Comentario al Evangelio del

Conrado Bueno, cmf

 

Unidad de vida y misión

Sin papeles, sin planes, sin proyectos, sin documentos. Y qué bien organiza Jesús su jornada. Aparece la totalidad de su vida y ministerio.

De una manera gráfica, señalamos el monte y el llano. El monte es el lugar del encuentro, de la relación, de la intimidad con Dios, de la apertura al misterio. Se quedó la noche en oración con su Padre Dios. Llegada la luz del día, entre los discípulos, escogió a doce y los nombró apóstoles; entre ellos, al traidor Judas Iscariote. Ellos habían de ser el fundamento permanente de la Iglesia. Su fuerza estaría en Jesús que los había elegido. Ellos eran pobres, humildes, ignorantes, pero habían sido llamados. Todavía les quedaba por recibir el Espíritu Santo. 

Ya estaba formada la comunidad de Jesús. Con ellos bajó del monte a la llanura. Aquí aparecen los personajes diferenciados. Jesús, en el centro; en torno, los doce apóstoles; luego, el grupo de los discípulos (que identificaríamos con la Iglesia); y, al fin, la gran masa de todas las gentes.

En este escenario, se despliega toda la vida de Jesús: la oración, lo primero; es la fuente y la garantía de todo. En segundo lugar, la comunidad, el grupo; estar con Jesús y vivir juntos su estilo de vida. Y, al fin, como algo espontáneo y necesario, comunicar la vida de Jesús, predicar y sanar: “Bajó con ellos”  y  “Venían a oírlo y a que les curara”. Una vez más, el mundo necesita antes testigos que maestros.

Como Jesús, nosotros buscamos la unidad. La unidad entre la oración y la actividad. La unidad entre el anuncio de la religión y el compromiso por la justicia y las obras de misericordia. Esto lo decimos mil veces, y mil veces nos damos cuenta de que es muy difícil. Pero, por lo menos, tengámoslo claro, y no nos engañemos, que no es poco. 

Sentirnos llamados por Jesús, nos llena de un sentido personal, directo, de encuentro amigable. Esto facilita nuestra relación con él. A la vez, nos hace humildes; es él quien nos ha elegido, quien actúa en nosotros, a él la gloria. Incluso, nos aporta tranquilidad; “somos unos mandaos”.

Pero, todo dependerá de una circunstancia que apuntan los evangelios. Los llamó para “estar con él”. Estar con Jesús es lo primero. El encuentro con Jesús y su mensaje revolucionan a la persona. Un místico, un profeta es capaz de todo.

Comentarios

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Augusto
Augusto

el 11/9/12
Vivir con y en Jesús es más importante que estar con Él.
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CECILIA PALERMO
CECILIA PALERMO

el 11/9/12
Gracias es un hermoso comentario, leo, observo que en todo momento Jesus nos muestra la unidad, algo que si vamos aprendiendo a observar en nosotros mismos lograremos ir la encontrando poco a poco, nos volvemos dualidad por que vamos en contra de nuestro propio ser, mas si observamos lo que oramos, y observamos nuestro actuar en la vida cotidiana descubriremos que poco a poco iremos actuando de acuerdo a la oración, a la comunicación con Dios, dejaremos de ser dualidad para ser unidad. Estos dejar a un lado el YO, el EGO, porque pasamos a ser observados. La manipulación de la mente y las emociones desbordadas dejan de estar ahi para dar vida aun ser renovado, un ser que muere y nace a cada instante, a un ser Iluminado por el amor por la presencia de Dios.
La meta es observarme continua » ver comentario
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gustavo
gustavo

el 11/9/12
Cada vez que leo esta lectura, me digo Gustavo, porqué no te quedás unas horas arrodillado con la mente dispuesta a la apertura de Dios? y bueno vamos hacelo !
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Pbro. Geovanny
Pbro. Geovanny

el 12/9/12
Fabuloso. Sí fabuloso comentario...cómo hace que uno se transporte en alma, vida corazón al Monte, así como Jesús lo quiere: "para estar con él" y luego enviarnos como sus mensajeros...Bendiciones!
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