Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

El discurso del pan de vida: ¿por qué buscamos a Jesús?

Jesús se marchó al monte solo cuando vinieron a hacerlo rey. Pero la multitud no ceja en su empeño y sigue buscándolo. Jesús, decíamos la semana pasada, desaparece a veces de nuestra vista precisamente porque queremos apoderarnos de él, ponerlo al servicio de nuestros intereses, manipularlo. Además, esas desapariciones nos fuerzan a seguir buscándolo, y esto nos da ocasión de poner al descubierto nuestras verdaderas motivaciones y de irlas rectificando y purificando. Cuando la gente encuentra a Jesús no puede explicarse cómo ha llegado hasta allí (entre medias, en los versículos 16-23, se narra cómo Jesús atraviesa el lago en medio de la tormenta caminando sobre las aguas). Las presencias de Jesús siempre tienen algo de misterioso, de imprevisto, de gratuito. No es bueno acostumbrarse a ellas, darlas por descontado, como una especie de derecho que tenemos y al que podemos recurrir en cualquier momento. Es preciso estar siempre abiertos a la sorpresa de una presencia que nunca deja de ser un regalo inmerecido.

Como suele suceder en el evangelio de Juan, a las preguntas más o menos “normales” de los discípulos y de la gente, Jesús responde cambiando de tercio para situarnos en un nivel de mayor profundidad. Eleva nuestra mirada desde los asuntos que nos ocupan habitualmente (como el pan de cada día o el bienestar material) a las dimensiones fundamentales de la vida. En este caso, además, Jesús lo hace desvelando las verdaderas motivaciones de esta masa de gente que, no lo olvidemos, lo buscaban para hacerlo rey, es decir, por el pan con el que habían saciado su hambre corporal, y no por el carácter de “signo” que aquella comida había tenido. Pero, al mismo tiempo, Jesús no denuncia ni rechaza esa motivación, insuficiente pero comprensible, sino que tomando pie en ella invita a estos incipientes discípulos a ir más allá: “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre”. No puede descalificar ese deseo de pan para el hambre del cuerpo, pues él mismo se ha preocupado de dar de comer a la multitud. Pero ahora les invita a que le pidan otro pan, que él mismo les quiere dar, y que sacia otras hambres más radicales y profundas: el hambre de sentido, de salvación.

Es admirable cómo Jesús sabe hilar esos dos tipos de hambre y esas dos clases de pan. Él no es un demagogo ni un manipulador que usa la capacidad de saciar el hambre corporal para ganarse adeptos. Es común que el que tiene algún poder lo use para comprar la aceptación y el aplauso social (y, de paso, una buena provisión de pan). Pero no Jesús, que si les ha dado de comer es porque ha sentido lástima de ellos y ha respondido a una necesidad real, dándonos así ejemplo e implicándonos en la solución de esos problemas más inmediatos. La manipulación puede también ir en sentido contrario, como ya hemos visto: recurrir a Dios sólo cuando se tiene hambre o cualquier otra necesidad material, exigiéndole soluciones que nosotros mismos deberíamos buscar, e incluso acusándole cuando las cosas van mal, como hace el pueblo de Israel en el desierto (olvidando bien pronto el don de la liberación que acababan de recibir).

Pero Jesús tampoco es un maximalista, un purista que exige que los que se acercan a él tengan desde el principio motivaciones absolutamente puras, por ejemplo netamente religiosas y espirituales. Él es un buen pastor, que se ocupa de las necesidades reales de los suyos y, por eso, les da de comer. Pero es también un Maestro, que, una vez atendidas esas necesidades básicas, sabe orientar la mirada hacia otras más decisivas, hacia otro tipo de pan que alimenta nuestro espíritu con bienes definitivos e imperecederos. Así pues, Jesús ni usa las necesidades materiales de los demás en beneficio propio, ni las niega en favor de las más elevadas y definitivas, porque entre ellas no hay contradicción (todas tienen su importancia), aunque sí una relación de jerarquía. Por eso, como buen pastor y maestro parte de las primeras para guiar pedagógicamente al deseo de las segundas: la satisfacción de las más perentorias sirve de “signo” que invita a buscar las más altas. Se trata de un proceso de purificación de las motivaciones que nos mueven a buscar a Jesús y a recurrir a Dios. Si a veces, como dice el refrán, “nos acordamos de santa Bárbara sólo cuando truena” y recurrimos a Dios sólo cuando aprieta la necesidad, Jesús aprovecha esta situación menesterosa para recordarnos que existe otra clase de bienes, el alimento perdurable, el pan de vida, que sólo Dios puede darnos, y que nos lo ofrece en Jesucristo.

Una vida entregada a la satisfacción exclusiva de las necesidades materiales acaba estando vacía. Esa es la vida “gentil” que Pablo nos invita a dejar atrás para aprender de Cristo, renovarnos en la mente y en el espíritu, vestirnos de la nueva condición humana que él mismo encarna, esforzarnos por lo que da sentido a nuestra vida y la salva, la justicia y la santidad verdaderas. Pero la justicia y la santidad verdaderas no se olvidan del pan del cuerpo, sino que, por el contrario, siguiendo el ejemplo de Jesús, se expresa remediando el hambre de los necesitados.

En la vida de la Iglesia es necesario buscar constantemente el equilibrio representado por las dos clases de pan, y evitar los extremos que lo vician. No podemos “usar” la oferta de bienes materiales (sea la ayuda caritativa y humanitaria, sean actividades lúdicas para jóvenes o excursiones turísticas disfrazadas de peregrinaciones) simplemente para atraer a la gente y llenar, al menos, los locales parroquiales. Todas esas actividades hay que realizarlas como respuesta a necesidades reales de nuestros hermanos, pero también tienen que servir de signo para introducir pedagógicamente al deseo del alimento que perdura para la vida eterna, del don de la fe en Jesucristo. Pero, por el otro extremo, tampoco debemos exigir desde el principio motivaciones absolutamente puras a los que se acercan a la Iglesia, pues no pueden tener ya una fe madura los que todavía están buscando, tal vez sólo para saciarse de pan. Que muchos aparezcan en las parroquias o en los grupos cristianos porque buscan otras cosas distintas que el pan de vida que es Cristo (por ejemplo, amigos, ayuda material o psicológica, una plaza en el colegio o quién sabe qué otras cosas), no es motivo para echarlos fuera, sino ocasión para acogerlos, tomarnos en serio el hambre que los ha traído a la Iglesia, a Jesucristo, e iniciar con ellos un proceso pedagógico y paciente de purificación de motivaciones que los invite a realizar la obra buena que es creer que Jesucristo es el enviado de Dios, el pan de vida que sacia para siempre las hambres fundamentales del ser humano. 

Comentarios

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lLisardo cmf.
lLisardo cmf.

el 2/8/12
Gracias pablo por tu comentarios a la palabra de Dios
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Lisardo  cmf
Lisardo cmf

el 2/8/12
gracias claretianos por los comentarios a la palabra de Dios
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victoria
victoria

el 3/8/12
La gente seguía a Jesús;y El les dijo:"Os aseguro,que vosotros no me buscais porque hayais visto los signos
milagrosos,sino porque habeis comido hasta hartaros.
No trabajeis por la comida que se acaba,sino por la que permanece y os da la vida eterna."Yo soy el pan
de VIDA."
Pan de VIDA;que recibimos en la celebración de la
Eucaristía;para hacernos cada día más hermanos,más
fuertes en la fe; y seguirle.Porque,El nos ha dicho:"Yo
soy el CAMINO la VERDAD y la VIDA."
Gracias Señor por este alimento de "VIDA" que nos
ofreces como pan para el camino.
Que él nos sacie abundantemente;y nos ayude cada
día a retomar nuestros trabajos con ganas e ilusión.




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Gustavo
Gustavo

el 5/8/12
Las cosas que tenemos que hacer te absorben el día.
Los medios que usamos para llegar a la meta deben ser como la meta misma.
No ser interesado, hacer las cosas con desinterés, confiando , apoyándonos en la verdad.
Si sabemos que el trabajo dignifica al hombre, trabajemos lo más que podamos.
Si dimos nuestra palabra , cumplamosla ( si corresponde a un ideal cristiano)
Si sabemos que caemos en ciertas ocasiones, evitemos esas ocasiones.
Si no sabemos distribuir nuestro tiempo correctamente, tengamos un cuaderno con las cosas para hacer en el día y fijémonos porque las cumplimos y porque no.
Tengamos presente que es lo más importante en la vida y distribuyamos el día siempre bajo esta premisa.
Cada día es único en nuestras vidas y aprovecharlo al máximo es la base de nuest » ver comentario
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Mikel Haz
Mikel Haz

el 5/8/12
Creo que si dejaras de comentar La Palabra, no hay duda que hecharíamos en falta el detalle que das a lo que ya está dicho. Si bien fundas lo que dices me entristece pensar que poca cosa somos y a tu comentario de hoy lo llamaría "reflexión en el desierto"; tienes toda la razón la búsqueda en general de Jesús es porque lo necesitamos, y en más queremos ser siempre los primeros en ser atendidos. Nos falta la conversión para amarle y hacerle caso, pobre de nosotros Iglesia nos parecemos en mucho a esa multitud que sigue a Jesús, pero ne le ama, le manipula.
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CARMEN S
CARMEN S

el 5/8/12
jesus aumentame la fe fiarme de los ti en todos los acontecimientos y necesidades de la vida saciame de tu pan como alimento mi cuerpo alimenta tu mi alma .
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Celita
Celita

el 5/8/12
Hermano gracias por tus palabras, solo sé que Dios nunca nos abandona, a pesar de ser indiferente con él y hasta nos olvidados de él, como dice hasta en los peores momentos de nuestra vida se hace presente, como para recordarnos que él es todo para nosotros, sin él no somos nada; solo quiere que cada día tengamos un cambio en nuestras vida; pero ese cambio nos tiene que costar y no recordar la vida que teníamos antes, solo por comodidad o seguridad, nuestra conversión tiene que ser Ya, ya.
Si lo podemos hacer y nos sentiremos llenos de paz dandonos al servicio de los hermanos, sin esperar recompensa, Que Dios te bendiga hermano.
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edna emily
edna emily

el 5/8/12
Es verdad, la gente se procura asi misma, y sobre los bienes materiales y comodidades que pudieran obtener a costa de quien sea, no importa si tienen que fastidiar al vecino, al tío, al primo, al hermano... etc.
Dios no quiere que nos hagamos los buenos, sino que realmente tengamos espíritu de servicio con nuestros semejantes, pero además alimentar nuestra alma y nuestra fe tomando la eucaristía y haciendo consciencia de que un buen cristiano no es quien va a misa y "cumple" sino llevando una vida digna a los ojos de Dios.
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Auguato
Auguato

el 6/8/12
A pesar de estar muertos por vivir una vida carnal como esclavos entregados a la impureza y la iniquidad nuestra nostalgia de Dios, nuestro hanbre espiritual comienza a ser satisfecho cuando acogemos sus dones y gracias misericordiosas ofrecienco ahora nuestros miembros carnales a la justicia para la santidad Rm 6,19
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Blanca.
Blanca.

el 8/8/12
Me encuentro en esa franja de secano en que mucho de lo que hablo no es entendido, en la que no percibo el bienestar que trae consigo Jesús, pero siempre con la esperanza de que pronto derramará sobre mi familia esa paz que allana las dificultades y da gozo a mi alma y a la de los demás. Corren tiempos difíciles... ¡La paz esté con nosotros!
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Mercedes
Mercedes

el 9/8/12
gracias por tus claridades al evangelio del "pan de vida", yo he vivido en carne propia, ver como Jesùs saciò mi hambre de salud, en forma maravillosa y no por una sino por dos ocasiones y solo la tercera vez que me regalò nuevamene la salud, cai en la cuenta de que El,( màs que yo, que era la directamente implicada en sus muestras de amor), estaba INTERESADO y esperandome para alimentarme tambien con los bienes espirituales que llevan a vida eterna. Definitivamente DIOS ES AMOR
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