Comentario al Evangelio del

Conrado Bueno, cmf

 

Nuestra Señora de los Dolores

Antes de subir al Calvario –somos frágiles y pequeños- vamos a verla en la calle, una tarde del Viernes Santo. ¡Cómo la retrata la piedad popular! Virgen de los Dolores, de la Soledad, de la Piedad; siete puñales le atraviesan el corazón o, al menos la espada de la que le habló el anciano Simeón. Casi siempre un manto negro la cubre.  Su rostro, aun lleno de llanto y dolor, logra un tono sereno, como penetrado por la fe.

María es la Madre del Crucificado. Está asociada, por sus dolores, a la muerte del Redentor. La mujer, esclava del Señor por su fe, está junto a su hijo que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. La que había estado alejada en los momentos de la gloria de los milagros  y la seducción de la palabra, acude ahora, presurosa, en la hora del supremo dolor y de la muerte. Está aquí, como estuvo en todos los momentos difíciles, a lo largo de la vida de Jesús; en la pobreza del pesebre al nacer, en la persecución y exilio con Herodes, cuando abandonaba su familia para predicar el Reino, cuando sufre el rechazo de los jefes políticos y religiosos.

Es que María va a ser, otra vez, Madre. Las palabras de Cristo en la cruz cobran una eficacia casi sacramental. “Mujer, he ahí a tu hijo”. En el discípulo amado hemos sido constituidos hijos de María. Algunos hacen constar que no se lo dice a Pedro sino a otro discípulo. ¿A Juan? Aquí, la maternidad no va en el plano jerárquico sino en el de la intimidad, en el de las relaciones individuales y filiales. Sólo nos queda,  como apunta el evangelio, recibirla en nuestra casa. La Iglesia es la casa de María; la Iglesia tiene una Madre.

Como Jesús, hemos de sentir cerca a María en los momentos de dolor. Ella es la madre querida de tantos hijos crucificados por la injusticia, la opresión y el desamor. Es más, no solamente nos beneficiamos de su cercanía cuando nos aguijonea un padecimiento. Con ella, queremos ir al encuentro de los que sufren. El cristiano ha de combatir el dolor, luchar contra las causas del dolor. Más aún, los creyentes tenemos muchos resortes para transformar y trasfigurar el dolor; el saber escuchar, el llevar consuelo, el infundir esperanza, el rezar con oportunidad, el estimular desde nuestra fe y tantos recursos, ayudan a hacer más buenas, más esperanzadas a las personas sufrientes.

Ya que nos entra por los ojos la presencia de María junto al dolor de su hijo, ella puede ser un modo de sacramento que nos haga visible y nos diga más claro que Dios sufre siempre al lado de sus hijos. Cosa que ya sabíamos.

Comentarios
gustavo gustavo
el 14/9/12
La misión de Jesus ( y de Dios ) es clarísima y siempre lo fue.
Del mismo modo tenemos que tener nuestra misión clara y disponer de nuestras actividades para poder cumplirla.
Es un arte vivir y cumplir la misión , sin dudas, como fue un arte la vida de nuestro Jesus.
Bueno a pensar como distribuir nuestro tiempo y energías.
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jose manuel jose manuel
el 15/9/12
Mientras estamos con el DOLOR, ¡¡¡¡¡Qué difícil es tener FE!!!!
Feliz fin de semana a todos.
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vicente condori vicente condori
el 15/9/12
Hoy la Iglesia resalta una de las virtudes de nuestra Madre Maria de “Nuestra Señora de los Dolores” hace memoria del camino que ella recorrió hasta la cruz. El camino de María fue particularmente difícil, ya que todo lo que hacía su hijo contradecía la mentalidad y expectativas de los poderosos de su tiempo: la inclusión de mujeres del grupo de seguidores, el contacto permanente con leprosos y enfermos, la comida compartida con publicanos y pecadores fueron algunas de las prácticas que originaron constantes conflictos con Maestros de la Ley y fariseos. Qué difícil sería ser Madre de un condenado a muerte. Cuánto sufrimiento tuvo que soportar nuestra Madrecita. Ella fiel a su misión de Madre de Dios supo permanecer siempre de pie al lado de su hijo dándole su amor de Madr » ver comentario
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maritza maritza
el 15/9/12
Todo lo queremos en nuestras fuerzas y ahi es donde nos damos cuenta que sin Jesucristo estamos solos; Pasen un bonito Domingo
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Joaquín Joaquín
el 16/9/12
Es impresionante constatar con el presente comentario de hoy, cómo la predicción del anciano Simeón a Maria: "y a tí, una espada te atravezará tu alma", (Lc. 2, 35), palabras dichas por el anciano Simeón con inspiración divina a María, se cumplieron al pie de la letra. Esta realidad prácticamente la recoge toda, paso a paso el comentario de hoy. Claro que no fue fácil para maría estar ausente mientras su Hijo "triunfaba" hacìendo milagros: curaba toda clase de enfermedades, los leprosos. los ciegos, los sordos, los cojos, los paralíticos, expulsando demonios, los muertros que resucitò...(una situacion muy especial para María fue el estar presente en las bodas de Caná, cuando su Hijo convirtió el agua en vino, cuando en esa ocaciòn, ella solo le expuso la carencia a Jesús » ver comentario
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