Comentario al Evangelio del

Fernando González

Queridos amigos y amigas:

No tiene ningún sentido dividir a la gente en buenos y malos como suelen hacer las películas mediocres.

Primero, porque ningún ser humano puede juzgar a su hermano.

Segundo, porque el bien y el mal nos atraviesan a todos por dentro.

Jesús es implacable contra los fariseos y maestros de todos los tiempos que se preocupan por dar una "buena imagen electoral" y pasan por alto el derecho y el amor de Dios, o que abruman a la gente con cargas insoportables mientras ellos (¿o nosotros?) no mueven ni un dedo.

Son palabras enérgicas, de las más contundentes transmitidas por los evangelios, y, sin embargo, no parece que tengan demasiado efecto en nosotros. A veces, en nuestra iglesia, hay personas que se sienten con la obligación moral de señalar lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, de marcar una línea nítida entre lo permitido y lo prohibido, de censurar conductas "escandalosas", de llamar a cada cosa por su nombre.

¿Cómo podemos saber si estas actitudes "proféticas" son genuinamente evangélicas o no? La carta a los gálatas nos ofrece una pista. Donde hay Espíritu surgen frutos espirituales: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, amabilidad, autocontrol, etc. Donde hay "carne" (hoy diríamos "ser humano que se deja llevar por lo suyo") surgen otros frutos: fornicación, impureza, contiendas, celos, rencores, sectarismo etc.

Esto puede parecer demasiado simple. Y, sin embargo, a esta simplicidad suelen llegar después de muchas vueltas, los hombres y mujeres espirituales. Hace tiempo que me he desenganchado de los maestros que presumen de decir las cosas claras y que van dejando un rastro de rencor, enemistades, sectarismo.

Hoy celebramos la memoria de Ignacio de Antioquía, un creyente que vivió en el siglo I y murió apenas comenzado el siglo II, un hombre valiente y humilde, enamorado de Cristo y muy preocupado por su cuerpo que es la comunidad. Nos hace bien acercarnos a los creyentes que tuvieron que vivir su fe en el seno de sociedades paganas y que fueron capaces de mantenerse firmes en la fe sin perder nunca la lucidez.

La memoria de este santo me lleva a recordar, una vez más, a los cristianos que hoy viven en Oriente Medio, particularmente a los pocos cristianos de Tierra Santa. Su siempre difícil situación ha empeorado mucho en los últimos años. Necesitan de la solidaridad de la iglesia universal. Parece que esta es su suerte desde el comienzo mismo del cristianismo.

Comentarios
Rosa ordaz Rosa ordaz
el 16/10/12
me parece muy bueno el comentario, porque es lo que vivimos hoy en dia . es triste que viendo como se transforma el mundo, no le abramos las puertas a quien todo lo puede.
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Ivonne Cecilia Ivonne Cecilia
el 17/10/12
Esta uno tan ocupado de sus propios sentimientos que es importante hacer un pequeña pausa para mirar un poquito mas alla, fuera de uno mismo, observar lo que Jesus nos muestra, llegar al Padre, para mirar como miraría El, actuar como El lo haría en nuestra vida. Porqué juzgar de acuerdo a nuestro sentir? porqué complicarnos más? es más fácil llegar al Padre.
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Joaquín Joaquín
el 18/10/12
Me parece que tanto el fracmento de la carta a los Gálatas como el Evangelio de hoy, nos invitan a reflexionar a todos los que nos decimos católicos, qué imágen de Iglesia estamos presentando, tanto a los que no creen como a los que creen poco. Jesús, con esa misma palabra, nos cuestiona fuertemente hoy también a nosotros para que veamos que tan sinceros, que tan justos, qué tanto amamos, que tan transparentes somos, que tan coherentes somos con lo que creemos, que tanto nuestros comportamientos reflejan el espiritu del evangelio, etc. ¿No podría también hoy Jesús decirnos a muchos, con el mismo tono que usó para los fariseos de aquel tiempo: ¡Ay de ustedes los cristianos de esta generación moderna....? Este día he pensado bastante en eso.
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