Comentario al Evangelio del

José María Vegas

El discurso del pan de vida: el verdadero maná

Cuando escuchamos o leemos el discurso del pan de vida, como siempre que leemos los textos evangélicos, espontáneamente nos ponemos de parte de Jesús y enfrente de sus oponentes. Pero es bueno que tratemos de situarnos también en el punto de vista de los que alzan objeciones a las palabras de Cristo, porque esas objeciones expresan dificultades reales, no sólo de los hombres de aquel tiempo (fariseos, saduceos o pueblo sencillo), sino de los oyentes de Jesús de todos los tiempos: son también nuestras propias objeciones, las que nos dificultan acoger el mensaje de Jesús en su integridad, como verdad vital y no sólo como dogma teórico, alejado de lo que realmente nos ocupa y nos preocupa.

Jesús acaba de decir que el maná que comió el pueblo judío en el desierto no es el verdadero pan del cielo, sino que él mismo en persona es el verdadero maná. Una afirmación así no podía no chocar fuertemente con la mentalidad de los judíos piadosos que le escuchaban. Jesús estaba diciendo que uno de los referentes esenciales de la fe de Israel, uno de los iconos intocables de su identidad como pueblo elegido, ligado esencialmente a la experiencia fundamental de la liberación de Egipto y prueba de la solicitud de Dios hacia él, no era más que un símbolo pálido y provisional de una realidad mucho más importante y decisiva, la que proporcionaba la verdadera y definitiva liberación, y que esta realidad era su persona, su propia carne. La sorpresa, el trauma, el rechazo a esas palabras son fáciles de entender. Para todo pueblo, nación o grupo social hay “cosas que no se deben tocar”, que están investidas de carácter sagrado. No se puede, por ejemplo, desvalorizar ante un francés el significado histórico de la Revolución francesa. Y aquí cada cual, según su peculiar identidad cultural, nacional o ideológica, debe pensar qué tiene por intocable. Para Israel la salida de Egipto, el éxodo, el maná, Moisés… eran arquetipos indiscutibles de la identidad colectiva. Y Jesús, que no los negaba, venía a rebajarlos para ponerse a sí mismo por encima de ellos. ¿Qué no le consentiría yo a Jesús “tocar” de mis iconos personales o grupales?

Cuando alguien se atreve a hacer algo así, nuestra reacción más espontánea es espetarle al atrevido: “Pero, éste, ¿quién se habrá creído que es?”  Y esa es justamente la reacción de aquella gente: “¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” Este reproche revela que estas gentes conocían a Jesús “según la carne”, es decir, eran paisanos suyos, vecinos, algunos, probablemente, familiares. Que uno que es como nosotros, al que conocemos bien, se ponga por encima no sólo de los demás, sino de “lo más sagrado”, no es fácil de aceptar. Y es el hecho mismo de conocerlo bien por cercanía geográfica, cultural o familiar lo que nos autoriza a ponerlo en cuestión.

La respuesta de Jesús revela una verdad más profunda. Por la carne, esto es, de manera meramente humana, no podemos llegar a conocer quién es él realmente. Podremos admirar su persona, reconocer sus méritos, su doctrina, su capacidad para obrar signos milagrosos, su calidad de rabino o profeta. Podremos incluso enorgullecernos de que uno al que conocemos bien sea capaz de tales cosas (como sucede con los méritos, por ejemplo, deportivos de nuestros paisanos o connacionales, que los consideramos nuestros: “hemos ganado una medalla”, decimos). Pero esto es todo lo que da de sí el conocimiento natural. Para reconocer la verdad que hay en Jesús, su procedencia divina, hay que ponerse en otra actitud, abrirse a dimensiones nuevas: hay que dejarse llevar por el Padre, ponerse en actitud de escucha, de aceptación y de acogida, en actitud de fe.  Hay en esto algo de paradójico: por la carne no podemos reconocerlo como Mesías, enviado por el Padre; sólo por la fe podemos reconocer en él la presencia de Dios en la carne. Y sólo aceptando esta presencia del Dios (al que nadie ha visto nunca) en la carne podemos superar la debilidad de nuestra carne (nuestra debilidad física y moral): Jesús la alimenta con su divinidad y abre para nosotros la perspectiva de la resurrección de la carne.

Sólo desde la fe podemos entender esta pretensión, aparentemente desmedida de Jesús, de ponerse por encima de los grandes referentes salvíficos de Israel (y cualesquiera otros). Como en el caso de Elías en la primera lectura, el maná es un pan material que ayuda a atravesar el desierto; pero Cristo es un pan que nos da fuerzas para el camino de la vida y también para atravesar victoriosos el trance de la muerte, de manera que ésta, que parece vencer, deje de tener poder sobre nosotros.

No hay ningún icono nacional o cultural, ningún acontecimiento histórico (de esos que conforman una identidad colectiva), ninguna ideología, capaz de superar el límite infranqueable de la muerte. Todas esas cosas tienen su valor y pueden alimentarnos y ayudarnos a encontrar sentidos más o menos parciales, a atravesar algunos desiertos, pero no hay nada en el mundo que pueda salvarnos radicalmente, que nos alimente para la vida eterna; sólo Jesús, el “pan bajado del cielo”.

Cuando comprendemos en fe esta verdad caemos en la cuenta de lo peligroso que puede ser reducir el cristianismo a una identidad cultural, por ejemplo “occidental”, para contraponerla a otras y defender así “nuestros valores”. Aunque haya ahí una cierta verdad, igual que los paisanos de Jesús lo conocían realmente según la carne, se trata de una reducción que puede impedir dar el paso de la fe, al hacer de las verdades cristianas meros “iconos” particulares de ciertos pueblos y culturas, y no la apertura incondicional al Dios Padre de todos que se nos ha manifestado en la carne de Jesucristo, en esa carne que nos une a todos en la común condición humana.

Creer en la encarnación del Hijo de Dios, y en su presencia eucarística, en la que nos da su carne y la prenda de la resurrección, significa saber que a Dios no le es indiferente nuestra vida, que quiere participar en ella y que la nuestra participe en la suya, de manera que no sólo “sobrevivamos” a la muerte, sino que alcancemos la vida en plenitud. Y, por eso mismo, a Dios no le es indiferente cómo vivimos. Con nuestro modo de vida podemos alegrarlo o entristecerlo. Si en nuestra existencia hay motivos para la ira y los enfados (y, mirando a nuestro alrededor, nos puede parecer que hay muchos motivos para ello), Pablo nos recuerda que hay muchos más motivos para la bondad, la comprensión y el perdón. Para ello basta que miremos a Cristo, que lo escuchemos, que nos dejemos alimentar por él, o, por decirlo con las palabras de Pablo, que lo imitemos y tratemos de amar con el mismo amor que él nos amó hasta entregarse a sí mismo como oblación y víctima de suave olor. Es esta oblación realizada en la cruz la que se nos da en el pan de la Eucarística, que nos enseña a vivir una vida también eucarística, entregada por amor.

Comentarios

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victoria
victoria

el 11/8/12
Los judios criticaban a Jesús porque había dicho:"Yo
soy el pan que ha bajado del cielo."
La gente,que conocia a sus padres;no podia sentirse
bien al escuchar algo tan extraño.Y se preguntaban:
¿Cómo puede decir que viene de Dios;para ofrecernos un alimento que da la VIDA ETERNA.?
Jesús;respondiendo a su incredulidad les dice:"No
critiqueis."
Solamente;la fe y confianza en Jesús, nos llevarán a
hacer el bien y nos ayudarán a vivir en plenitud.
"Nadie puede venir a mí si no lo hace a través del Padre."Nuestra atracción hacia Jesús la produce Dios
mismo.
Por ello;cuando nos sentimos impulsados a hacer el
bien,poniéndonos a disposición del que más lo necesita,cuando trabajamos por la paz,colaborando
de esta manera en la construcción de un mundo mejor.Es Dios mis » ver comentario
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Gustavo
Gustavo

el 12/8/12
El hombre es espíritu y acción concreta.
Ver lo espiritual en el otro es de suma importancia, es lo que nos hace reconocerlo.
La búsqueda constante nos hace llegar a la meta.
Una de las llaves, es esta búsqueda.
Si somos lectores del evangelio, nos damos cuenta que todos los que llegan es por ser muy pero muy insistentes, no importa el que dirán, no importa nada más que la meta.
nunca tener verguenza de ser cristiano , de pedir a cristo, de rezar constantemente ,de ayudar al otro, de esforzarse por cumplir un sueño propio.

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Mikel Haz
Mikel Haz

el 12/8/12
Creo, que hemos caido en el error de los judios contemporaneos a Jesús, le mostramos como propio, lo hemos hecho parte de nuestros errores, mostramos un Jesús humano y no al Verdadero, al que trasciende toda cultura y nación, quizá por eso no hemos llegado más lejos. Y lo peor, el mundo está dejando de creer en el falso Jesús que descaradamente hemos manipulado. Tienes razón es hora de mostrar al verdadero. Dios hecho hombre, Salvador del mundo. No exclusivo de una casta especial.
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carolina
carolina

el 12/8/12
me encanta esta pagina me hace reflexionar muchas cosas de la vida...
quiero felicitar de todo corazón a VICTORIA tienes una gran comprensión de lectura siempre leo tus comentarios u opiniones porque aveces no interpreto muy bien el evangelio, así que leo tu opinión muchas GRACIAS
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luzmar
luzmar

el 12/8/12
Por los sacerdotes, presbíteros que diariamente, consagran el pan y vino en cuerpo y sangre de Nuestro Señor , para que sientan la fuerza y el poder del Espíritu Santo y esté unidos al Señor como el sarmiento a la vid.Como le dijo el ángel a Elías " levántate.Come! el camino es superior a tus fuerzas.No decaigan en el camino, La virgen María ruegue para que cada día crezcan en la fe, la esperanza y la caridad , en cada uno donde quiera que se encuentren , en todo tiempo y lugar.
feliz día del Señor, el abrazo de la paz en Cristo Jesús.
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carlosandres
carlosandres

el 13/8/12
la verdad es que si, JESUCRISTO es el unico capaz de redimir(salvar) a la humanidad,las personas nos sentimos libres y muy bien pero en ocasiones somos presos ,estamos encarcelados en nuestros propios pecados ,CRISTO es el pan bajado del cielo,todos los textos del evangelio hablan en alegoria,parabolas,la palabra de Dios no se puede entender literalmente,muchas veces la solucion a nuestros problemas se encuentra en la biblia pero hay que saber interpretar bien los mensajes para comprender estos misterios,cristo vive,resucito y nos ama,la muerte puede tener dominio sobre nosotros,pero sobre Dios jamas - nunca, por eso dice y asegura que "el que cree en mi (jesus-Dios) tendra vida eterna y el que coma del pan vivo bajado del cielo vivira por siempre.hermanos el pan vivo bajado del cielo es » ver comentario
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carlos
carlos

el 13/8/12
gracias victoria
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Augusto
Augusto

el 13/8/12
Por fin tu comentario es universal y usa la palabra ¡¡ACOGER!! acción olvidada y básica para la Nueva Evangelización. Porque si no acogemos la salvación "en y con Jesús", menos amaremos a Dios y a nuestros hermanos
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maria laura s.
maria laura s.

el 13/8/12
q jesus nos habla aca de q todos devemos compartir todo...........el nos dice q no podemos ser envidiosos.
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MARCELO
MARCELO

el 14/8/12
lA VERDAD DE jESÚS SE CONTRAPONE CONTRA TODO LO MALO QUE MANIFIESTA EL SER HUMANO EN ESTA TIERRA Y NOS HACE DUDAR Y PECAR CADA DÍA CUANDO NOS ALEJAMOS DE dIOS.
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heidy
heidy

el 17/8/12
es una buena lectura biblica me a enseñado muchas cosas buenas y lo que es realmente jesus el es mi pan de vida en cambio el de los adolescentes de hoy es el facebook,moda, drogas, el alcohol , bailes como el reggeton y muchas cosas mas que creo que es basurapero dios es la esperanza de un nuevo mundo...
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Jenny23
Jenny23

el 18/8/12
Jesus es nuestra salvacion, su cuerpo es el pan de la vida y no nos damos cuenta, pues solo lo encontramos en la eucaristia debemos reconciliarnos con Dios y participar de la eucaristia en la misa.
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qwqwsw
qwqwsw

el 19/8/12
bonito
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anonima
anonima

el 24/9/12
chicos y chicas digan algo mas corto pero q sea sobre el tema como esto:jusus es nuesto salvador,su cuerpo es el pan y su sangre es el vino
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