Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Hace unos años escuchaba un programa de televisión con motivo de la próxima beatificación de Escrivá de Balaguer. Como siempre en esos programas de debate, los responsables habían intentado que entre los participantes hubiese unos que estuviesen a favor y otros en contra. El programa se desarrollaba según lo previsto. Hasta que uno de los que estaban en contra comenzó a sacar algunas historias de juventud de Escrivá de Balaguer. Intentaba desautorizar así el intento de beatificación. Si había hecho aquellas cosas, no merecía semejante premio.
      Lo curioso fue que entonces intervino un teólogo, llamado allí precisamente por ser de los de en contra. Dijo, con muy buen tino, que lo que hubiese hecho Escrivá de Balaguer en su juventud tenía relativamente poca importancia, que la santidad no es algo con lo que se nace sino algo que se va haciendo poco a poco, a base de entrega, de encuentro con Jesús, de asimilar la buena nueva del Evangelio en la propia vida. Por eso decía aquel teólogo que era relativamente poco importante lo que hubiese hecho en su juventud Escrivá, que lo importante era ver el proceso y cómo había terminado.
      Lo dicho se puede aplicar perfectamente a Mateo, el apóstol y evangelista que hoy celebramos. Era un publicano cuando Jesús se lo encontró. Para entendernos, uno que había hecho el juego a los romanos invasores y colaboraba con ellos en la recaudación de impuestos. Hoy cualquiera diría que los funcionarios de Hacienda no son necesariamente malos, que tienen una profesión que es un servicio a la sociedad. Un servicio necesario. Pero no era así en aquella época. Los romanos subcontrataban el cobro de los impuestos a los publicanos. Y no se preocupaban más. Estos abusaban del pueblo porque del mismo cobro de impuestos sacaban su beneficio. Mateo era uno de estos. Uno de los explotadores que se aprovechaban de la situación para hacerse ricos a costa de los demás. Pero Jesús vino a llamar a los pecadores. Cuando Mateo se encontró con Jesús, se le abrió la puerta a una vida nueva. Escuchó el “sígueme” de Jesús y lo siguió. ¿Y nosotros? ¿Estamos dispuestos a cambiar de vida? ¿O vamos a dejar que Jesús pasé de largo sin escucharle?

Comentarios
gustavo gustavo
el 20/9/12
Que es lo más importante de Dios?
Su PATERNIDAD. El padre más exigente del mundo es Dios, dejar que maten a su hijo por el bien de la comunidad , parecería la crueldad más grande que puede existir.
Deberíamos imitarlo.
Ser despiadadamente exigente con uno mismo para el bien de la comunidad, como lo fue Dios con Jesús.
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María María
el 21/9/12
En verdad muchas veces nos parecemos a los Fariceos, por q' sólo nos preocupamos en criticar, en juzgar y siempre estamos tildando a los demás de pecadores, pero en realidad nosotros que creemos en Dios debemos amarnos los unos a los otros sin hacer distinción alguna, si no más bien hacer el bien sin mirar a quien ya q' Dios tanto amo al mundo que envio a su propio hijo para salvarnos de nuestras inmundicias, de nustras hipocrecias, de nuestras mentiras, pero realmente Dios quiere que cambiemos de nuestra forma de actuar, de vivir y vivamos más en comunión con los demás perdonandonos nuestras faltas como como Dios nos perdonó.
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Jacky Former Jacky Former
el 21/9/12
Hay quienes no resignándose a renunciar a un dios justiciero le hacen padre exigente capaz de “permitir” que maten a su hijo para perdonar a otros. O sea: que aquellos no renuncian en el fondo a su diosecillo justiciero.
Esto qué es?: fruto de una cultura capaz de lastrar el contenido evangélico? Fruto de una tradición precristiana? Fruto del anhelo de justicia de quienes gustarían de tener en sus manos balanza y espada?
Dios, Padre amoroso, lejos de permitir que cuelguen clavado en un madero hasta la muerte a su Hijo predilecto, se desgarra de dolor en su sangrienta agonía contemplando con angustia la soledad que abate al Hijo.
Qué desacierto proponer ser “despiadadamente” exigente con uno mismo aun siendo para el bien de otros! Porque siendo así, porque no ser igual ( » ver comentario
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gustavo gustavo
el 21/9/12
No es asi Jacky,
No hubo padre mas exigente que Dios, si no no hubiera dejado que lo destrocen a Jesús y que lo hagan harapos
Pero al mismo tiempo , nadie quiso más a un hijo.
Cuanto más exigís . más querés, esta es la enseñanza que Dios propone con su relación con Jesús.
Un abrazo.
Gustavo
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Carmen Carmen
el 21/9/12
Esa es la realidad, nos llamamos Cristianos y hacemos diferencias de personas, si hay un "pecador" no lo dejamos hacercarse a X grupo religioso, empesamos a criticar, porque el es un vicioso, es una callejera y un sin numero de faltas, en vez de ayudarlos a encontrar el verdadero camino que es Jesus lo alejamos mas con nuestro rechazo, pero realmente Jesus a esos fue que vino a buscar a todos los que estamos enfermos de espiritu.
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Rosa Icela Rosa Icela
el 21/9/12
los cristiano tenemos a un dios de amor, tolerante, complaciente etc. y que todo perdona porque nos ama y así mismo debemos amarnos unos a los otros como a nosotros mismos.
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Jacky Former Jacky Former
el 22/9/12
Podemos seguir tratando a dios con nuestra lógica de seres humanos, con nuestra visión pequeña, mermada, y así será muestro dios. Un dios aprehensible por nuestra mente, con un comportamiento a nuestra medida, un comportamiento como los humanos, un diosecillo taumaturgo del que sin embargo esperamos que se comporte “como dios manda”; y entonces ese dios, hecho como queremos nosotros que sea, es un ídolo al que ofrecemos comportamientos, sacrificios, plegarias para que haga lo que nosotros necesitamos. Es un dios pequeño, limitado, condicionado en sus acciones a lo que los seres humanos le ofrezcan, y por lo tanto no es DIOS. Dios es amor sin condiciones. Dios ya sabe lo que necesitamos, o al menos eso dejó dicho Jesús.
Un dos que “cuanto mas…mas”, es decepcionante por » ver comentario
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Joaquín Joaquín
el 22/9/12
Me gusta darme cuenta que así como Jesús visitó el mostrador de trabajo de Mateo, mostrador donde llevaba sus cuentas como publicano contratado por los romanos para cobrar los impuestos a los judíos y solamente le dijo a Mateo una sola palabra "sígueme"; así también llega conmigo a mi trabajo, a donde yo me muevo y me dice: te invito también a tí como invité a Mateo, necesito que des un paso más en tu conversiòn, (y yo estoy dispuesto, estoy abierto); todabía, -me dice Jesús- hay muchos "enfermos" como Mateo, como también aquellos tontos "santos" que me criticaban en casa de Mateo en el banquete que él ofreció. Es maravilloso darnos cuenta cómo Dios puede hacer de un pecador, un Apóstol.
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