Comentario al Evangelio del

José María Vegas

El pan y la carne

La Palabra de Dios viene enmarcada este domingo por el tema de la sabiduría. A primera vista no parece tener una relación directa con el evangelio, en el que seguimos leyendo el discurso del pan de vida. El único vínculo visible es que la sabiduría divina se propone a sí misma por medio de un banquete. Para adquirir sabiduría hay que aceptar la invitación que ella misma cursa a todos los que la desean a participar de la mesa que ha preparado, a comer de su pan y beber de su vino. Una buena aclaración del sentido cristiano de esta sabiduría nos la ofrece Pablo en el texto de la carta a los Efesios. La sabiduría cristiana consiste en la sensatez y la sobriedad de vida, especialmente ante situaciones negativas. Ante los “malos tiempos”, como los que vivimos ahora, existe siempre la tentación no sólo de maldecir y poner mala cara, sino también de huir embotando nuestra conciencia, alienándonos del dolor que esa situación nos produce (y que puede ser global, social o estrictamente personal), por medio de la borrachera de vino, o de otras cosas: las drogas, los programas de televisión o el internet…

Pablo nos propone otra forma de embriaguez: no la de las bebidas espiritosas (y sus otros sucedáneos), sino la del Espíritu Santo, que, en vez de aturdir nuestra conciencia, la despierta y nos abre los ojos y el corazón para ver los bienes que, pese a todo, recibimos continuamente de Dios; así aprendemos a usarlos adecuadamente, de manera que no vivimos compulsivamente para ellos, sino que, sirviéndonos de ellos con sensatez y sobriedad, los convertimos en ocasión para alabar y dar gracias a Dios. Pablo nos exhorta a dar gracias “por todo”, luego también por esos bienes necesarios para vivir, en los que la sabiduría nos descubre los signos y la prenda de otros bienes más elevados y definitivos, a los que aspiramos mientras usamos con libertad y generosidad los de este mundo. Como vemos, y contra lo que con frecuencia se afirma, la experiencia religiosa guiada por el Espíritu de Jesús, no sólo no nos aliena de este mundo, sino que nos da la sabiduría para valorar y usar sus bienes con justicia. 

La síntesis y la vinculación armónica de estos dos tipos de bienes la vemos realizada precisamente en el discurso del pan de vida de Jesús: el pan que alimenta nuestro cuerpo y el vino que alegra nuestro espíritu se hacen en Cristo sacramentos de su cuerpo y de su sangre, prenda de salvación, alimento de vida eterna. Ya decíamos hace dos semanas que no hay contradicción entre el pan material y el pan que da la vida eterna.

En el diálogo sobre el pan de vida, Jesús hace una equiparación que no puede no causar extrañeza y escándalo. No sólo habla provocadoramente de sí mismo como el pan bajado del cielo, como el verdadero maná, sino que afirma con toda crudeza que ese pan es su carne, y que para alcanzar la vida eterna tenemos que comer su carne y beber su sangre.

No debemos pensar que el escándalo se produce por una pretendida antropofagia. Se trata en realidad del escándalo de la cruz. La carne de los animales ofrecidos en sacrificio era destruida y, en parte, también era comida en un banquete ritual. Si Jesús habla de que su carne y su sangre han de ser comida y bebida, es porque está hablando de que su propio cuerpo tiene que ser ofrecido en sacrificio; y si él es el verdadero maná, quiere decir que su cuerpo es el objeto del verdadero y definitivo sacrificio agradable a Dios.

En el episodio de las tentaciones en el desierto, Jesús responde al diablo citando un texto del Deuteronomio (cf. Dt 8, 3) que habla precisamente del maná: “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4; Lc 4, 4). Pues bien, esa Palabra hecha carne (cf. Jn 1, 14), se ha entregado en sacrificio hasta la muerte. Y el pan y el vino de la Eucaristía son el memorial de esa pasión; no un mero recuerdo, sino actualización y presencia real de la muerte de Cristo en la cruz. El que come ese pan y bebe ese vino entra en comunión profunda con el Cristo que ha ofrecido su cuerpo y derramado su sangre en el altar de la cruz, de modo que Cristo habita en él y él en Cristo, y así como participa de su muerte, participa también de su resurrección.

Pero igual que en los discípulos de aquel tiempo, la perspectiva de la cruz suscita en nosotros rechazo y escándalo. Nos echamos atrás ante una carne comida, es decir, destrozada, destruida. No debemos olvidar que en la antropología unitaria de la Biblia la carne expresa no “una parte”, sino el ser entero del hombre desde el lado de su corporalidad, esto es de su presencia física, que en él es una presencia ofrecida y entregada; no sólo un ser-ahí (sum), sino un ser-para (adsum).

Jesús, llegados a este punto del discurso del pan de vida, nos está introduciendo en la sabiduría de la cruz. Entendemos ahora el marco ofrecido por la primera lectura y también por la segunda. Se trata de una sabiduría superior, que no es de este mundo (cf. 1 Cor 2, 6-8), que a los ojos de este mundo, tanto de las mentes piadosas, como la de judíos, como de los espíritus críticos, el de los griegos, es locura y necedad (cf. 1 Cor 1, 23).
Pero es precisamente esta sabiduría la que nos instruye en el uso armónico de los bienes de la tierra como prenda de los bienes futuros y nos enseña que, en caso de que surja entre ellos oposición o conflicto (lo que no está excluido), hay que saber renunciar con libertad de espíritu a los primeros, para poder adquirir los segundos. Una renuncia que puede llevar, como en el caso de Cristo, incluso a la de la propia vida. Esta es la esencia de la sabiduría cristiana: vivir con sensatez en este mundo, disfrutando con gratitud de los bienes que Dios nos ha concedido, pero aspirando a los bienes de arriba (cf. Col 3, 1-4), y siendo libres, capaces de renunciar como Cristo a aquellos cuando lo exigen la fe y el amor, la coherencia de vida y el bien de los hermanos.

Comentarios

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victoria
victoria

el 17/8/12
Jesús dice:"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.Y el
que coma mi carne y beba mi sangre tiene vida eterna,y yo le resucitaré en el último día."
Al oir esto,los judios,se pusieron a discutir unos con otros;y extrañados decian:¿Cómo puede éste darnos
a comer su propio cuerpo?
La comunión del cuerpo y sangre del Señor;debe ser
muy importante para nosotros.Respondiendo de esta
manera a su invitación:"Tomad y comed."
Siempre;que acudamos a misa deberíamos comulgar.
Pensemos,que Jesús,se ha quedado bajo las especies
de pan y vino para todos nosotros.
Recibamos la Eucaristía,de una forma consciente,
reflexiva y libre.De ella,brota el AMOR.Que supone en
nosotros,el compromiso de AMAR cada día más a los demás.
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Pbro. Geovanny
Pbro. Geovanny

el 18/8/12
Gracias siempre por sus comentarios que me enriquecen primero a mí...para poderlo compartir con los demás, especialemte en ese momento tan sublime donde cRISTO -PAN DE VIDA- se nos ofrece enteramente para alimentarnos...mi bendición para todos...
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Fr. Luis O de M
Fr. Luis O de M

el 19/8/12
Señor "Tú eres el verdadero Pan de Vida" que aprendiendo de ti, nosotros llevemos a la muerte nuestras pasiones para resucitar contigo que la sabiduría de la cruz me lleve a entender tu amor incondicional por mí. bendiciones a todos
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Julia Elena
Julia Elena

el 19/8/12
para mi tambien,es lo sublime lo mas importante que puede tener un cristiano la de recibir el cuerpo y la sangre de nuestro señor Jesucristo,para asi estar en comunion con El. asi como alimentamos nuestro cuerpo tambien tenemos que alimentar nuestra alma
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Augusto
Augusto

el 19/8/12
Fr. Luis O de M. Hermosa tu oración. Humildemente te pido me acompañes escrutar Rm 6, 19
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Manoli
Manoli

el 19/8/12
Eucaristía, Pan de vida, alimento de nuestra fe, fuente de toda esperanza. Fuerza de vida cristiana.
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Roald Obregón
Roald Obregón

el 20/8/12
El Sacramento de la Eucaristia es antidoto de salvación es nectar de vida eterna.
Gracias Dios mio por quedarte entre nosotros como alimento de salvación y vida eterna.
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Lourdes
Lourdes

el 19/8/12
Discurso del Pan y Vino; introducirnos de lleno en el misterio de la Cruz, ignominia para los judíos, escándalo para los gentiles; para nosotros: SABIDURIA Y AMOR. Comer de este Pan, alimentarnos de Cristo ha de llevarnos a convertir nuestra propia vida en alimento, entrega, servicio a los hermanos en estos difíciles momentos y, sobre todo a "saber discernir" los criterios que han de conducir nuesgtra conducta en medio del caos de ausencia de valores que nos presenta la sociedad. Saber conducirnos por caminos y sendas de Vida, para ser testigos de esa VIDA que se nos dio en esa CARNE Y SANGRE dada como muestra de amor y prenda de salvación
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juctac
juctac

el 23/8/12
siempre miro estos comentarios y me encanta escuchar la palabra de Dios.....
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gabriela torres
gabriela torres

el 25/8/12
jesus es el pan de la vida eterna , el que coma su carne no tentra hambre y el que tome su sangre no tenda sed.
eso esta representa do en la eucaristia la ostia su cuerpo y el vino su sangre.

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monces
monces

el 31/10/12
yo amor dios
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