasalvable: lo dice cuando le acusan por comer con pecadores en casa del recaudador Leví y cuando murmuran de que se aloje en casa del recaudador  Zaqueo (cf. Lc 5,32; 19,10). Jesús busca la compañía de “los malditos”.

Y es que Jesús es crítico con mucha de la teología de su tiempo. Hay que buscar la recuperación del alejado, y no “sacralizar” lo que tiene explicación natural. Los marginados publicanos no están “fuera de la ley” por una fatalidad; y la lepra no tiene ningún origen sobrenatural, sino que es una enfermedad más. Pero lo que Jesús sabe muy bien es que los leprosos son víctimas de una doble desgracia: a su dolor físico se añade el injusto rechazo social y religioso; y ambas cosas quiere Jesús que queden superadas. Por eso su acción no es una mera curación física: los envía al sacerdote para que levante acta de su curación y queden reintegrados en la comunidad cultual de Israel.

Jesús derriba muros y crea vida en comunión. Según el cuarto evangelio, la misión de Jesús tiene por objeto “que tengamos vida y la tengamos abundante” (cf. Jn 10,10). Por tanto, el auténtico seguidor de Jesús tiene que ser un creador y distribuidor de vida, destructor de barreras y aliviador de dolores, activo inconformista con todo tipo de sufrimiento y de división.

Nuestro evangelista añade todavía un rasgo llamativo: de los diez leprosos curados, sólo el samaritano da gloria a Dios y se postra agradecido ante Jesús. Era el doblemente excluido, por leproso y por heterodoxo o hereje. Jesús enseña a no juzgar ni condenar, y a que nadie considere la bondad como patrimonio suyo y de los de su bando. También en el corazón de “los otros” se aloja frecuentemente una exquisita sensibilidad, incluso a veces superior a la de “los de siempre”.  

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Comentarios

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gustavo
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el 14/11/12
el corazon nos guia siempre.
Un corazon agradecido es lo que Dios quiere.
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Elvia Rosa B
Elvia Rosa B

el 14/11/12
Estos textos de hoy nos invitan a reflexionar que aunque su misericordia es incondicional “el cada dia espera mas de los que decimos creer en "el. creer en “el no es solamente exhortarlo alabarle pues pàra el lo que cuenta es la humildad ya que la humilda es el pedestal del amor y del respeto estos dos dones si los ponemos en practica nos daran tanta felisidad que no nos quedara otra alternativa que dar gracias personalmente con obras y palabras a aquel ser que me asepto como soy
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katyuska
katyuska

el 14/11/12
Tenemos que agradecer tanto a DIOS... que hacemos como los nueve nos olvidamos de darle las gracias por tantas cosas recibidas , EL todo lo hace por amor, por compasion pero nosotros somos tan poco agradecidos..... que nos olvidamos a la primera de cambio. SEÑOR QUE YO SEA COMO EL LEPROSO QUE RREGRESO ADARTE GRACIAS QUE NO ME OLVIDE DE TI QUE SIEMPRE ESTAS AHI DISPUESTO A SANARME Y CUIDARME.
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