Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Esta parábola me suscita una especial simpatía. Aunque quizá ésta sea la excusa, el parapeto que me he construido para no tomármela en serio de verdad. El texto es hermoso, pero al mismo tiempo bien duro. Un genial dibujante español fallecido hace poco, D. Antonio Mingote, percibió su significado con una chispa admirable y hace unos años publicó una serie de dibujos en los que aparecíamos retratados serios católicos, muy merecedores de respeto, en un conjunto titulado “Al cielo iremos los de siempre”.

Esos somos “los de siempre”, aquellos que a menudo teniéndonos por justos despreciamos a los demás (cf. Lc 18, 9), los que sí creemos y nos comportamos “como Dios manda” (¡pobre Dios muchas veces!).

He aquí una de nuestras principales tentaciones: considerarnos “los de siempre” y decirle al Señor que no puede tratar igual a quienes han venido después o no se entregan tanto a las tareas del Reino. ¿Cómo les va a pagar lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el calor y el trabajo de toda la jornada? ¡Qué sabia es la Madre Iglesia cuando traduce las renuncias que acompañan el Bautismo y nos pregunta: “¿renunciáis a Satanás, esto es: a estar muy seguros de vosotros mismos, a consideraros ya convertidos del todo, a creeros superiores a los demás…?”!
Es tiempo de dejar a Dios ser Dios; de reconocer que Él sí puede hacer lo que le venga en “su real gana”. ¿O es que nos molesta que sea más generoso, desprendido y sensible que nosotros? Ay, ay, ay… Cuidado: en una situación parecida (Mt 16, 23), Jesús acabó llamando Satanás a Pedro: “¡Aléjate! Piensas como los hombres, no como Dios”.

Comentarios

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Jacky Former
Jacky Former

el 22/8/12
Cuanto nos cuesta apartar la enseñanza de Jesús de nuestra visión terrena de las cosas. No creo que con esta parábola quisiera Jesús describir al Padre y sus criterios para decidir. Creo que habla del Reino, ese Reino que en otro episodio (recogido por Lucas en 17:21) nos dice que está entre nosotros.
Y acaso no tenemos “todos” el mismo derecho a la plenitud al descubrir el Reino? De esto creo yo que trata la parábola: la viña es el Reino, ese que todos tenemos derecho a descubrir. La recompensa es la plenitud al experimentar la Presencia aquí y ahora, y todo el que descubre el Reino goza de la misma recompensa.

Pero, qué pena comprobar una vez mas que seguimos aún como ovejas sin pastor. Insistimos día tras día en poner a Dios a trabajar para nosotros, aunque eso s » ver comentario
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guadalupe
guadalupe

el 22/8/12
Me gusta la explicacion que se hace sobre el evangelio de hoy, pues cuantas veces creemeos que nosotros somos màs dignos que nuestros hermanos y que merecemos por esta razon mayores cosas, sin embargo el amor del Padre se muestra hoy incondicional, bondadoso, y decide dar un salario a todos por igual. y nosotroa como buenos hijos del Padre debemos respetar y alegrarnos.
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