Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Se repite con frecuencia (y es verdad) que muchas personas (que incluso muchos creyentes) confundimos las celebraciones del 1 y el 2 de noviembre. Es posible. Pero quizá una de las causas está en que no se distinguen tanto como a veces se piensa.

Está claro que en la solemnidad de ayer evocamos existencias bienaventuradas, felices, ejemplares, dignas de elogio e imitación. Y también que no todos nuestros difuntos fueron así. Ahí están la realidad del pecado, del odio, del rechazo a las propuestas de Dios, del Mal. Pero también están la Gracia y la misericordia de Dios.

En este Año de la Fe se nos invita a celebrar no sólo los cincuenta años de la celebración del Concilio Vaticano II, sino también los veinte de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, uno de los frutos de la experiencia conciliar. En aquellos últimos años 80 y primeros 90 yo tuve la gracia (porque fue toda una gracia) de compartir ratos y experiencias con uno de los mejores teólogos que España y Europa dieron en esas décadas: el sacerdote asturiano Juan Luis Ruiz de la Peña. Aún recuerdo su desasosiego ante uno de los borradores de lo que al final no fue el Catecismo: “¡pero si habla más del infierno que del cielo!”.

Aquel planteamiento no pasó al texto final. Y Juan Luis -que amaba entrañablemente a la Iglesia- respiró. Claro que tenemos que hablar del pecado, de la seriedad de la vida, de la posibilidad de condenarse, del sentido de lo que durante siglos hemos llamado purgatorio. Pero sin olvidar nunca que Jesús el Cristo habló en la sinagoga de Nazaret “del año de gracia del Señor” pero no “del día de la venganza de nuestro Dios” (cf. Lc 4, 19). Dice un proverbio oriental que cuando el sabio señala la luna con el dedo los necios se quedan mirando al dedo. Tengo la sensación de que algo de esto nos ha pasado: miremos la luna, que a ningún difunto le falte nuestra oración y a ningún vivo nuestra caridad (¡qué no es cosa de amar sólo a la gente cuando se ha muerto!...).

Comentarios

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julio Salas

julio Salas


el 2/11/12
Gracias por compartir esta experiencia y sabiduria. Recordar a nuestros familiares fallecidos y personas que ya paritieron al encuentro del Señor en esta fecha, mueve sentimientos, nostalgias, pero estoy de acuerdo con usted, debemos seguir marchardo y dando ejemplo con acciones buenas que testifiquen que el amor de Cristo derramado por cada uno de nosotros, nos hace salvos. Solo la Fe puede hacer que nuestra vida cambie, nuestro mundo cambie.
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José David

José David


el 2/11/12
Jesus dijo: "dejen que los muertos entierren a sus muertos", la muerte es el último paso, mientras en la vida hay varios pasos que el Señor nos ha brindado, para construir el Reino de Dios.
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ana virginia

ana virginia


el 2/11/12
graciia señor por compartir te pido por todo lo difunto por mi familiare que han fallecido que dio le de la paz que ello nesecitan
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