Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Que no lo separe el hombre

1. Hueso de mis huesos y carne de mi carne

La Palabra de Dios plantea hoy la espinosa cuestión de la legitimidad del divorcio, sometida a amplio debate, incluso dentro de la Iglesia. Ya suscita reparos el relato al que recurre Jesús para recordar el designio originario de Dios sobre el matrimonio, pues se ve ahí una forma de “patriarcalismo”, que somete a la mujer a la dependencia del varón. En realidad, en esta acusación puede verse la extendida tendencia a proyectar sobre los textos bíblicos nuestros relativos esquemas culturales, muchos de los cuales son modas de última hora, más que posiciones probadas. En todo caso, si en este texto hay algo de “patriarcalismo” por el detalle metafórico y poético de la costilla del varón, hay que decir que ese patriarcalismo queda anulado por el texto que lo precede inmediatamente (Gn 1,27) en el que se habla de la creación simultánea del varón y la mujer a imagen de Dios. Las proyecciones ideológicas sobre los textos tienen el vicio de subrayar lo que se quiere e ignorar lo que contradice la propia tesis, para hacerles decir, al final, lo que no dicen. Ante la Palabra hay que evitar proyecciones y adoptar una actitud de escucha, si queremos oír lo que Dios quiere decirnos, más allá de posibles condicionamientos culturales, que también pueden darse. Pero es que, además, el texto de hoy esquiva el pretendido patriarcalismo cuando el varón exclama su admiración ante la mujer y se reconoce en ella: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!», a diferencia de lo que le ocurrió con todo el resto de los seres vivos, entre los que “no encontró a ninguno como él que lo ayudase” (Gn 2, 20); ahora encuentra no una sierva, sino una compañera con la que remediar su soledad y “formar una sola carne”. Encontramos aquí una afirmación muy clara de la igualdad entre el hombre y la mujer: una igualdad no meramente física, pues las diferencias entre ellos eran bien patentes (“estaban desnudos”), sino en dignidad personal. Esa igualdad no puede no reflejarse en el género de unión al que están llamados el varón y la mujer: ser “una sola carne” es una forma muy expresiva de afirmar una relación que abarca todas las dimensiones de la relación humana, desde la física, pasando por la económica y la psicológica, hasta la espiritual. Ser “una sola carne” no significa “ser lo mismo”, fundirse en una unidad en la que cada uno pierde su rostro personal (algo contradictorio con la propia condición personal del ser humano, imagen de Dios), sino establecer libremente y entre iguales una relación de amor que, como la carne, no puede separase sin dejar heridas profundas que afectan el sentido de la existencia.

2. La pregunta de los fariseos

Jesús apela a esta realidad originaria ante la pregunta de los fariseos, que representan a una cultura partidaria del divorcio y, al menos en esto, parecida a la nuestra. En esta ocasión el condicionamiento cultural no puede exhibirse para atenuar la respuesta de Jesús. Los fariseos plantean la pregunta “para ponerlo a prueba”, para ver si Jesús, que se presenta como un nuevo Moisés y su verdadero intérprete, es capaz de oponerse en esto a una prescripción dada por éste y que no va en la línea habitual del rigorismo fariseo, sino, al contrario, parece jugar a favor de la debilidad humana. Esta prescripción, por otro lado, sí que refleja, sin proyecciones, una situación de clara desventaja e injusticia hacia la mujer, sujeto único del repudio. Si los fariseos, abiertamente divorcistas, plantean la pregunta, es porque también para ellos la cuestión no está tan pacíficamente asumida y ven en ella algo que no va. Escuchar la opinión de un Rabí tan prestigioso como Jesús, además de ocasión para pillarlo, debía ser para ellos de alto interés.

La respuesta de Jesús, que empieza remitiéndose a la ley mosaica, parece hacerse cargo de la dificultad entrañada en el problema, pero remite más allá de Moisés al absoluto de Dios y a su proyecto originario. Al hacerlo, restablece la plena igualdad de varón y mujer, la relación basada no en la mera ley, sino en el amor con el que Dios mismo une hasta hacer una sola carne. Jesús restablece el ideal de un amor más fuerte que la muerte, que, como un fuego al que no pueden apagar las grandes aguas, no se puede comprar con todos los bienes de la propia casa (cf. Cant. 8, 6-7). El verdadero amor tiene vocación de eternidad, es incondicional y fiel, “no pasa nunca” (1 Cor 13, 8). Y es que el amor, más que un mandamiento o una “norma” moral más, es la vida misma de Dios actuando en nosotros pues se ha hecho accesible en Jesucristo.

Ahora bien, ¿es este ideal (con el que no parece posible no estar de acuerdo) algo real y posible en la práctica? No sabemos la reacción de los fariseos ante la respuesta de Jesús, pero algo sabemos de la de sus propios discípulos.

3. Los discípulos insisten

Si los discípulos volvieron a preguntar sobre lo mismo, es que no quedaron convencidos con la respuesta. La cuestión suscita polémica no sólo entre los ajenos a Jesús, sino también entre los suyos. También hoy los seguidores de Cristo encontramos dificultades para aceptar determinados aspectos de su mensaje. Lo llamativo es que en la respuesta a sus discípulos, ya en casa, en la privacidad del círculo de los allegados, Jesús da una respuesta, si cabe, más tajante y cortante, afirmando con fuerza el vínculo matrimonial y la maldad entrañada en su ruptura. ¿No se comporta aquí Jesús con ese rigorismo del que frecuentemente acusa a los fariseos? ¿No cae la Iglesia católica en un rigorismo parecido al mantener inamovible la doctrina sobre la indisolubilidad del sacramento matrimonial?

Ante estas dificultades es bueno que nos pongamos humilde y confiadamente a la escucha de la Palabra. Tal vez así no resolveremos todos los problemas y casos particulares, pero al menos podremos encontrar la luz que los ilumina y permite verlos en un prisma nuevo. Tal vez así, además, descubriremos posibilidades nuevas y reales que, con una mirada “de tejas abajo”, permanecen escondidas para nosotros.

Atendamos a un detalle que abre el texto evangélico de hoy y que, desgraciadamente, la liturgia no recoge: “Se fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán. Allí la gente se acercó a él, como acostumbraba, y les enseñaba” (Mc 10, 1). Nos encontramos en un contexto bautismal (el Jordán) y de proclamación evangélica. Mateo (cf. Mt 19, 2) en el pasaje paralelo dice también que los curaba. El contexto, claramente salvífico, habla de la nueva creación y, por tanto, de la restauración del hombre herido por el pecado gracias a la acción benéfica y curativa (palabra y agua bautismal) de Jesús. Jesús plantea un ideal que es el designio original de Dios sobre los seres humanos y que es de nuevo posible gracias a la salvación que él ha traído a la tierra.

4. Los niños y los que son como niños

El pasaje siguiente que cierra el evangelio de hoy debe entenderse en relación estrecha con la pregunta sobre el divorcio. El bautismo y la Palabra restituyen la dignidad originaria con que fuimos creados (la imagen de Dios en nosotros) y nos eleva todavía más al hacernos hijos de Dios en el Hijo. El Reino de Dios es de los que son como niños. Renacido por el agua y la Palabra, el cristiano debe vivir en una confianza total en Dios y en su amor incondicional. La experiencia primigenia del niño es la de la confianza plena en sus padres, que son percibidos por él como Providencia benéfica, de la que depende por completo su posibilidad de vivir. Y ésta ha de ser la experiencia del creyente en el Dios Padre de Jesucristo.

Pero es que, además, Jesús se enfada con los que regañan e impiden acercarse a los niños de verdad, a los que acoge, abraza y bendice. No se puede separar la cuestión del matrimonio y del amor entre el varón y la mujer del fruto que bendice, redime y embellece ese amor: los hijos que nacen de esa relación. El amor humano en su forma más esencial y típica, el amor matrimonial, es un amor fecundo y, por tanto, responsable. El verdadero amor no puede hacer caso omiso de esta dimensión fundamental.

Por eso, ante las múltiples dificultades con que se enfrenta el proyecto de amor incondicional e indisoluble que es el matrimonio, antes que declarar la imposibilidad del ideal y de sucumbir a los múltiples equívocos con que nuestro tiempo (el sexo como diversión pasajera, no como expresión de donación personal, los hijos como una pesada carga y un límite de nuestra independencia, en vez de cómo una bendición de Dios, etc.) rodea a esta realidad sagrada y querida por Dios, deberíamos armarnos interiormente para poder afrontar con éxito un proyecto de vida tan importante, tan difícil y exigente. Armarnos en la escucha de la Palabra, tomándonos en serio el bautismo que nos ha regenerado, y acercándonos a Jesús a que nos cure y nos instruya… Y, también, tomándonos en serio las relaciones con los demás (pues amar es tomarse en serio a los otros). En la relación entre el varón y la mujer esto significa, entre otras cosas, no quemar etapas antes de tiempo, respetar el periodo de conocimiento mutuo, que tiene que ser lo suficientemente prolongado para poder comprobar las posibilidades reales de una vida en común (de llegar a ser “una sola carne”); también (por mucho que nuestros tiempos consideren esto algo irreal) reservar la intimidad sexual al compromiso matrimonial ya adquirido de manera explícita. Pues, de otra manera, adelantándose indebidamente en este aspecto tan importante y delicado, se dan muchas frustraciones y desilusiones: hacer como si se fuera una sola carne sin serlo puede producir muchas desgarraduras y cicatrices, que repercuten negativamente en la propia capacidad de amar. Finalmente, el amor madura cuando mira más allá de sí mismo y se entrega a los demás. La mutua entrega de los esposos se prolonga y se redime en la entrega a los propios hijos, ante los que el padre y la madre hacen de providencia benéfica (y si lo que debe ser benéfico se convierte en maléfico, ¿cómo podrán madurar esos niños en su capacidad de amar en el futuro?) y les proveen así de una base firme que les permita ser sí mismos.

En conclusión, la respuesta de Jesús a los fariseos y a nosotros mismos, que también le preguntamos con algo de incredulidad, nos abre el horizonte de un don incondicional que hemos recibido de Dios y de una responsabilidad para la que, en principio, es verdad que con algo de sufrimiento, nos da los recursos suficientes. El principal recurso es Él mismo, que se nos ha dado hasta el final y sin reservas, que ha padecido la muerte para bien de todos.

Comentarios
victoria victoria
el 5/10/12
Los fariseos; para poner a prueba a Jesús,le hicieron
la siguiente pregunta: ¿Le es lícito, a un hombre
separarse de su mujer?
El,les contestó:"En el principio de la creación,Dios los
creó hombre y mujer.Por eso,el hombre,dejará a su
padre y a su madre para unirse a su mujer,y los dos
serán como una sola persona. De modo, que el
hombre,no debe separar lo que Dios ha unido."
El matrimonio cristiano,exige la unidad e indisolubilidad
Su fracaso;no es solamente un problema jurídico.Sino
también,personal,psíquico,emocional...
En el fondo;no beneficia ni a la mujer,ni al marido. Ni
tampoco a los hijos; porque les lleva a perder su
estabilidad afectiva;a la que tienen derecho.Por ello,
los padres,deben esforzarse por conservar la armonía
y unión matrimonial.
Pi » ver comentario
Me gusta 0
José-Antonio José-Antonio
el 6/10/12
Muy bueno el comentario de José María Vegas pero por si falta algo ahi os mando dos web

El matrimonio católico

Gloria.tv: El Matrimonio Católico - Marino Restrepo

[ † ] SI QUIERO, CLAVES PARA UN MATRIMONIO FELIZ - Video CURSO
http://gloria.tv/?media=323508

Saludos,
desde Aragón (España)
Me gusta 0
franchesco franchesco
el 6/10/12
excelente comentario.
pensemos en la libertad de espiritu y no en el libertinaje.
excelente conclusion.
necesitamos hombres y mujeres decididos a amar que
crezcan cada dia en sus proyectos de vida, en bien de la fmilia.
Me gusta 0
José-Antonio José-Antonio
el 6/10/12
Matrimonio Cartólico - El Matrimonio Católico - Marino Restrepo

http://es.gloria.tv/?media=90824

Parece que no se podia abrir con la dirección anterior veamos a ver si se puede abrir esta web

Sakydis.
Me gusta 0
Jacky Former Jacky Former
el 6/10/12
Una cosa es pintar la imagen serena del matrimonio feliz y otra conseguirlo tanto por lo que se entrega como por lo que se recibe en el seno del matrimonio.
Una cosa es ser esposa amada y otra ser mujer humillada, vilipendiada y maltratada de palabra y de obra. Y esto tomemos conciencia de que es una realidad en muchos casos, y bueno será que lo tengamos presente cuando ejerzamos nuestro derecho a emitir juicios de valor.
De sobra sabemos que hay que ser buenos, responsables, amar al esposo y/o a la esposa. No es necesario que insistamos en ello con mensajes moralizantes las mas de las veces dichos desde lo aprendido pero no desde lo vivido.
Creo ciertamente que: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”. Sabiduría del refranero…sabiduría popular.

Por otra parte creo que Marc » ver comentario
Me gusta 0
Joaquín Joaquín
el 7/10/12
"Dejará el hombre a su padre y a su madre...." (Gen. 2, 24). ¿Habrá otra manera más profunda de amar que apunte y lleve a una pareja sacramentada a vivir el contenido de esa Palabra de Dios en el Gen.? Yo conozco y he tenido bastante relación con muchos matrimonios que, gracias a Dios, viven el contenido de esa Palabra en un grado aceptable. Pero muchos, muchos más, no. En Gen. 2, 24, vemos que Dios quiere la complementación de los sexos, pero en todo, a todos los niveles. Dios quiere la unidad integral en los esposos, la cual repercutirá necesariamente en los hijos, en la familia toda, ya que el hijo que resulte de esa unión deberá ser también factor de unidad, pues "el hijo no se puede partir por la mitad"...Como que todo va eliminando el divorcio, pero lamentablemente es u » ver comentario
Me gusta 0
gustavo gustavo
el 7/10/12
Es simple el matrimonio.
Es una amistad eterna
Según Gandhi-y es la misma idea que yo sotengo-" El sexo se destina , solo al acto de la creación, cualquier otro uso es un pecado cometido contra Dios y la humanidad"

Así de simple, el sexo fuera de la procreación es falso, por eso hay tanta miseria, división , separación, violencia y problemas en el matrimonio, porque la carne de nada sirve, es una posesión, de la que hay que desprenderse.

Así de simple, amigos para siempre, complementos eternos, el espíritu los une, Dios mismo los une.

Que grande sería que la iglesia reconociera en su culto la verdad de esta simpleza y lo expresara abiertamente.

Uno de los males de mi iglesia, la católica es este: la complicación en su discurso, no se juega por la simpleza de la ve » ver comentario
Me gusta 0
Patricia Patricia
el 7/10/12
debe El matrimonio debe perdurar, eso es cierto, pero no el maltrato y esto es tanto para mujeres como para hombres, si esto sucede y ninguno de los dos toma conciencia del problema que tiene, es porque su hogar no esta basado en la fe cristiana, recordemos que la oración diaria, la lectura de la palabra, y la asistencia a la Sagrada Eucarístia, todo esto hecho con la debida entrega a nuestro Señor JESUS, son un arma efectiva para vencer las adversidades, pero debe ser de los dos no de uno solo y Dios nos escucha si lo hacemos con fe.
Me gusta 0
dianita dianita
el 7/10/12
el matrimonio es un acto sagrado, que se debe cumplir hasta el final conllevando una buena relacion y asi Dios podra bendecirlos a usted y su familia.
Me gusta 0
 sebastian sebastian
el 8/10/12
el matrionio es algo muy importante.
Me gusta 0
blanca blanca
el 9/10/12
En el Génesis el matrimonio es el plan de Dios sobre la tierra. El sacerdocio es la excepción.
Me gusta 0
citlali citlali
el 14/10/12
me gusta esta pagina
Me gusta 0
guadalupe guadalupe
el 16/10/12
me gustaaa! esta pagina porque se demuestra como traducen la palabra de Dios en nuestras vidas y nos alivia estar con el siempre que lo necesitamos.
Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.